Leer es un regalo

December 1, 2008

NOTA: Queridos veintiún (¡21!) lectores, he respondido por fin a los comentarios del post anterior. El comal estaba muy caliente y no lo podía agarrar, pero ¡besos y gracias!)

El pie de foto dice: “Cuando un niño no lee, la imaginación desaparece”.

La Literacy Foundation o Foundation pour l´alphabétisation de Canadá está ilustrando su propósito con ideas similares a las que Michael Ende propuso en su Historia Interminable: “cuando las criaturas humanas vienen a nuestro mundo, toman el camino verdadero. Todos los que estuvieron con nosotros aprendieron algo que sólo aquí podían aprender y que los hizo volver cambiados a su mundo. Se les abrieron los ojos, porque pudieron veros con vuestra verdadera figura. Por eso pudieron ver también su mundo y a sus congéneres con otros ojos. Donde antes sólo habían encontrado lo trivial, descubrieron de pronto secretos y maravillas. Por eso venían de buena gana a Fantasía. Y, cuanto más rico y floreciente se hacía nuestro mundo de esta forma, tanto menos mentiras había en el suyo y tanto más perfecto era también. De la misma forma que nuestros dos mundos pueden destruirse mutuamente, pueden también mutuamente salvarse” (La Historia Interminable, página 170. Alfaguara, México, 2002).

A la agencia Bleublancrouge se le ocurrió que quizá mostrando a personajes tan amados como Peter Pan o Cenicienta en imágenes agonizantes (captadas por Alain Desjean), se consiga sensibilizar a la población general para que participe activamente en el fomento a la lectura. Un país como Canadá no adolece tanto de analfabetismo como de desinterés por leer.

Sí, de nada sirve enseñar a leer si nadie se ha preocupado por enseñar a querer leer. La lectura es un gusto, y es por el gusto, por ninguna otra vía, que pueden fabricarse lectores. Voy a decir a continuación una cosa muy escandalosa: ¿Que a los “Reyes del Hogar” les gusta reírse de babosada y media? Facilíteles un Condorito. ¿Que el puberto de nuestro amor no va al baño sin su PSP? Hágale llegar una Atomix. ¿Que a la niña no hay quien la saque de su disfraz de Campanita? Cómprele el audiolibro de Peter Pan (y que de una vez se entere de que el plan era que Campanita NUNCA hablara). Digo que es un escándalo porque todavía hay quien se espanta cuando los niños leen cómics o revistas en lugar de soplarse Fray Perico y su Borrico o Corazón, Diario de un niño. Habremos de tener paciencia y apertura para saber que para aprender a leer hay que saberse las letras, y éstas no vienen nada más en los libros.

No se trata de condescendencia, sino de un poco de astucia. No podemos llegar a recetar libros a diestra y siniestra si primero no los hemos dejado regados por ahí, como no queriendo la cosa, invitando aunque sea a la travesura de olerlos, rayarlos o rasgarlos un poquito. Tampoco podemos esperar que se obre el milagro si a los chamacos de nuestros días se les ha inculcado el pragmatismo adulto desde el kínder: “¿Y eso de qué me sirve?” “Para que te rías/aprendas trucos/tengas más pretextos para usar tu disfraz”.
Los niños y jóvenes absorben cuentos, narraciones todo el día, muchas veces sin ser conscientes de ello. Si les hacemos notar que las caricaturas y los libros tienen la misma materia prima (historias), quizá se animen a tomar un ejemplar del estante. Podríamos preguntarles “¿Te sabes el cuento de Caperucita Roja? Pero el divertido, en donde Caperucita huye en una motocicleta”. o “¿No te han contado el chisme de la niña de las zapatillas rojas? en la tele no hablaban de otra cosa…” Cuando los libros como objetos amigables, por un lado, y las historias, por otro, les sean familiares, cercanas, entonces sí podremos aventurarnos a regalarle Huckleberry Finn al chistoso, uno de Tolkien al videogamer, y los Cuentos de Hadas de los hermanos Grimm a la enanilla (sí, la versión en que la Reina intenta matar a Blanca Nieves con un peine envenenado).

Me encanta, me encanta esta campaña. Hagan circular la foto, tengan compasión de la pobre Cenicienta.

Y de nuestro mundo. ¿Qué será de nosotros si la Nada acaba con Fantasía?