Conversaciones con el niño anónimo (I)

Por alguna razón que se me escapa, de entre todos los adultos disponibles en algún sitio El Niño Anónimo siempre me escogerá a mí para platicar. Estaba sumergida en la alberca, y al mismo tiempo, en un libro (los brazos apoyados en la orilla, aún no sacan un título que me agrade en material inflable e impermeable), cuando se acerca el sujeto de unos tres o cuatro años de edad, playera, short, chanclas y lentes de sol del Hombre Araña.
Niño Anónimo: ¿Qué estás haciendo?
Yo: Leyendo
Niño Anónimo: Ah. (Mira el libro con el ceño fruncido) ¿Qué es esa cosa?
Yo: Es un libro.
Niño Anónimo: ¿Y qué es eso?
Yo: (Le sonrío, no sé si porque me gustó mucho que no supiera qué era la cosa, o para que se diera cuenta de que esa cosa era buena) Es donde se guardan los cuentos. Es como una cajita que te los cuenta a la hora que tú quieras y en donde tú quieras.
Niño Anónimo: (Se le queda viendo al libro, pero parece que hay algo que no le cuadra) Aahh… y ¿dónde está tu hijo?
Yo: No tengo.
Niño Anónimo: ¿Y por qué no tienes?
Yo: Porque todavía estoy chiquita.
Niño Anónimo: (Me mira de arriba a abajo con sospecha. Y quién sabe qué fue lo que vio entonces que le hizo poner cara de “sí, es de las mías”) ¿Y cuando seas grande vas a tener hijos como mi mami?
Yo: Ah, pues no lo sé. También podría ser la Mujer Araña.
Niño Anónimo: (Muy serio) Pero la Mujer Araña es mala.
Yo: ¿Tú crees? A mí me parece buena onda.
Niño Anónimo: (Me mira, solemne) Bueno. Pero necesitas un traje.
Yo: Claro.
Niño Anónimo: Sin el traje, no puedes hacer nada.
Su madre, su pobre madre, lo vio. Con enojo, o vergüenza, o con no sé qué clase de voz le gritó “¡Veeen acáaaaa, (inserte el nombre del Niño Anónimo aquí)!”.
Niño Anónimo: ¡Ya me voy, ya me voy, al rato jugamos!
Yo: Güeno. (Me dirijo a la mamá aterrorizada) ¡Buenas tardes!
¿Dónde me mandaré a hacer el traje?
La cosa es que necesito muchos, muchos. He dibujado los patrones durante todos estos años, pero aún no estoy segura de los colores…

Como siempre, me encanta, Cervecita. Yo te ayudo a eso del traje, porque como bien dijo el mini-Araña, necesitas tus colores para poder hacer algo…
Comment by CervezaClara — August 25, 2009 @ 8:14 pm
Debe ser es mismo niño que una vez me encontró en un vagón del metro, y tras angustiosos minutos de observarme, finalmente preguntó: ¿Porqué llorar?
Por idiota, le dije.
A mí también me pasa, aseguró mirando al piso.
Comment by ól — August 27, 2009 @ 11:29 pm
Cervecita:
¡Al traje! y a todo lo demás. Pínteme con sus crayolas, Cerve, que a nadie más le confiaría el diseño de mi superoutfit
.
Ól:
Jijiji. Qué lindo usted, y qué triste el niño.
Perdón, perdón, al revés: qué triste usted, qué lindo el niño.
Comment by Gabriela Damián — September 13, 2009 @ 3:57 am