Foto-Grafías
Cada que puede, la gente que puebla este país le toma fotos al mundo y sus detalles, sobre todo ahora que tienen a la mano todo el tiempo una cámara para guardar en ínfimas cajitas momentos irrepetibles. Yo soy muy torpe y carezco, ya de entrada, de la habilidad para recordar que existen las cámaras, que tengo una en su mono estuchito y otra en mi teléfono móvil. Así que, queridos veinte confesos lectores, ustedes y yo tendremos que seguir conformándonos con las ya tradicionales imágenes apalabradas de este blog. Espero hacerle justicia a sus respectivos instantes.
LA SEÑORA MOSTAZA
Hay un lugar perdido en la Zona Rosa que tiene como rasgo distintivo su decoración arrabalesca. Tin Tán dibujado en paredes descascadas, frases sacadas del libro Picardía Mexicana y magueyes como estampitas religiosas se iluminan con la rojura de una sirena de patrulla intermitente y absurda. Hénos ahí a la Cerveza, a Amelié y a mí departiendo con amigos dicharacheros que se presentan como “Hola, soy César Canal 22″. Habrá que buscarnos apellidos mediáticos, suena divertido. En una mesa, una señora vestida con suéter de botones estrechándose sobre su barriga y pantalón color mostaza, conversa con un hombre de camisa formal, aunque transparente y transpirada. Bailan y ella apenas se mueve, como inconforme con las notas de la cumbia, como enfadada con la vitalidad. Conforme las horas avanzan, sus ojos se llenan de lágrimas y sus manos de incipientes, tal vez bastas caricias. ¿Es el hombre transparente su hijo, su hermano, su amante? No lo sabemos. Cuando chapeadas y bostezando nos despedimos del lugar (después de que Amelia y Cerveza ganaran honrosos lugares en el concurso de baile), él y ella casi duermen mientras adivinan qué se dicen el uno al otro. Peinados fuera, una historia se nos cuenta sin saber si es un drama, una comedia, o unas cuentas viñetas en la historieta de la Señora Mostaza.
XVAÑOS TURQUESA
En el salón todo es de color turquesa: las mesas, las sillas, las flores, el suéter de la festejada, los adornos, los 12 deliciosos pasteles que forman un castillo cremoso. Disfruto de mis primos y mi tía, de su compañía renovada, de mi papá y de un arroz rojo delicioso que sabe a caldo y mantequilla, de las carnitas y la barbacoa. Y después vivo el momento-tópico, la clase de instante fotografiable y vendible: los mariachis tocan Paloma Negra y yo la canto de principio a fin, “¡Es la única que se la sabe completa!” dicen los amigos de mi primo, que gritan como Jorge el bueno y Pedro el malo (y viceversa), mientras el tequila me quita el frío y el limón verde de esta tierra me enraizan y me afincan como si yo fuera, qué gloria, un árbol y una rama y una hoja al mismo tiempo.

Lo que más se extraña de esos territorios es la estridencia de los colores. El mal gusto mexicano llega a tal nivel de virtuosismo que lo confundimos con un sentido de pertenencia, y nos volvemos tristes daltónicos lejos de él.
Comment by La Oruga — December 13, 2006 @ 7:21 pm
Desafortunadamente todavía habemos algunos que no tenemos “siempre a la mano” una cámara, ni siquiera de esas de rollo de 35mm que hay que llevar a revelar “a peso la foto”.
Aunque como en todo, hay un lado bueno de ello… en este caso, apreciar cada una de las palabras que se convierten en imágenes cada que escribe unos parrafos como estos.
¡Saludos! Vts
Comment by Venjamín — December 18, 2006 @ 7:09 am
Oruga dearest:
Tiene usted todísima la razón. Incluso creo que todos los sentidos se conforman con apagados grises sonoros y olfativos. Volver a los colores, al olor de puesto de taco con smog y al ruido citadino es como sacar a Madame Bovary de Rouen y colocarla en el Bronx.
Abrazos de nariz fría hasta su caluroso entorno.
Venjamín desolvidado:
De a centavo mis “fotos”, ya no digamos de a peso. ¡Pero muchas gracias, como siempre!
Espero verlo prontito prontito. ¡Un abrazo coyoacanesco a cumplirse en brevedad, oj-Alá!
Comment by Gabriela Damián — December 19, 2006 @ 5:38 am