Plegaria personal

April 6, 2011

El domingo, y porque el infierno permite algunos trozos del paraíso, compramos pastelitos y nos sentamos en la banca de un parque a devorarlos. Proceso publicó la Carta abierta a políticos y criminales, de Javier Sicilia, la leí a Óscar en voz alta. No pudo dejar de conmovernos una declaración tan lúcida y pacífica frente al dolor, al horror. Su hijo fue asesinado de la peor forma. Mi afecto, solidaridad y admiración para el poeta, para su fortaleza. El dolor que compartimos con él todos los demás, que debe ser nada comparado con el de su familia, lo entregaremos hoy en una marcha por la paz.

Sin embargo, hay algo que me inquieta mucho, una parte del discurso del mismo Javier, del discurso de la protesta: “Recuerdo, en este sentido, unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una nación, se anunciaba: `Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir´. Hoy, después de tantos crímenes soportados, cuando el cuerpo destrozado de mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse de nuevo a la ciudadanía y a los medios, debemos hablar con nuestros cuerpos, con nuestro caminar, con nuestro grito de indignación para que los versos de Brecht (sic) no se hagan una realidad en nuestro país.”

Lamentablemente, creo que los versos de Martin Niemoeller (que no de Brecht) son una realidad en nuestro país tan contundente, tan innegable, que me da vergüenza reconocerlo, ponerlo aquí con todas sus letras. Tan propio de la clase media mexicana es levantarse sólo cuando les tocan lo preciado (ahora, trágicamente, lo preciado son los padres, las hijas, la tranquilidad, antes eran los coches, las tarjetas de crédito, los celulares, como se notó en la película Todo el poder. Ahora es de a de veras). Me duele la muerte de Juan Francisco Sicilia y por él marcharemos hoy, pero no sólo porque haya sido “uno de los nuestros”.

Javier Sicilia hoy dirá también lo siguiente (lo reproduzco gracias al adelanto que hace Proceso de los discursos que se pronunciarán): “Desde que mi hijo Juan Francisco y Luis y Julio y Gabo fueron asesinados, sentí a cada uno de los muchachos y muchachas, y a cada niño y niña de esta nación como miembros de una misma familia –mi familia, mis hijos– que debemos cuidar para que sus sueños no se conviertan en la pesadillas que desde hace tiempo ha comenzado a invadirlos. No podemos permitir más que un muchacho, una muchacha, un niño o una niña sean asesinados”. Personalmente, esta rabia, estas ganas de salir a la calle a protestar, a proponer, a no morirme de miedo, comenzó hace mucho y no sólo por la indignación de la muerte de un “buen muchacho”, un buen hijo, el hijo de un poeta, de un chico de Cuernavaca, tierra adoptiva a la que amo; sino también por los muertos anónimos, las muchachas asesinadas en Ciudad Juárez, los migrantes indignamente tratados, los niños a los que alcanza una bala perdida, los militares que se meten al ejército a morir como -paradoja- estrategia de sobrevivencia, los jóvenes que se suicidan porque no alcanzan a vislumbrar un futuro; y todos los que faltaría mencionar en una nota rápida como ésta.

Quizá mi opinión sobra: lo importante es la causa. Pero creo que es importante dar cabida a todas las voces que sean adherido a esta emergencia nacional por la paz.

Me alegro de haya comenzado por fin: somos más, somos más fuertes, estamos uniéndonos. Y ése es el mejor comienzo.

Por Marisela Escobedo, por su hija Rubí, por muchos más nombres y nombres que se me escurren de las manos. Por ese pensamiento que no me abandona, el de salir de casa con la credencial de elector pegada al cuerpo para que mi familia sepa pronto que estoy ahí, que esa soy yo, por si me toca. Porque vivimos con miedo aunque seamos valientes. “Por los niños”, aunque suene sobado. Por lo que de inocencia y de felicidad nos queda, estaremos juntos hoy, caminando hacia quién sabe dónde.

3 Comments »

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  1. Ahí estuvimos.

    Comment by ól — April 7, 2011 @ 5:08 am

  2. Y ahí estaremos, las veces que haga falta.

    Comment by LaCervezaClara — April 7, 2011 @ 3:27 pm

  3. a mi me angustia que por mucho que nosotros pidamos y fijemos nuestra fe en que las cosas pueden estar mejor, las cosas tardan mucho en cambiar…

    Comment by Viri — April 10, 2011 @ 5:36 am

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