Idea

April 29, 2009

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

Idea Vilariño
18 de agosto de 1920, Montevideo - 28 de abril de 2009

Aquí,su vida; acá, algunos poemas. Y aquí, Antonio Muñoz Molina recordándola.

María me prestó un libro de Idea (gracias, Mariíta) cuando yo estaba en Barcelona, muy muy triste y sin ganas de comer (inéditas, las ganas de comer). Leí con avidez sus palabras, moquée, me azoté en su compañía. Lo leí una, dos, tres veces. Quise tener una hija y llamarla Idea (inéditas las ganas de la hija). Llevé el libro en mi bolsa con mucho cuidado, como si la llevara a ella, a mi cómplice, a una versión de mí misma. Me dieron ganas de escribir poesía. Pero me avergonzaba mirar el librito, negro, flaco, imposible de igualar. Empecé a comer. Volví a escribir. Abrí este blog. Me hizo regresar de entre los muertos.

Regresé el libro a María. Jamás encontré el mismo para comprarlo, pero nunca me abandonaron sus versos.

Y ahora se fue. ¿Por qué pensé que sería eterna?

Que tengas la paz que me regalaste con tus palabras, bellísima Idea.

Bola de babosos

April 27, 2009

Bueno, con esto de la gripa marrana mi adicción a internet se incrementó. Y navegando, me encontré con la siguiente noticia “chusca”: cierto hombre asalta un salón de belleza en Rusia, una de las estilistas lo amaga y lo retiene 48 horas para obligarlo a tener sexo con ella.

Por supuesto que el asunto resulta absurdo y hasta cómico, si tomamos en cuenta que al ladrón le salió el tiro por la culata. Ya cuando no da risa es cuando la tipa responde a la denuncia por violación que le puso el tipo: “Qué idiota. Sí, lo hicimos algunas veces, pero le compré un nuevo par de pantalones, lo alimenté, le di de beber y hasta algo de dinero cuando lo liberé”. Claramente, a la fulana se le fueron las cabras.

Como la imagen que acompaña muestra una cabellera rubia, los comentarios de nuestros compatriotas no se hicieron esperar. Para muestra, tres botones (SIC mayúsculo a cada uno de ellos):


“como se agüita el vato, se le fue bien… yo en cambio hubiera vuelto a asaltar cada fin de semana jajajaja…!! no dudemos ahora que con este caso se venga una ola de robos a esteticas, haber si les pagan con la misma moneda…”

“———-NO PUES ES UNA FANTASIA SEXUAL EL QUE UNA MUJER QUE ESTE BIWN LINDA ME SECUESTRE Y ME HAGA SU ESCLAVO SEXUAL, ES ALGO PERVERSO, PERO MUY RICO. ME GUSTARIA QUE LA RUSA ME SECUESTRARA Y QUE ME HICIERA PEDAZOS, ES UNA SUPERFANTASIA. QUE IDIOTA EL WEY, QUE LA DENUNCIO. SALUDOS.”

“Limosnero y con garrote… Que diga que le fue bien, o a poco era muy santo como para haberse sentido violado?? Qué chillón!”

Perdón, pero no entiendo. Será porque he sufrido en carne propia sentirme vulnerable al caminar por las calles de cualquier ciudad, será porque para mí sería una pesadilla que me obligaran a hacer CUALQUIER COSA en contra de mi voluntad… pero no lo entiendo y no me parece gracioso. Soy una amargada, seguramente.

O seguramente este tipo de comentarios imbéciles refleja que muchas personas no tienen idea de lo que una agresión sexual significa, que no tienen idea de lo espantosa que puede ser una relación íntima llevada a cabo en esos términos, que no tienen idea, en fin, de que todos los seres humanos podemos ser víctimas y verdugos.

Ni de que las mujeres con deseos sexuales son seres con voluntad e inteligencia (que pueden usarse de manera negativa), y no conejitas de Playboy insaciables.

Y una última cuestión… ¿Qué habrían dicho si en la foto no hubiera pelazo joven ni rubio ni ruso, sino los rizos morenos y el cuerpo regordete de una cincuentona de Iztacalco?

Sí, hay peores males que una mugrosa epidemia. Porque ¿cuándo habrá estado de emergencia para esta forma de pensar?

Fin. A seguir oyendo valses.

Cochina gripa cochina

Yo sigo en la etapa de la burla. Sigo gritando “¡Apocalipsirlll!” cada vez que alguien estornuda, correteando a Chabelito Poe para ponerle cubrebocas, dando gracias al cielo por no tener que madrugar para ir a dar clase. Anoche le dije a la Cerve que estaría lo máximo que en la calle empezaran a vender mascarillas para los coches, tal y como en Navidad ofrecen la nariz y las orejas de reno para adornar lo que viene siendo el automóvil…

Pero la verdad es que la cochina gripe cochina ya nos está dando susto. Hay una espesura, una gravedad en el aire que no sé definir. Será que las calles comenzaron a vaciarse, que todos llevan la cara medio tapada, y que el pronóstico del tiempo augura lluvias.

Es el cumpleaños de mi papá y para celebrarlo venimos a Cuernavaca a chacotear. Nos subimos al coche con nuestra ropita de calor, dejamos atrás las nubes grises y la neblina de la carretera, llegamos a la cursísima Ciudad de la Eterna Primavera toda abarrotada de jacarandas, buganvilias (me encanta la extravagancia de las bugambilias) y gente en shorts. Nos detuvimos a comer en la terraza de un restaurante desde el que se veía la puesta de sol toda luz mandarina, brisa tibia, nubes de cobre o caramelo. Había una mesa inmensa llena de chamacos y sus primos, de abuelos y nueras; en la de junto, unos amigos veinteañeros que se reían fuerte, con ganas. Aquí todo es feliz, pensamos, dándole sorbos a nuestras naranjadas. Después de imaginarnos qué habrían hecho si nos hubieran visto entrar a los tres con tapabocas, platicamos de cualquier babosada, comimos elotitos tiernos con mantequilla, hicimos planes para el postre, nos mezclamos con Cuernavaca. Hasta que comenzó a soplar un viento canijo. Los parasoles que cubrían la mesa de la gran familia -ya se había ido- comenzaron a girar y mecerse. Al trozo de atardecer se lo devoró un nuevo gris, las risas de los amigos veinteañeros se tornaron nerviosonas. Meseros iban y venían colocando las persianas, que subieron y bajaron como enloquecidas frente al vendaval lluvioso orquestado con truenos, centellas, calamidades por venir del cielo. El agua comienza a golpear el pavimento. Una música resignada. Llegan las noticias a nuestros teléfonos celulares. Se suspenden las clases hasta el 6 de mayo, hay casos de influenza en Londres, Kansas, Albacete (las navajas de Albacete… dice la canción)

Ha oscurecido, nuestros platos están vacíos.

A donde quiera que vayamos, los chilangos llevaremos el espíritu del fin del mundo.

Para seguir a la puerca gripa me gustan:

Una ciudad sin miedo
Una ciudad paralizada
Información política confidencial
El Universal

Subterranean Homesick Alien

April 20, 2009


Este soliloquio del castillito es una respuesta agradecida al buen y estimado Antonio. La imagen es de la European Space Agency y la NASA

Hace rato en el salón de las vidas pasadas, me vi allá, cuando estaba en la UIC y llegaba siempre tarde a la clase de siete, hasta que el maestro (verdaderamente odioso) me vio abrir la puerta a las 7:11 y me dijo “¡JA! Casi lo consigues. Pero no, regrésate a tu casa”. Yo llevaba el pelo larguísimo y usaba lentes azules. Claudia (que aún no se llamaba Perrito) me miraba desde adentro con cara de “Chin”. Y entonces yo desandaba sin remordimientos el camino hacia el Chevy morado, recostaba el asiento y ponía el OK Computer del cd grabado por Ekar (mi gurú musical hasta el día de hoy), un regalo para compensar que me habían robado el estéreo justo afuera de su casa. Me robaron también en aquella ocasión Vespertine, de Björk, Storytelling, de Belle & Sebastian, y algún otro que ya no recuerdo, cuya caja seguramente permanece vacía hasta el día de hoy. En esa época yo no tenía responsabilidades monetarias, así que todos mis discos eran originales (hoy eso es casi una obscenidad).

Nunca he vuelto a tener un OK Computer original. Tengo como tres cajas nuevas y vacías. Siempre se pierden, o los roban, o se van rodando a mejor casa en una especie de broma kármica que ya no me molesta. Lo compré una tarde de julio que había comida en casa de mi tía Patricia. Llegué temprano, noté que el coche de mi mamá no estaba, mejor decidí esperar. Quité el celofan de la caja, abrí el booklet y seguí las letras mientras mi asombro escuchaba sin detenerse cada una de las piezas. La familia llegó antes de que el disco terminara de reproducirse, pero no me moví. Los vi tocar la puerta, saludar, perderse en la sala… y yo mientras me quedé escuchando inmóvil, tocada por quién sabe qué dedos en las cuerdas tensas de mi alma veinteañera. Había algo inhumano en aquellas notas: la guitarra alienígena, el dictado infeliz de una computadora, la voz fantasmal de Tom Yorke… pero poco a poco me di cuenta de lo que pasaba: ese canto artificial era terrible, deseperada, angustiosamente humano, jirones de piel revueltos con cables, teclas, corazón, como si fuera el último himno esperanzado de una especie casi muerta, al borde de su propia extinción. Pasé de la honda tristeza a la profunda esperanza.

Podría hablar de cada una de las canciones del OK Computer acompañando momentos que cifraron mi vida. No sería mala idea hacerlo. Pero hoy le toca sólo a una.

Cuando me detuve en la tercera canción, escuché:

I´d tell all my friends
but they´ll never believe me
they´ll think that I finally
lost it completely
I´d show them the stars
and the meaning of life
they´d shut me away…
but I´ll be allright
Allright…

Subterranean Homesick Alien narra la historia de un tipo que se imagina como víctima de un rapto alienígena. Sucedería mientras conduce solo, por carretera, en la noche. Los extraterrestres lo elevarían en su bellísima nave, le mostrarían el universo. Él regresaría a contarles a sus amigos lo que vio, les enseñaría todo acerca de las estrellas, les explicaría el significado de la vida… sus cuates, desde luego, le darían el avión y nunca le creerían. “Pero estaré bien”, dice el protagonista de la aventura. “Estaré bien…”

Y esta canción Spielbergiana, casi una broma melancólica, me hizo llorar muchas tardes. Yo no sabía muy bien por qué, pero ahora entiendo que ser escritor es un poco como el papel de este abducido inocente. Una se va por la vía aérea, vuela a mundos magníficos, planea por la belleza del universo. Luego llega a la página en blanco y la llena del pálido recuerdo de ese paseo. “¡Mira!” apunta con un dedo cierta frase, cierto adjetivo, “¡Mira! De esto está hecho el mundo. Es tan hermoso…” los lectores, si los hay, habrán advertido un destello vago en el vasto cielo negro, insondable. Cierran el libro y a otra cosa, mariposa. Toda la vida me he sentido como ese tonto que mira la flor única y la señala cuando se ha marchitado. O cuando a nadie más le importa. Y los de Oxford hicieron de esa soledad mía una pieza tierna, misteriosa, irónica. Bella. Yo aún no consigo traducir mis abducciones de manera tan perfecta.

Pero estaré bien. Creo que sí: estaré bien.