Bola de babosos

April 27, 2009

Bueno, con esto de la gripa marrana mi adicción a internet se incrementó. Y navegando, me encontré con la siguiente noticia “chusca”: cierto hombre asalta un salón de belleza en Rusia, una de las estilistas lo amaga y lo retiene 48 horas para obligarlo a tener sexo con ella.

Por supuesto que el asunto resulta absurdo y hasta cómico, si tomamos en cuenta que al ladrón le salió el tiro por la culata. Ya cuando no da risa es cuando la tipa responde a la denuncia por violación que le puso el tipo: “Qué idiota. Sí, lo hicimos algunas veces, pero le compré un nuevo par de pantalones, lo alimenté, le di de beber y hasta algo de dinero cuando lo liberé”. Claramente, a la fulana se le fueron las cabras.

Como la imagen que acompaña muestra una cabellera rubia, los comentarios de nuestros compatriotas no se hicieron esperar. Para muestra, tres botones (SIC mayúsculo a cada uno de ellos):


“como se agüita el vato, se le fue bien… yo en cambio hubiera vuelto a asaltar cada fin de semana jajajaja…!! no dudemos ahora que con este caso se venga una ola de robos a esteticas, haber si les pagan con la misma moneda…”

“———-NO PUES ES UNA FANTASIA SEXUAL EL QUE UNA MUJER QUE ESTE BIWN LINDA ME SECUESTRE Y ME HAGA SU ESCLAVO SEXUAL, ES ALGO PERVERSO, PERO MUY RICO. ME GUSTARIA QUE LA RUSA ME SECUESTRARA Y QUE ME HICIERA PEDAZOS, ES UNA SUPERFANTASIA. QUE IDIOTA EL WEY, QUE LA DENUNCIO. SALUDOS.”

“Limosnero y con garrote… Que diga que le fue bien, o a poco era muy santo como para haberse sentido violado?? Qué chillón!”

Perdón, pero no entiendo. Será porque he sufrido en carne propia sentirme vulnerable al caminar por las calles de cualquier ciudad, será porque para mí sería una pesadilla que me obligaran a hacer CUALQUIER COSA en contra de mi voluntad… pero no lo entiendo y no me parece gracioso. Soy una amargada, seguramente.

O seguramente este tipo de comentarios imbéciles refleja que muchas personas no tienen idea de lo que una agresión sexual significa, que no tienen idea de lo espantosa que puede ser una relación íntima llevada a cabo en esos términos, que no tienen idea, en fin, de que todos los seres humanos podemos ser víctimas y verdugos.

Ni de que las mujeres con deseos sexuales son seres con voluntad e inteligencia (que pueden usarse de manera negativa), y no conejitas de Playboy insaciables.

Y una última cuestión… ¿Qué habrían dicho si en la foto no hubiera pelazo joven ni rubio ni ruso, sino los rizos morenos y el cuerpo regordete de una cincuentona de Iztacalco?

Sí, hay peores males que una mugrosa epidemia. Porque ¿cuándo habrá estado de emergencia para esta forma de pensar?

Fin. A seguir oyendo valses.

Cochina gripa cochina

Yo sigo en la etapa de la burla. Sigo gritando “¡Apocalipsirlll!” cada vez que alguien estornuda, correteando a Chabelito Poe para ponerle cubrebocas, dando gracias al cielo por no tener que madrugar para ir a dar clase. Anoche le dije a la Cerve que estaría lo máximo que en la calle empezaran a vender mascarillas para los coches, tal y como en Navidad ofrecen la nariz y las orejas de reno para adornar lo que viene siendo el automóvil…

Pero la verdad es que la cochina gripe cochina ya nos está dando susto. Hay una espesura, una gravedad en el aire que no sé definir. Será que las calles comenzaron a vaciarse, que todos llevan la cara medio tapada, y que el pronóstico del tiempo augura lluvias.

Es el cumpleaños de mi papá y para celebrarlo venimos a Cuernavaca a chacotear. Nos subimos al coche con nuestra ropita de calor, dejamos atrás las nubes grises y la neblina de la carretera, llegamos a la cursísima Ciudad de la Eterna Primavera toda abarrotada de jacarandas, buganvilias (me encanta la extravagancia de las bugambilias) y gente en shorts. Nos detuvimos a comer en la terraza de un restaurante desde el que se veía la puesta de sol toda luz mandarina, brisa tibia, nubes de cobre o caramelo. Había una mesa inmensa llena de chamacos y sus primos, de abuelos y nueras; en la de junto, unos amigos veinteañeros que se reían fuerte, con ganas. Aquí todo es feliz, pensamos, dándole sorbos a nuestras naranjadas. Después de imaginarnos qué habrían hecho si nos hubieran visto entrar a los tres con tapabocas, platicamos de cualquier babosada, comimos elotitos tiernos con mantequilla, hicimos planes para el postre, nos mezclamos con Cuernavaca. Hasta que comenzó a soplar un viento canijo. Los parasoles que cubrían la mesa de la gran familia -ya se había ido- comenzaron a girar y mecerse. Al trozo de atardecer se lo devoró un nuevo gris, las risas de los amigos veinteañeros se tornaron nerviosonas. Meseros iban y venían colocando las persianas, que subieron y bajaron como enloquecidas frente al vendaval lluvioso orquestado con truenos, centellas, calamidades por venir del cielo. El agua comienza a golpear el pavimento. Una música resignada. Llegan las noticias a nuestros teléfonos celulares. Se suspenden las clases hasta el 6 de mayo, hay casos de influenza en Londres, Kansas, Albacete (las navajas de Albacete… dice la canción)

Ha oscurecido, nuestros platos están vacíos.

A donde quiera que vayamos, los chilangos llevaremos el espíritu del fin del mundo.

Para seguir a la puerca gripa me gustan:

Una ciudad sin miedo
Una ciudad paralizada
Información política confidencial
El Universal