Una promesa…

…pública:
Prometo amar mi cuerpo.
Es una estupidez no hacerlo.
Amar las manos minúsculas, el piquito de vampiro en la oreja derecha (la puerta del clóset lo moldeó como si fuera plastilina cuando cumplí diez años), la curvilla del bajo vientre, los pies infortunados, todo.
Y lo que va dentro, con lo asqueroso que es: mi estómago, tan propenso a las piruetas; mis bronquios, tan ensimismados. Mis músculos, tan perezosos. Mi hipotálamo, tan anciano.
Soy una máquina blanda de querer y refunfuñar. Soy un reloj suave que mira por las ventanas. Soy un tic tac con agujas de carne que apuntan horas inexistentes, benditas.
Soy un cuaderno de piel tibia con páginas volteadas por el fantasma de un dios.
Soy el corazón de madera pintado de rojo que me robé en el kinder y guardé en una cajita de puros, y enterré en alguna parte porque era un tesoro; el verdadero corazón de Blanca Nieves que el cazador nunca dio a la Madrastra. Yo sabía que un día comenzaría a latir y me encontraría.
Prometió hallar mi pecho y echar raíces en este cuerpo de leche de cierva, de almizcle y seda negra.
Ambos salimos lentos, cautos de la caja. Cómo ha crecido este cuerpo, cuesta trabajo moverlo. Como a las bellas, enormes robots de Mazinger Z.
Leche, verduras, frutas que chorrean. Almendras, aceitunas y sólo un poquito de pan y azúcar. Anchas calles para perderse o un camino de tezontle, oportunidades para encender las acongojadas mejillas como los cachetes saludables de Heidi. Sopa y pan como los de Heidi. Campo y columpio, movimiento y pocas penas, las necesarias nada más. Incluso cantar “Abuelito, dime túuuu…”
En fin.
Prometo cuidar de mí.

Es precioso venir y encontrarse no uno, si no dos post. Yo cada vez te siento más cerca, casi como soñe la primera vez que soñé en ser tu amiga, casi como cuando te veía y como si tuviéra seis años se me arrugaba el pecho de tantas ganas de que me compartieras algo, que te comieras el sanwish conmigo, que te sentaras junto a mí y bueno ahora tengo la suerte de no leerte desde lejos, si no que estás bien cerca, con ese tú mágico que abre puertecitas para las muñecas que una trae en los huesos, que activa las cajitas de música y sí preciosa cuídate mucho mucho (como tesoro raro y precioso) y yo te ayudo
Y ya por que hasta chabelito poe piensa que ya me pasé
Comment by Coquelicot — August 27, 2008 @ 5:20 pm
chabelito poe se equivoca y yo no sé ni dónde meter las manos y me muerdo el rebozo cuando las escucho decirse cosas retehermosas como por “accidente”.
Es más, ya me voy.
(últimamente me siento fuera de lugar en todos lados)
Comment by travije — August 28, 2008 @ 10:55 am