Libros, outlets y zapatos

Primero, una invitación:
2º GRAN REMATE DE LIBROS. ¡SALVA UN LIBRO!
La Secretaría de Cultura y el Auditorio Nacional organizan a través de la Coordinación del Programa de Fomento a la Lectura ‘Para leer en Libertad’ la 2a Venta de bodega de libros de remate. Compra un libro para que siga existiendo, en lugar de que se tenga que destruir.
La Industria Editorial tiene sus bodegas llenas de libros que han pasado por venta, rebajas y saldos. No tiene cómo deshacerse de ellos ya que se le prohíbe donarlos o regalarlos a menos que paguen impuestos por los mismos. Además de costarles el almacenamiento tienen que pagar como activos fiscales. Por tal motivo algunas editoriales se ven en la necesidad de triturarlos (otras no).
La Secretaría de Cultura del GDF, para evitar esta práctica tan terrible decidió hacer una gran venta de bodega de donde pongan los libros a precio de remate. Con esto estaremos ayudando a las Editoriales y también a los lectores a comprar libros a bajísimo precio.
Esto se llevará a cabo en el Auditorio Nacional, del martes 24 al domingo 29 de junio de 2008, de 11:00 a 19:00 horas. ENTRADA LIBRE
Bueno, querido lector imaginario. Aunque usted no lo crea hay quienes se han indignado por esta causa, comparando con el ceño fruncido los saldos de libros con los outlets de ropa popoff. Por supuesto, algunos más se han indignado por semejante comparación: Qué te pasa, si los que compran ropa y los que comprar libros no son las mismas personas, los primeros compran para paliar sus inseguridades, los segundos, buéh… otra onda.
Me pregunto por qué, en el mundillo literario, existe la manía de “reafirmar-se” como seres humanos comprometidos con las más nobles causas morales y sociales. Esto, desde luego, no me parece nada mal, todo lo contrario (yo también resisto mis batallas). Lo que me da un poco de risa a la vez que pereza, es que esas nobles causas están casi siempre peleadas con prácticas muy estereotipadas de “disfrute” y “consumo”.
Yo sí voy a darme una vuelta a los Outlets, ¿por qué diablos no he de hacerlo, si trabajo honestamente para hacer con mi dinero lo que yo quiera? Y como ahora me parece una obscenidad moral gastarme 5,000 pesos en un par de zapatos, pues me lanzo a Lerma y me compro los mismos por 300, más baratos que en la Comer, ¡Ja!
Necesito el dinero restante para medicinas, transporte, comida y claro: LIBROS. Muchos libros que no pueden conseguirse ya más que en tiendas de segunda mano y a bajísimo precio, muchos libros que estoy dispuesta a leer porque sé que harán mi visita a los outlets, o a una cafetería “coolcondechi”, o a un barrio populachero, o a la cama de un hospital, mucho más significativa.
Sí, confieso mis terribles pecados: me encanta la ropa Totalmente Palacio de 99 pesos (es real), y los mejores libros que he leído en mi vida han costado entre ¡cinco! y cien pesos, joyas que coronan mi recámara. La diferencia es que no me interesa mostrarles la marca “a mis amistades”, ni decir “ya lo leí” para encajar en los círculos de “la intelectualidat“. Ni una cosa ni la otra me hacen más estúpida o peor persona.
Camino cómoda (¡y los zapatos buenos aguantan varias ferias del libro!¡y no huelen!), al mismo tiempo que leo un maravilloso ensayo sobre los seres imaginarios que nunca he vuelto a ver en el estante de una librería. Y éste sí huele, como diría Alejandra Pizarnik, “a polvo y a magia”.
