Hoy vivimos una coincidencia númerica de tintes supersticiosos: el séptimo día del séptimo mes del año séptimo de un nuevo siglo (que, por cierto, es múltiplo de siete). Yo, fiel creyente de la mayoría de las jaladas numéricas que se encuentran en las profecías de Nostradamus o las mayas o las de los libros del buen Emilio Salas, he pensado que puede pasar algo importante. No, no salió a la venta el séptimo y último libro de Harry Potter (lanzamiento pospuesto para el 20 de julio), ni hallé a mi alma gemela, ni escribí la obra que me llevará a la inmortalidad.
Fue un día como (casi) cualquier otro. Terminé de leer un cuento de Elena Garro, acompañé al Perro y a Eduardo a las rebajas, encontré una cartera barata y llegué a casa con mucha sed. La noche es bastante calurosa, y esperamos asistir a una fiesta en un castillito ubicado en Sarriá, refugio de mi amiga Ceci.
También me sentí un poquito triste, como esos días que tienen más color que otros y el color pesa de una forma extraña, como si la alegría de las nubes fuese una desgracia pequeña. Ay, mi corazoncito. Está pesado como un tenedor de plomo, ésos de juguete que vendían afuera del mercado, junto con zacatitos y jarritas de cobre en miniatura.
Y pensando en cosas bonitas para que las nubes contentas se vayan y dejen de oprimir mi pecho, pienso en esta canción de Björk.
I See Who You Are
I see who you are
Behind the skin
And the muscles
I see who you are, now
And when you get older later
I will see the same girl
The same soul
Lioness, fireheart
Passionate lover
And afterwards
Later this century
When you and I have become corpes
Let’s celebrate now all this flesh on our bones
Let me push you up against me tightly
And enjoy every bit of you
I see who you are
Veo quién eres
detrás de la piel
y los músculos
Veo quién eres ahora
y cuando crezcas, más tarde,
veré a la misma niña
la misma alma
leonesa, corazón de fuego,
amante apasionada
Y después,
más tarde en este siglo,
cuando tú y yo nos hayamos convertido en cadáveres.
Hay que celebrar ahora
toda esta carne sobre nuestros huesos
Déjame estrecharte muy fuerte contra mí
y disfrutar cada pedacito tuyo
Veo quién eres.
(Björk se la escribió a su hijita de cuatro años, Isadòra)