Felicidad Nerd

Debo haber tenido como doce o trece años cuando llegó la Enciclopedia Hispánica a mi casa. Recuerdo las cajas enormes, pesadísimas, las hojas de filo dorado y blancura imposible, el olor de la piel y la tinta de color que dibujaba las fotografías. Aún no existía el librero grande, pues mi hermana todavía no se casaba y a su habitación la llenaba su cama, aquellos cuadros enmarcados en rojo, los botines cafés que tanto me gustaban.
Yo me llevaba dos o tres tomos al sillón de la sala y los leía con tanto morbo como podría haber leído el TVyNovelas. Me enteré de la vida de mujeres y hombres ilustres, de la historia de países que no sabía que existían. Sí, el atlas del mundo y del cuerpo humano me volvieron loca, me obsesionaron. Tenía ganas de marcar lugares y órganos que me fascinaban o angustiaban, pero me resistí.
Mis papás nunca mostraron asombro ni contento al verme rodeada del Tesoro del Saber, el Lexis 22 o la Enciclopedia Hispánica. Nunca nos dijeron tampoco a mi hermana y a mí “Voy a comprar una enciclopedia porque es buena para su educación”. Simplemente las cajas llegaban, y nosotras acomodábamos los tomos, los hojeábamos durante horas. En ocasiones mi hermana sí reclamaba mi atención, o me ordenaba “cámbiate”, “acomoda los platos”, “saca a pasear a la Odie”. Pero muchas otras, se echaba junto a mí y en silencio las dos tomábamos el sol leyendo el tomo 7, a veces con el uniforme puesto.
De cumpleaños, durante el habitual desayuno familiar, mi papá me regaló el Diccionario de uso del español de María Moliner. Dos tomos, 3351 páginas, significados de palabras cuyo número me produce vértigo. Lloré, de verdad. No sólo porque recordé toda aquella ceremonia del conocer y descubrir, sino porque me emocionó muchísimo entender que algunos regalos son algo así como trozos de amor tangibilizado (mi hermana también me regaló libros, imaginar sus gestos al escogerlos es en sí un presente). Me regalaron flores (”tus favoritas” o “son de invierno”), un maravilloso diseño veloz para Sueño de Enero, el anhelado libro de Murakami con maravillosa dedicatoria, zapatos cuyo número había que preguntar a mi madre, el vestido que me arrancaba hondos suspiros, un cuento y felicitaciones desde el hemisferio austral. Llamarme a las doce en punto, o a las seis y media para despertarme, comprarme dos velitas de quinceañera. Vestirse para la ocasión con atuendos para honrar al novocentismo y al dios Jano. Un álbum fotográfico de mi vida en Barcelona. Ir a festejar después de haber estado todo el día en un panteón. Y va la cursilería más grande: la compañía de los que sé que me quieren. Yo también los quiero, los quiero muchísimo.
(¡¿Quién chingaos dijo que los nerds no tenemos “amor y amistad”?!)
En fin, que no lo puedo creer. Gracias a todos :,)
Espero alguna desgracia amenazando en el horizonte, porque esto ya es demasiada felicidad.

Deja de pensar que la felicidad es pasajera, que los momentos hermosos pueden terminar y que la alegría de estar con quienes te queremos pueda terminar algún día. Salud! Larga vida! y millones de momentos lindos ahora que empiezas un nuevo decenio… Los treintas te van a encantar, te lo aseguro!!!
Te quiero guacamayita!!!
Comment by Amelie — January 12, 2009 @ 9:24 pm
Gaby, ¿por qué cuando estamos rodeadas de amor, de cariño, de amistad, y no solamente eso, sino que, cuando sentimos de verdad la felicidad plena nos atacan este tipo de dudas… “¿me lo merezco?” Yo también me he sentido igual, y para ejemplo, el día de mi primera comunión… Yo no podía creer la cantidad de regalos que llenaban mi cuarto… Va para reflexión cursi! Me dio mucho gusto verte contenta, en algún momento te vi rodeada de hombres, sentada a la cabeza de la mesa, y ¡resplandecías! ¡Brillabas en tu vestido! Felicidades MiGaby, que cumplas muchos más.
Comment by Gaby de la O — January 13, 2009 @ 6:16 pm
Hola, Chica del Siglo pasado
. Oye, me late que tus padres te forjaran en el duro oficio de ser Nerd
Fíjate, yo en mi infancia andaba casando renacuajos y peleándome con los otros niños. Justo como a los 12-13 años fue que empecé a leer cuentos y novelitas “más en forma”. Recuerdo que a quien sí le regalaban libros era a mi hermano… yo medio los hojeaba, pero pues… eran de él 
En fin, va un abrazo. Espero andar por el DF pronto, y espero que podamos tomarnos un café (o una cerveza, o un té o una malteada). Feliz 2009!
Comment by Edgar Omar Avilés — January 17, 2009 @ 10:08 pm
Cerve, ¿Cuándo nos juntamos a leer el María Moliner? Te mereces todos tus regalos nerds y a toda la gente que te quiere.
Besos de gato parlanchín,
La Cerveza Clara que también es una nerd de peso completo…
Comment by LaCervezaClara — January 21, 2009 @ 9:48 pm
Después de leer su comentario, me siento muy intimidado. Yo leía la cosmpolitan de niño…
De cualquier forma, le mando un fuerte (y tardío) abrazo!
Gio.
Comment by Gio — January 28, 2009 @ 2:35 am
Amélie:
Guuuack, fíjese que con todo y la fe, la pinche ley de la “compensación” hace sus estragos… ¿o es la de Murphy? ¿Qué hacemos para tu pachanga? Quiérote yo también.
Gaby dearest:
! Caramelitos de monja pa ti.
Assshhh… no sé. Pero usted ya se fue al mar, a platicar, y eso siempre ayuda. ¡La imagen de una Gabytita en su primera comunión fue la neta
Édgar Omar:
¿Y tú? ¡Ojalá pronto! Abrazo nerd.
Ahora entiendo: ¡eso me faltó, perseguir renacuajos y desgreñar escuinclas!
Malteada, sí, de vainilla con muuuucha crema, pero sin nuez
Cerve:
Un miércoles de blatjórs me lo llevo el María Moliner. Lo primero que podemos buscar es la palabra CURSI…
Frotamiento gatuno para ti y para el Fritz, te quiero mucho.
Gio:
¿Por qué intimidarse? ¡La Cosmo es aprendizaje vital! ¡Manual de sobrevivencia!
Gracias por la felicitación atemporal y otro abrazo de vuelta.
Comment by Gabriela Damián — February 1, 2009 @ 8:06 pm
Según María Moliner: Morusa. Dinero. Cierta moneda castellana. Sigo en las mismas.
Comment by Roberto Remes Tello de Meneses — February 8, 2009 @ 1:45 am