
Este soliloquio del castillito es una respuesta agradecida al buen y estimado Antonio. La imagen es de la European Space Agency y la NASA
Hace rato en el salón de las vidas pasadas, me vi allá, cuando estaba en la UIC y llegaba siempre tarde a la clase de siete, hasta que el maestro (verdaderamente odioso) me vio abrir la puerta a las 7:11 y me dijo “¡JA! Casi lo consigues. Pero no, regrésate a tu casa”. Yo llevaba el pelo larguísimo y usaba lentes azules. Claudia (que aún no se llamaba Perrito) me miraba desde adentro con cara de “Chin”. Y entonces yo desandaba sin remordimientos el camino hacia el Chevy morado, recostaba el asiento y ponía el OK Computer del cd grabado por Ekar (mi gurú musical hasta el día de hoy), un regalo para compensar que me habían robado el estéreo justo afuera de su casa. Me robaron también en aquella ocasión Vespertine, de Björk, Storytelling, de Belle & Sebastian, y algún otro que ya no recuerdo, cuya caja seguramente permanece vacía hasta el día de hoy. En esa época yo no tenía responsabilidades monetarias, así que todos mis discos eran originales (hoy eso es casi una obscenidad).
Nunca he vuelto a tener un OK Computer original. Tengo como tres cajas nuevas y vacías. Siempre se pierden, o los roban, o se van rodando a mejor casa en una especie de broma kármica que ya no me molesta. Lo compré una tarde de julio que había comida en casa de mi tía Patricia. Llegué temprano, noté que el coche de mi mamá no estaba, mejor decidí esperar. Quité el celofan de la caja, abrí el booklet y seguí las letras mientras mi asombro escuchaba sin detenerse cada una de las piezas. La familia llegó antes de que el disco terminara de reproducirse, pero no me moví. Los vi tocar la puerta, saludar, perderse en la sala… y yo mientras me quedé escuchando inmóvil, tocada por quién sabe qué dedos en las cuerdas tensas de mi alma veinteañera. Había algo inhumano en aquellas notas: la guitarra alienígena, el dictado infeliz de una computadora, la voz fantasmal de Tom Yorke… pero poco a poco me di cuenta de lo que pasaba: ese canto artificial era terrible, deseperada, angustiosamente humano, jirones de piel revueltos con cables, teclas, corazón, como si fuera el último himno esperanzado de una especie casi muerta, al borde de su propia extinción. Pasé de la honda tristeza a la profunda esperanza.
Podría hablar de cada una de las canciones del OK Computer acompañando momentos que cifraron mi vida. No sería mala idea hacerlo. Pero hoy le toca sólo a una.
Cuando me detuve en la tercera canción, escuché:
I´d tell all my friends
but they´ll never believe me
they´ll think that I finally
lost it completely
I´d show them the stars
and the meaning of life
they´d shut me away…
but I´ll be allright
Allright…
Subterranean Homesick Alien narra la historia de un tipo que se imagina como víctima de un rapto alienígena. Sucedería mientras conduce solo, por carretera, en la noche. Los extraterrestres lo elevarían en su bellísima nave, le mostrarían el universo. Él regresaría a contarles a sus amigos lo que vio, les enseñaría todo acerca de las estrellas, les explicaría el significado de la vida… sus cuates, desde luego, le darían el avión y nunca le creerían. “Pero estaré bien”, dice el protagonista de la aventura. “Estaré bien…”
Y esta canción Spielbergiana, casi una broma melancólica, me hizo llorar muchas tardes. Yo no sabía muy bien por qué, pero ahora entiendo que ser escritor es un poco como el papel de este abducido inocente. Una se va por la vía aérea, vuela a mundos magníficos, planea por la belleza del universo. Luego llega a la página en blanco y la llena del pálido recuerdo de ese paseo. “¡Mira!” apunta con un dedo cierta frase, cierto adjetivo, “¡Mira! De esto está hecho el mundo. Es tan hermoso…” los lectores, si los hay, habrán advertido un destello vago en el vasto cielo negro, insondable. Cierran el libro y a otra cosa, mariposa. Toda la vida me he sentido como ese tonto que mira la flor única y la señala cuando se ha marchitado. O cuando a nadie más le importa. Y los de Oxford hicieron de esa soledad mía una pieza tierna, misteriosa, irónica. Bella. Yo aún no consigo traducir mis abducciones de manera tan perfecta.
Pero estaré bien. Creo que sí: estaré bien.