Equinoccio de otoño

September 29, 2007

Aún no sé si alguien de la ciudad, como yo, entiende bien de solsticios y equinoccios. Quizá sí, de la forma obvia y académica que además, es un poco aburrida.
Pero no me refiero a esa forma de “entender”. Supongo que las personas que respiran otro tipò de aire, que no necesitan el coche y que toman leche bronca, ven de frente al otoño cuando van al baño en la madrugada y no les da miedo.
A mí sí.
Otoño es naranja, de bronce, melancólico y frustrado.
El de hoy así pasó junto a mí y me dio un codazo.
A ver si mañana viene el de los ojos amielados, con él chillo viendo cómo llueve afuera mientras nos echamos un chocolatito tibio, acariciando a Cuco.
Cuco es otoñal, y está enfermo. Vomita las croquetas nuevas y adelgaza como si estuviera compitiendo en un reality show.
En fin, soy una triste pequeñoburguesa que no sabe nada de los ciclos naturales de la existencia, una clasemediera rezongona y egoísta que no piensa en las desgracias ajenas y se regodea en su minúscula tristeza otoñal.
¿Y?
Siento el otoño, siento cómo me desgajo y seco, cómo me preparo para las heladas, para suspender los latidos de mi corazón.
Pero todavía no.
Todavía no.