Conversaciones con el niño anónimo (I)

August 25, 2009

Por alguna razón que se me escapa, de entre todos los adultos disponibles en algún sitio El Niño Anónimo siempre me escogerá a mí para platicar. Estaba sumergida en la alberca, y al mismo tiempo, en un libro (los brazos apoyados en la orilla, aún no sacan un título que me agrade en material inflable e impermeable), cuando se acerca el sujeto de unos tres o cuatro años de edad, playera, short, chanclas y lentes de sol del Hombre Araña.

Niño Anónimo: ¿Qué estás haciendo?
Yo: Leyendo
Niño Anónimo: Ah. (Mira el libro con el ceño fruncido) ¿Qué es esa cosa?
Yo: Es un libro.
Niño Anónimo: ¿Y qué es eso?
Yo: (Le sonrío, no sé si porque me gustó mucho que no supiera qué era la cosa, o para que se diera cuenta de que esa cosa era buena) Es donde se guardan los cuentos. Es como una cajita que te los cuenta a la hora que tú quieras y en donde tú quieras.
Niño Anónimo: (Se le queda viendo al libro, pero parece que hay algo que no le cuadra) Aahh… y ¿dónde está tu hijo?
Yo: No tengo.
Niño Anónimo: ¿Y por qué no tienes?
Yo: Porque todavía estoy chiquita.
Niño Anónimo: (Me mira de arriba a abajo con sospecha. Y quién sabe qué fue lo que vio entonces que le hizo poner cara de “sí, es de las mías”) ¿Y cuando seas grande vas a tener hijos como mi mami?
Yo: Ah, pues no lo sé. También podría ser la Mujer Araña.
Niño Anónimo: (Muy serio) Pero la Mujer Araña es mala.
Yo: ¿Tú crees? A mí me parece buena onda.
Niño Anónimo: (Me mira, solemne) Bueno. Pero necesitas un traje.
Yo: Claro.
Niño Anónimo: Sin el traje, no puedes hacer nada.

Su madre, su pobre madre, lo vio. Con enojo, o vergüenza, o con no sé qué clase de voz le gritó “¡Veeen acáaaaa, (inserte el nombre del Niño Anónimo aquí)!”.

Niño Anónimo: ¡Ya me voy, ya me voy, al rato jugamos!
Yo: Güeno. (Me dirijo a la mamá aterrorizada) ¡Buenas tardes!

¿Dónde me mandaré a hacer el traje?

La cosa es que necesito muchos, muchos. He dibujado los patrones durante todos estos años, pero aún no estoy segura de los colores…

Yo sin sol, tú sin fe…

August 14, 2009

Nadie lo sabe, (shhh…) pero hoy se decidirán muchas cosas.

Una mañana, dentro de un viaje casi idílico a un pueblito catalán, me levanté antes que nadie y salí a caminar acompañada sólo de música (música que quizá ya no escucho, pero que recuerdo como las palabras de un sueño). Me encontré con este reloj, cuya utilidad ahora imposibilita la sombra de un árbol.

“Yo sin sol, tú sin fe, no valemos nada”, me dijo.

Esa caminata, por el reloj y por el mar, por las barcas, por el sol entre ellas, por el sol recién salido quemando mi cara, porque nadie despertaba, porque me sentí la única criatura que podía espiar a los elementos, no la olvido.

Hoy marco este día acompañada del reloj que me habló. Necesitamos cosas simples él y yo, sol y fe.

Cosas que se nos regalan. No es tan difícil.