Equinoccio de Primavera

A las seis de la tarde llegó a este Hemisferio la estación más cursi del año.
Curiosamente, la ciudad se resistió. Poco antes comenzó un viento terrible que arrancó tres o cuatro árboles desde sus raíces. Los pobres se rindieron antes de que llegara su renacimiento. Cuando los vi por la tele, pensé que no quería que me pasara lo mismo. Por eso regresé a escribir en una de las salas perdidas del castillito. El viento sopla y azota las ventanas, y mis raíces crujen pero se aferran al lecho calientito del jardín. La tierra se retuerce, le saca la lengua a la Primavera. Sabe que es una tramposa, una embustera. Y aún así, le entregará sus flores y hojas, su fe en el sol, las lluvias y los retoños. Tonta tierra. ¿Tonta yo por esperar lo mismo del destino?
Pss… quién sabe. Compréndanme: estoy convencida de que sufro ese mito llamado depresión primaveral.
Por eso es una verdadera FORTUNA contar con la industria Hollywoodense y sus películas maravillosamente mensas. La semana pasada fuimos a celebrar el cumpleaños de Amelie con un atascón de comida italiana y Letra y Música. Ver a Hugh Grant bailando un éxito ochentero es la neta. En una secuencia de la cinta, Drew Barrymore describe su desilusión por no ser una gran escritora. Hugh Grant sólo atina a decirle ¡qué diablos! “Ninguna novela hará sentir mejor a nadie de manera tan efectiva e instantánea como una canción pop”. Es una de las frases que ¡oh! pésele a quien le pese, encierra una gran verdad.
Pero el colmo de los colmos, aquello que le da en la madre al viento derribador, a la pinche mala suerte, a las malas tardes y las noches snifsnif, a los dias llenos de tráfico y contratiempos, es la presencia de nuestros amigos. Sí, se oye como de Disney, pero bueno, Disney tiene razón. Después de un día de depresión primaveral, recibo un correo de la querida Cerveza. En él, un archivo adjunto: la super canción de Pop!, el grupo ficticio de la película en cuestión. Recuerdo el agridulce fin de semana y las dos haciéndonos compañía, estando nada más a veces. Estando. Y en los silencios, o en las carcajadas, armonizamos los altibajos de la una y la otra. Se descarga la rolita. Suena un teclado ochentero en las bocinas de la manzanita. Y asi es: instantáneamente me siento mejor.
¡Estoy lista para la Primavera!
