Una promesa…

August 25, 2008

…pública:

Prometo amar mi cuerpo.

Es una estupidez no hacerlo.

Amar las manos minúsculas, el piquito de vampiro en la oreja derecha (la puerta del clóset lo moldeó como si fuera plastilina cuando cumplí diez años), la curvilla del bajo vientre, los pies infortunados, todo.

Y lo que va dentro, con lo asqueroso que es: mi estómago, tan propenso a las piruetas; mis bronquios, tan ensimismados. Mis músculos, tan perezosos. Mi hipotálamo, tan anciano.

Soy una máquina blanda de querer y refunfuñar. Soy un reloj suave que mira por las ventanas. Soy un tic tac con agujas de carne que apuntan horas inexistentes, benditas.

Soy un cuaderno de piel tibia con páginas volteadas por el fantasma de un dios.

Soy el corazón de madera pintado de rojo que me robé en el kinder y guardé en una cajita de puros, y enterré en alguna parte porque era un tesoro; el verdadero corazón de Blanca Nieves que el cazador nunca dio a la Madrastra. Yo sabía que un día comenzaría a latir y me encontraría.

Prometió hallar mi pecho y echar raíces en este cuerpo de leche de cierva, de almizcle y seda negra.

Ambos salimos lentos, cautos de la caja. Cómo ha crecido este cuerpo, cuesta trabajo moverlo. Como a las bellas, enormes robots de Mazinger Z.

Leche, verduras, frutas que chorrean. Almendras, aceitunas y sólo un poquito de pan y azúcar. Anchas calles para perderse o un camino de tezontle, oportunidades para encender las acongojadas mejillas como los cachetes saludables de Heidi. Sopa y pan como los de Heidi. Campo y columpio, movimiento y pocas penas, las necesarias nada más. Incluso cantar “Abuelito, dime túuuu…”

En fin.
Prometo cuidar de mí.

Saldos

August 20, 2008

Copyright de la imagen © 2002, by Tobal. Colectivo Gerekiz-Ediciones Gerekiz

Poco más de siete meses, y el recuento de los daños es el siguiente:

-Casi un choque en la carretera México-Cuernavaca. La llanta rebotó en el muro de contención, así que no pasó nada. Cuando mi abuelita nos veía ir y venir ayudando a los afectados nomás nos dijo suspirando “Y yo que tengo un hambre…”
-Un choque horroroso. Yo iba manejando.
-Otro choque, ahora sí en la carretera a Cuernavaca. Yo era el copiloto. Claudia y yo reestablecimos heridas en el cuello, Carlos y su coche pasaron muchas penurias.

Como consecuencia, dolor de espalda constante, un moretón en la espinila izquierda que no se desvanece aún. Pensamientos fatales cada vez que me subo a un automóvil.

-A una tía muy querida se le diagnosticó cáncer. Quimioterapias, operación y tristeza consecuentes.
-Cuco empezó a enfermarse. Diario había que ir a inyectarlo, a sacarle alguna placa… mi papá se llevó también una buena friega.
-En febrero, tuve que lidiar con un gran dolor y la penitencia de no poder expresarlo, porque…
-… en el mismo mes Doña Paulina, mi abuelita, sufrió un coma diabético. Como consecuencia, demencia senil, malestar constante durante tres meses. Caídas de la cama, gritos, noches de terrible insomnio para ella, mamá y para mí, y que yo no pude recuperar porque tenía que ser maestra a las siete de la mañana.
-Cuco, mi gato, mi amigo, murió, y murió mal.
-Mi hermana y yo nos quedamos sin nuestra regular fuente de ingresos.
-Mi mamá, camino al hospital para atender a mi abuelita, sufrió la embestida de un coche borracho. Como consecuencia, cuello y brazo lastimado. Pérdida total de su automóvil.

Y tres días después, murió Doña Paulina.

Como consecuencia, hay días que no soporto el vacío en el pecho.

Hace poco desportillé mi corazón. Sucede cuando ahí va a dar hasta el suelo. No es capaz de rebotar (aún).

Y me dio salmonelosis.

Pero miren qué cosas tiene la vida.

Mi mamá me deja esto en la almohada nomás porque sí:

(Es un “Te Quiero” hecho con M & M´s)
Tengo a mi madre, viva y hermosa; a mi padre, el cómplice. Tengo a mi hermana, a mi cuñado y mis tres sobrinos; Carlitos, Emilio, Paulina.

Tengo afectos increíbles, increíbles amigas. Un Perro, una Cerveza, una Amélie, unas hermanas cursis.

Y como un guiño, índice maravilloso, tengo un gatito que corre por la casa y me rasguña, que hace runrunrun y miumiu, que crece hermoso y ágil como una melodía escabulléndose entre las notas graves de la vida; recordándome que el amor también deja a su paso huellas sublimes y poderosas, borrando de un peludo coletazo el dolor y la desesperanza. Gracias, Elman, por Édgar Allan Chabelito Poe.

Y además poseo estos dedos afilados y esta memoria torpe, útiles para el no tan ingrato refugio de la escritura.