Amapola, lindísima amapola

May 13, 2009

Alguna vez leí una idea de Patricia Highsmith que me impactó: “Si alguna vez escribo algo sobre mi abuela, tendrá que ser brillante, si no, mejor nunca lo haré.” Recuerdo haber pensado en ese instante qué carajos iba yo a hacer cuando llegara la hora de despedirme de Abuelita Paulina, y con una punzada en el estómago fui y le marqué por teléfono para escucharla a siete horas de distancia. Uf, descansé, colgando después de decirle que la quería.

Pero ese momento llegó hoy, hace un año.

Entonces escribí algo para mi familia, tratando de contrarrestar mi inutilidad. Lo revisé para publicarlo aquí, pero ahora que lo leo no, no es suficiente. Escribí también un momento de las dos. Pero está desprovisto de tantas cosas. Sí, tendría que ser perfecto, y nada de lo que he hecho alrededor de ella lo es. Así que, siguiendo el ejemplo de Patricia Highsmith, opto por omitir todo ensayo sobre Doña Paulina.

Pero hay algo que sí puedo hacer. Recoger, como poseída, el eco de sus palabras en el jardín de mi memoria, como si ella estuviera reuniendo manzanas en su delantal y saliera corriendo de pronto con su larga cabellera de los quince años siguiéndola con sutil retraso, yo levantando los frutos que va abandonando en la carrera, como si ella fuera el conejo blanco y yo Alicia, desesperada por devolverle sus guantes. “¡Ei, espera!”

No necesito vejigas para flotar (No necesito la ayuda de nadie)
Hijo (todas éramos “hijo”)
El ese ser (el nécessaire, su neceser azul)
Guaymas (Wal-Mart)
Comita (Comadrita)
Por algo dios me dio estos brazos (golpeándoselos. Variación de la primera frase)
Mejor ni hubiera dicho nada (golpeándose los labios)
Portaviandas (mi lonchera)
Chancaste (el asiento del café que se queda en el…
Pocillo, olla pequeña, como una taza, de peltre o de barro)
El cajete del perro (el plato de la mascota, gato o perro)
El espaguete (el spaguetti)
Los anális (los análisis)
Ni que lo tuviera de oro (No valía la pena ese hombre)
Y yo tengo un hambre… (Hubo una carambola en la carretera. Bajábamos a ver qué le había pasado a nuestro coche y a ayudar a los demás. Ella sólo podía pensar en la comida)
¿No tendrá un cigarrito? ¡Uno, nomás! (A mis amigos fumadores invadiéndolos a hurtadillas, escondiéndose de nosotros. Fumaba como un chacuaco, y con tanto placer…)
¡Pero bastante! (para cualquier cosa)
Be siendo buy bala… (”Me siento muy mala”, voz constipada que se desconstipaba en cuento acababa de pronunciar esta frase)
Mi negosh, me decía mientras me bailoteaba sobre sus rodillas. Me mordía los brazos la frente, la cabeza, con sus dientes burlones. Y entonces me cantaba:
Corazón santo, tú reinarás, tu nuestro encanto siempre serás… tengo su voz aquí, en mi oído, ahora. No tengo miedo a tu fantasma, abuelita.
Eras reteocurrente,

me dijo riendo, recordando cuando yo era niña y jugábamos al mandado. Y fue éste nuestro último momento, acostadas juntas en mi cama pequeña y triste porque ella ya iba y veía. Yo la tomaba de la mano. Su mano ancha y chueca, con anillos de cobre y una pulsera que parecía una serpiente color turquesa.

Hace poco mi mamá se quedó lívida escuchando una canción,

Amapola, lindísima Amapola
Serás siempre mi alma, tuya sola
yo te quiero, amada niña mía
igual que ama a la flor, la luz del día

Con los ojillos aguados me dijo “Esa canción era la que mi papá le cantaba. Por eso le decía Doña Pola”.

Vivo pegada a esa canción, como si con ella pudiera alcanzarla. Hay tantas manzanas tuyas que aún tengo que recoger, viejita loca.

Ojalá alguien que se tope con esta lista usara alguna de sus palabras. Y así ella seguirá viva también en los breves alientos de los desconocidos, amapolas transparentes escritas en el aire.

Plegaria por ella

May 10, 2009

Morir cuando la luz retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

(Manuel Gutiérrez Nájera)

Supongo que es mucho pedir. Pero tengo que intentarlo.
¿A quién?
¿A quién?