De pena ajena, mi rey.

October 7, 2010

En las últimas semanas, algunos medios electrónicos han gastado una porción de sus energías en un debate que, para muchos, no es ninguna novedad: la dispareja proporción entre la presencia de escritores frente a la de escritoras en algunas revistas político-literarias de nuestro país. Fernando Escalante, de La Razón, fue el que primero lanzó la pelota con Extraños números. Continuó Héctor Aguilar Camín con ¿Revistas misóginas?, añadiendo las cifras de publicaciones como el New Yorker; le siguió Luis González de Alba, retrocediendo unos cien años la discusión que pusieron en marcha sus colegas con la siguiente idea: “Los hombres que sobresalen en ballet clásico, los que hacen arreglos florales para fiestas y los diseñadores de modas tienen fama de ser homosexuales. Y casi siempre lo son. Mujeres en levantamiento de pesas son lesbianas. (…) Es que, sencillamente, hay actividades que no atraen a heterosexuales, hombres o mujeres. Y no es aprendizaje. Sin importar régimen ni sistema social, los estadios de futbol están llenos de hombres, como las arenas de box y lucha. O las publicaciones.” La opinión de Luis González de Alba lleva por título ¿Cuotas por género?. Pero ¿es que alguien, en verdad, está pidiendo cuotas por género en las revistas literarias? Lo que el debate pide a gritos es perspectiva social e histórica. Y sí, perspectiva de género.

En México, ser feminista es casi tan grave como ser terrorista. Por ende, todo debate que se reconozca dentro de esta línea es, de entrada, rechazado por una buena parte de los medios, de la ciudadanía, de los escritores e, incluso, de ciertas escritoras. La representación femenina dentro de las revistas literarias ha sido una discusión equivalente al pan de cada día en espacios preocupados por entender los mecanismos de participación de las mujeres en todas las esferas de la vida social desde hace mucho tiempo. Sus protagonistas han sido, en su mayoría, escritoras que defienden la visión femenina del mundo como una perspectiva más que ofrecer a la experiencia de los lectores. Hoy, tres opiniones circulan en la red, tres opiniones esgrimidas por hombres, por escritores. Resulta descorazonador que un tema cuya importancia se reconoce desde largo tiempo ha, cobre escandalosa relevancia mediática hasta que es abordado por los representantes masculinos de las publicaciones canónicas de la literatura mexicana. Un rasgo más que deberían tomar en cuenta quienes duden de que la supremacía masculina aún dicte la norma en la vida cultural, social y política de este país, o de los que colocan sus artículos de opinión entre signos de interrogación, como Aguilar Camín y González de Alba.

Para entender por qué las mujeres publican menos que los hombres hay que ejercer un poco de empatía histórica y desglosar las causas desde mucho más atrás de los movimientos feministas consumados en la segunda mitad del siglo XX. La desventaja con que juegan las escritoras no es mágica, ni misteriosa, ni producto de la lotería genética: hay circunstancias socioculturales muy claras que han marcado la suerte de su oficio. Pareciera ocioso enumerarlas, pero ante las interrogantes planteadas recientemente, se evidencia una supina ignorancia al respecto; así que quizá no lo sea:

1. La prohibición explícita que sociedades, gobiernos y religiones impusieron a las mujeres como participantes de la vida pública;

2. La especialización del trabajo femenino (todo aquello que tenga que ver con el cuidado de los otros: la casa, los hijos, las costuras, la cocina, la enfermería, el jardín de niños), aunada a su poca o nula retribución; pues son actividades que su misma naturaleza (ay, esa señora autoritaria) les dicta.

3. La necesidad de insertarse en la institución del matrimonio y el papel de madre como garantía de sustento vital dentro de sociedades que no permitían a las mujeres el aprendizaje ni el ejercicio de ningún trabajo fuera de casa, ni que fuesen propietarias de ningún bien material.

4. El fomento de las cualidades femeninas más valoradas (la buena apariencia física, la docilidad, la maternidad, el punch sexual, la juventud) por parte de aquellos mismos que exigen inteligencia, profesionalismo y raciocinio para que ellas destaquen: los medios de comunicación, entre los que se encuentran las mentadas revistas (de toda clase).

5. La permanencia de un sistema cultural para el que lo femenino no forma parte de la experiencia universal (aunque lo masculino, a pesar de su insalvable parcialidad, sí lo es), que sigue estableciendo mercados editoriales diferenciados, esperando que las mujeres privilegien la vida de esposo, padres, e hijos por encima de la propia (“es una santa esa mujer”) y recreando la estructura de forma que así permanezca.

Todo esto produjo un rezago considerable –y continúa– en la formación de las escritoras, que apenas pudieron abrirse paso, en nuestro país, con la Generación de Medio Siglo (Sor Juana se cuece aparte). No me refiero de ninguna manera a que ese retraso produzca escritoras de mala calidad y por eso no se les publique, nada más lejos de lo que quiero decir: la formación de una escritora no sólo depende de su talento, preparación y buena ejecución; sino de la percepción que ellas mismas tengan hacia su propio trabajo y sus propias habilidades; y esto es una tarea titánica dentro de las sociedades patriarcales, donde, como en todos los grupos humanos, la identidad se construye a partir de lo que los otros dicen que somos, y a las mujeres se nos ha enseñado a ser, ante todo, humildes, dóciles, complacientes. A ser siempre en función de los demás. Quienes pese a todo lograron salvar estos obstáculos fueron estigmatizadas por una u otra razón, siempre habrá una etiqueta que se ajuste a la escritora: Loca (Elena Garro), Puta (Pita Amor), Mojigata (Guadalupe Dueñas), Mártir (Rosario Castellanos), Perezosa (Amparo Dávila). Y cuando no les queda alguna, cuando el trabajo o la vida literaria de alguna mujer es simplemente irreprochable, siempre tendrán aquella que no viene al caso, pero que al parecer para las mentes simples es un insulto terrible: Lesbiana (Virginia Woolf).

Y en este momento no faltará el que proteste sacando el argumento favorito y diga “¿De qué se quejan, si ahora la situación es muy diferente?”. De entrada, es una perorata cínica e insensible cuando las condiciones de las mujeres (no las de la clase media, no las de las ciudades, no las que tienen acceso a la educación) son tan lamentables en México. Pese a que ya existen las leyes que garantizan la igualdad de los derechos entre sexos, en la vida cotidiana nos encontramos con ejemplos claros de que esa aún no es la realidad palpable en las calles, ni en las escuelas, ni en las revistas literarias: maestras que dividen al salón en rosa y azul, mujeres que confunden la liberación femenina con el derecho a ser tratadas como unas princesas, hombres que siguen considerando que una mujer debe darse a respetar (y no por la sencilla razón de que sólo por ser una persona merece respeto), acosadores sexuales en la calle que tachan de frígidas a las mujeres que los interpelan, amigas que se regodean entre sí por no ser enojonas ni “radicales” como esas feministas. Ciudadanos indiferentes ante los feminicidios en Ciudad Juárez. Ciudadanas indiferentes ante los feminicidios en el Estado de México. Escritores que siguen poniendo la foto de una tía buena a manera de ilustración en sus columnas para alegrar la vista del lector. Escritoras que consideran halago esa crítica que alaba su texto porque no se nota que lo escribió una mujer, pues según este sistema ha alcanzado la verdadera universalidad, como los escritores De Verdad.

Al surgir este debate se ha evidenciado la profunda ignorancia que existe respecto a la posición de las mujeres no sólo en el ámbito literario de nuestro país, sino de la ciudadana de a pie. No es costumbre todavía que una mujer comparta los espacios que antes eran del privilegio masculino, no se nos ve desde la misma posición. Somos constantemente interrumpidas en las mesas de debate, desacreditadas o minimizadas, con cariño (seguramente como las princesas que merecemos ser): No, mi reina. Hay escritoras que afirman, como dice la primera línea de la opinión de González de Alba, que nunca se las ha rechazado en el medio literario sólo por ser mujeres. Es posible que los esfuerzos de nuestras predecesoras hayan abierto el camino de tal forma que ya haya espacios donde esto suceda. Sí, es posible: yo misma he compartido esos espacios varias veces con colegas brillantes y generosos. Ojalá fuera el caso. Sin embargo, hay muchas que tenemos que lidiar día a día con el mansplaining, el desdén y la palmadita condescendiente en la cabeza, muchas las que sabemos que no se nos rechaza por ser mujeres, sino por ser femeninas, o feministas, o agresivas o sórdidas sin ser cachondas o sexosas (me imagino que para los que así piensan, es entonces “agresividad a lo pendejo”). De narrar aquello que, como la Selección femenina de futbol que menciona Luis González de Alba, “a la enorme mayoría de los hombres no le interesa”.

Algunos sentimos un retortijón en la panza cuando escuchamos a nuestras colegas presumir de cómo el feminismo no le hace falta a este país porque no las discriminan a ellas. No es un retortijón de enojo, ni de envidia: es de pena ajena. Porque lo más probable es que ni siquiera se den cuenta de que los halagos a su “neutralidad objetiva”, su “ausencia de construcciones líricas” o de protagonistas femeninas en la historia son la aniquilación paulatina de la pluralidad de voces, de su estar en el mundo, de su experiencia de vida. Como si no nos hiciera falta una heroína distinta a Madame Bovary, Lolita o Anna Karenina, personajes como la Marcela de, ay, el Quijote de Cervantes, una de la que pudiésemos admirar otras virtudes después de, como diría Heriberto Yépez, más de cien años de machismo mágico.

16 Comments »

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  1. Lo que destaca del texto de González de Alba, además de la espantosa prosa y ese neodarwinismo de las abejitas y las flores, es que no propone una discusión, sino que se ofrece para terminarla, como si los argumento ramplones, sexistas y pseudocientficistas que utiliza no provinieran del más descarado lugar común. Es decir: no sólo es un llamado a la autocensura de quien reclama un espacio, sino una alerta para que nos preguntemos: ¿En manos de quién están los medios?

    Comment by ól — October 7, 2010 @ 4:38 am

  2. ¡Uy! tantas cosas que comentar en tan poco espacio. Seré breve:

    1. También me encantan -.- los comentarios que afirman, con la debida contundencia, que estamos mejor que antes. Será de forma y muy poco de fondo, les contesto. Loca, exagerada, izquierdosa, feminista, Paquita la del barrio, me dicen (porque en sus mentes todos esos adjetivos se equiparan).

    2. ¿Te acuerdas de la controversia de las minifaldas usadas por pérfidas y busconas mujeres que sólo provocaban que ‘les faltaran al respeto’? Ese, sin duda, es el pan de todos los días. Así que no nos vengan con que la mente machina ha evolucionado.

    3. El camino ha sido abierto por nuestras predecesoras, pero justo la palmadita en la cabeza que mencionas sigue ahí esperando para ‘consolarnos’ cuando las hormonas nos saquen de quicio… porque así son todas las mujeres, ¿no?

    4. El debate está puesto, a entrarle se ha dicho. Ojalá en los años que vienen se elimine la imaginaria segmentación social por el mero hecho de la diferenciación sexual.

    Comment by Ana — October 7, 2010 @ 5:50 am

  3. Hace años hubo un lío al respecto del “ladies free” en los bares. Recuerdo que el argumento era “si quieren igualdad, paguen su entrada”; la respuesta era bien simple: cuando los sueldos sean iguales y las oportunidades de trabajo (y de formación) sean iguales, entonces hablamos.
    Siempre que veo este tipo de debates me pregunto ¿dónde está el origen de la solución?, y (neófita como soy en la materia) siempre acabo concluyendo: en la casa, en la escuela, en la vida diaria. Mientras las mujeres no aprendamos a vernos de otro modo a nosotras mismas y a las otras mujeres, poco puede hacerse. A mí todavía me tocó que una abuela (la más radical, la más pro, la más feminista acaso) le diera más “domingo” a su nieto natural que a mí, cuando le pregunté por qué la respuesta fue “él es hombre”. No me alargo más, que poco puedo añadir. Leo con entusiasmo sus palabras y me sumo a la idea de que la Kukturr como sistema está muy atrasada en, por ejemplo, cuestión de derechos.
    ¿Qué puede hacer, Amigueitor, la gentecita como yo?, la gentecita de a pie que no es militante, pero tampoco es ciega ni sorda.

    Comment by Libia Brenda — October 7, 2010 @ 7:15 pm

  4. Querida Gabriela:

    Qué texto tan hermoso, contundente, lúcido e inteligente. Si me pongo a soltar una retahíla de elogios va a sonar burdo e indulgente, aunque espero que no. No puedo más que estar de acuerdo contigo en TODO y está difícil agregar algo más. Que el feminismo está pasado de moda, sí. Que muchas -me incluyo, por momentos- esgrimimos el “pero no soy feminista, no, qué vergüenza”, como si fuera vergonzoso realmente. Supongo que tenemos esta idea estúpida de la feminista como una gorda lesbiana con axilas peludas que marcha desnuda en una avenida en los años sesenta, y, “o sea we, eso está demodé”. Que la caballerosidad también es detestable, el otro reverso de la moneda, “porque yo solita puedo abrirme la puerta, qué te pasa”.
    Pero lo más importante de todo lo que dices es lo que concierne a las escritoras y, en general, a muchas mujeres artistas. Que su obra sea buena “a pesar” de su género. O que la leo nomás porque es mujer y 1) Si eres mujer apoyas el género y 2) Si eres hombre no tienes complejos idiotas.
    En cuanto a las escritores estigmatizadas, agregaría a Sylvia Plath, “la suicida”. O Emily Dickinson, “la rarita”.
    ¡Un abrazo, Gaby!

    Comment by Lilián — October 7, 2010 @ 8:32 pm

  5. Me alegro que la discusión diera ese salto de las cifras de las revistas al análisis de los textos y las representaciones de la mujer. Lástima del link a Yépez al final, ese artículo me pareció absurdo desde que lo publicó. Los estereotipos del hombre y la mujer, así como la exploración de su maldad, siempre han sido un componente importante de las mejores narrativas. Hay que partir de esos arquetipos para después adentrarnos en sus pensamientos y descubrir sus complejidades particulares. Las mujeres de Sábato también son muy inteligentes, críticas de su época, libres y si se ven bien en minifalda es porque el personaje lo demandaba y si los hombres las perciben con lentes machistas es porque así ocurre en la realidad, son ellos los que terminan pareciendo enfermos, sería irresponsable escribirlo de otra forma. El lector debe tener una moral propia, ajena al texto, que le permita formular sus propios juicios.

    Comment by Joaquín Peón I — October 7, 2010 @ 11:14 pm

  6. Hola, yo solo quería comentar que este texto me parece brillante, lúcido, además de divertido y valiente. En verdad leyendo el texto de González de Alba uno no puede dejar de preguntarse en donde quedo la ética periodística de este señor (De su inteligencia mejor no hablemos), porque es un texto que raya en la época de las cavernas, oscuro, insultante además para la inteligencia de los demás. Como menciona alguién por aquí, su intención no es discutir, dialogar, sino acallar, dar el puñetazo sobre la mesa y decirles al resto que la única opinión que vale es la suya. Triste.
    Pero me da gusto, que por fin alguien escriba sobre este tema y lo ponga en su lugar.
    Felicidades

    Comment by Javier Moro — October 8, 2010 @ 12:08 am

  7. Después de leer toda la serie de despropósitos reduccionistas del Sr. González, es un alivio encontrarse con tanta claridad y lucidez; me encanta cómo has hilvanado las palabras, con rabia y con inteligencia, con belleza y con humor.
    Me parece terrible que en cuanto sale el tema de las mujeres, en cuanto se sugiere que sigue habiendo situaciones de desigualdad, se recurra a la descalificación, incluso burlona, de la quejosa en turno.
    Pero me reconforta saber que hay más personas que comparten esa inquietud, esa conciencia de que hace falta más diálogo y menos gritos.
    Muchas gracias por poner en tan elocuentes palabras todas estas ideas, Cervecita. Te aplaudo desde mi rincón de tía gruñona, jijiji.

    Comment by CervezaClara — October 8, 2010 @ 4:26 pm

  8. Gaby querida, después de mucho tiempo entro a tu blog y seguí fascinada cada línea que expones. Qué tanta falta hace en México, en América Latina, tener una esa pluralidad de voces, dejar salir esa voces disonantes, diferentes, subversivas, sí!!! para subvertir poco a poco esa cultura que nos invisibiliza, que quiere sacarnos de la narrativa de la historia cotidianamente política. Hay avances en las condiciones de muchas mujeres, pero no de todas. La discriminación y la desigualdad nos enrostra e interpela cada día. Sin embargo, sabemos que lo ganado abre caminos que nos debemos perder sino que andarlos desde la denuncia, desde la cotidianidad, desde la interpelación frente a esa “palmadita”. Gracias Gaby por tan bello manifiesto.

    Comment by Ibis — October 9, 2010 @ 2:30 am

  9. Magnífico texto. Era necesaria una respuesta como ésta que además, al ser publicado en un blog personal, comprueba que a las revistas digitales o de papel no les interesa las opiniones de las mujeres. Habrá que difundirte para que más personas te lean. Enhorabuena.

    Comment by Flor — October 9, 2010 @ 2:51 pm

  10. Me uno al debate que propones con tu nota (muy buena), con tres artículos escritos en los siguientes Links. Felicidades y salud, por el debate.
    http://educacion.vivenicaragua.com/400elefantes/2009/03/01/de-la-criacion-y-otros-tecnicismos.html

    http://educacion.vivenicaragua.com/400elefantes/2009/03/13/de-la-crianza-y-otros-tecnisimos-parte-ii.html

    Comment by zyanya mariana — October 11, 2010 @ 4:18 pm

  11. Ól:

    En manos de quién, y por qué nosotros muchas veces nos quedamos como el chinito. Besos de abejita y florecita :P

    Ana:

    Claro, en nosotras (Nosotros) queda :D
    Y mientras las mismas chicas digan jubilosas “Ash, aguanta que estoy en mis días, ¡weeee!”, la cosa será difícil. Pero podremos, yo creo sí :) . ¡Un gustazo la visita!

    Querida Amigueitor:

    Creo que la gentecita de a pie que no es militante es la más importante de todas, de verdad de verdad. Así que usted está haciendo mucho, mucho :)

    Lilián:

    Ay, gracias, muchas :D
    Lo hemos vivido y platicado juntas. Me alegra mucho compartir el GRRRR contigo, y poder darle salida. Te mando un abrazote, y sigamos en la indignación :)

    Joaquín:

    Sí, cuando los personajes responden a lo que son o el entorno de ficción es éste, el sistema patriarcal que se discute, no hay vuelta de hoja, ni juicios de valor que deban pesar. La cuestión es que frecuentemente es la única sopa que se sirve en el panorama de las letras, y no hay un criterio responsable, empático, en los lectores respecto a la representación de las mujeres en la literatura (vaya, si en la vida cotidiana no existe…). No vendrían mal más opciones, más posibilidades para forjar ese criterio que permite distinguir entre representación y misoginia. Por eso me parecen acertadas las otras observaciones de Yépez. Muchas gracias por la visita, ¡Saludos! :D

    Javier:

    Muchas gracias. Un gusto tenerte por acá :)

    Cervecita queridísima:

    Tías gruñonas hasta el fin. Gracias a ti por siempre iluminarme y ser tan grata compañía en el camino de la insatisfacción optimista. Quiérote mucho :)

    Ibis de mi corazón:

    No sabes qué gusto me da verte por aquí y oír tus palabras. Me encanta que hayamos hecho esa reflexión juntas, y que en sur y norte sigamos luchando por lo que, creemos, vale la pena. Alegras mi corazón de pollo. ¡Te quiero y te echo de menos!

    Flor:

    ¡Totalmente de acuerdo! De hecho, lo envié a una publicación para que lo consideraran y ni las gracias me dieron, así que ahí tienen :P
    ¡Muchas gracias por la visita, y por leer! ¡Besos!

    Comment by Gabriela Damián — October 15, 2010 @ 4:51 am

  12. Hola Gabriela.
    Llegué a tu blog gracias a Alberto Chimal, quien reflexiona sobre lo que escribiste.
    Estos debates y problemas en torno al género son muy complicados para mi entendimiento, porque son tan subjetivos como las personas.
    En lo personal, no me gusta decir que soy feminista porque me he dado cuenta que en mi entorno que muchas mujeres que se ufanan de serlo, les gusta hablar de literatura o de cuestiones académicas en un Vips, y habaln del feminismo por doquier, pero sus actitudes distan mucho de serlo. También pareciera que uno tiene que ser lesbiana, o peor, pareciera que uno no debe cuidar de su cuerpo, porque eso es signo de “fomentar estereotipos masculinos”. En mi caso, me gusta vivir como deseo, sin pensar si mis actitudes son las “adecuadas” para ser feminista.
    Respecto a la literatura también es complicado. Existen mujeres que, amparadas por la “cuota de género” sobresalen en la vida literario-social, pero casi no escriben… Justo ahora, en la revista “Chilangos” o “Chilangolandia” (no recuerdo el nombre)hacen entrevistas a varios/as escritores/as de novela negra, y la última se destaca por haber ganado un premio importante, pero en su ficha curricular se lee que ha sido mesera y estilista de perros entre otras cosas, sin embargo, no tiene algún libro publicado; dice tener uno en vías… pero es escritora.
    Desafortunadamente, es muy difícil lidiar casi a diario con hombres que, si no te “ningunean”, te quieren coger. Sin embargo, si una trabaja, y únicamente trabaja en lo que le gusta, se logrará lo aspirado. Lo que viene después (”ni parece que seas mujer”, o comentarios por el estilo)está de más.

    Comment by Damiana Leyva — November 5, 2010 @ 6:34 pm

  13. Me encanta este texto, es increíble cuantas cosas que deberían denunciarse ya a gritos se ocultan como si nada. De la lista de casos sólo puedo añadir dos anécdotas: un artículo de Rafael Lemus precisamente en Letras Libres (por desgracia no tengo la ficha a la mano) en que después de alabar la publicación de los Cuentos Reunidos de Amparo Dávila, declara que hay escritores mexicanos secretos que incluyen “filósofos (Francisco Tario, Efrén Hernández)” y “brujas (Guadalupe Dueñas, Amparo Dávila)”. Bien podría haber puesto “magos” o algo.
    Y en el segundo, después de seguir un curso de Literatura Latinoamericana, por lo demás excelente, que incluía autores poco vistos en México como Pablo Palacio o José Antonio Ramos Sucre, le pregunto al profesor por qué en seis meses no vimos a ninguna escritora. Me dijo “Pues qué quiere, ¿que leamos a Isabel Allende o a Guadalupe Loaeza?”

    Total, que el progreso es mucho más lento de lo que se supondría…

    Comment by Fernando Brambila O. — November 5, 2010 @ 7:39 pm

  14. También llegué a tu texto vía Alberto y pienso que como dato complementario a tus argumentos cabría recordar que las mujeres en México tuvimos derecho al voto apenas desde el 17 de octubre de 1953, con la reforma del Artículo 34 Constitucional:

    “Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

    saludos cordiales,

    k.

    Comment by karlatone — November 6, 2010 @ 1:40 am

  15. Gabriela encantada de leerte. Llegué a ti gracias a Chimal y fue un descubrimiento alegre y novedoso. Así es tal y como lo pintas el sistema patriarcal sigue imperando y la posición que en justicia le corresponde a tantas escritoras maravillosas que pugnan por ser conocidas, a mi manera de ver está muy lejos todavía aunque hay indicios de mejoría. Según F. Capra en uno de sus reveladores libros ,dice que la suerte de la mujer ha estado emparejada a la de la tierra desde el comienzo de la humanida y fíjate como los seres humanos tratamos al planeta!!! Destilo tristeza cada vez que recuerdo a las mujeres asesinadas en Juárez y la poca( no suficientemente indignada) atención que le ha sido dispensada. Con respecto a las escritoras que llaman brujas, yo diría que lo son en el sentido que le da Castaneda y el sabio brujo Don Juan Matus. Gracias Gabriela y también a tus comentaristas tan agudas por un rato de buena lectura. Desde Venezuela un abrazo. Haydée

    Comment by Haydée — November 6, 2010 @ 2:25 pm

  16. Me gustó mucho tu texto, creo que las reflexiones sobre la escritura y las mujeres deben seguir actualizándose. Estoy completamente de acuerdo contigo en el hecho de que el devenir histórico ha prefigurado el éxito en el ámbito público para los hombres, y en lo privado para las mujeres, por ello, como género, es muy difícil acceder a los espacios públicos, mientras que para los hombres todo se da naturalmente (claro como género, hay algunas mujeres admirablemente agresivas y hombres a los que les cuesta mucho).
    Gracias por tus reflexiones.

    Comment by Azu Fran — November 8, 2010 @ 6:25 pm

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