La memoria
¡Demonios, qué frío hace!
Los patos en el gran canal se limpian las plumas y se esponjan con la mano helada del viento.
La gente usa suéteres, no abrigos.
El jugo de naranja con guayaba está dulce, dulce.
Mi papá ríe y respira.
Mis tres sobrinos inventan sus propias malas palabras: ¡pato, mono, mandril! (¿qué nos han hecho los changos?)
La gente dice compermiso.
Mi abuelita se enchina las pestañas, pero está tan arrugadita que se pellizca el pellejo.
Las mujeres se pintan mucho.
Yo estoy muy pálida (”chipuja”, diría Doña Paulina).
Las naranjas son enormes.
Me quedo con una mejilla al aire cuando saludo.
La punta de la nariz se me pone roja. Está muy desconcertada. No sabe qué hacer.
En el fondo de la pequeña cantina de casa, reposa desde hace años, muchos años, como esperando este momento, una botella gruesa y casi vacía. Un chango (jocoso placer da escribir, leer y pronunciar esa palabra) adorna la etiqueta. Dice “Yo no me equivoco”. Tras un fondo rojo, unas letras blancas anuncian con severidad “ANÍS DEL MONO. BADALONA”. Un lugar del mundo en el que estuve y fui feliz (¡”BANDALONA”! nos carcajeábamos del graffitti ñero), fui como una hija, un perro y una hermana en las olas altas. El lugar del mar-macho, el mar-ansioso, el lugar en el que el Mediterráneo me arrojaba furiosamente sal entre las piernas como si fuera una mujer a su disposición. Y lo soy, querido Mediterráneo.
La memoria es un laberinto.
El Parc del Laberint d´Horta y su cielo gris atardeciente, su pintura marchita, mis pies caminándolo y él sonriéndome.
El Parque Hundido y sus chicharrones y papas y churrumais con Valentina.
Un laberinto.
La memoria es un mosaico, teselas de caras y esquinas iluminadas y obscuras, y bromas, y narices, palabritas, palabrotas, canciones a lo lejos, canciones que revientan el oído, sangrías y absentas y voll damms y moritz y aceitunas, anillos en forma de libros, lunares y pecas que son constelaciones, ladridos, el metro y los que se lo brincan, gente que pasa y se va, gente que se queda aunque se va.
Un mosaico.
O quizá la memoria es una casa que se afinca en el Presente y estoy condenada a vivirlo, a sentir el ahora, ahorita mismo, el está pasando, como un recuerdo transparente proyectado en una sábana colgada en un jardín, iluminado por una luz que sale de quién sabe qué lugar.
A Barcelona y los amigos que, quedándose, se van.

Extraño a mi perro.
Te prometo que el chango del anís se quedará en la botella, dibujadito nomás. Siempre tendremos los San Juanes (días y paseos), las lunas en la ventana, tus gritos ñeros en la lucha libre, mis fallidos intentos por usar “lo que es” el zapato de tacón. Pero eso sí, pronto nos vemos. En poco más de una semana ladraremos juntas.
¡VIVA DIAGONAL!
Comment by Perrito — December 6, 2006 @ 3:04 am
¡Guau, guau, guau!
¡Aw, aw, aw!(lamento atropelladil)
Yo también te extraño mucho, ¡snif!
¡No sabes cuánto te esperamos!
Y por supuesto:
¡VIVA DIAGONAL!
Comment by Gabriela Damián — December 7, 2006 @ 7:46 pm
Todo cambio implica una abnegación a la fé del porvenir, el acercarse desde uno mismo a lo verdaderamente auténtico porque se ha ganado la estrellita de plata en la frente, por eso el reencuentro y el telón por fin abierto de la gracia de la empanada de guayaba, el cariño protector de la hoja de tlanepa,
encontrarse a si mismo en la ternura del tamalito de frijol… eso deseo también en tiempos perdidos y el trote debajo del abrigo… mucha suerte en el defectuoso. José Carlos Colmenares
Comment by Horacio Oliveira — December 10, 2006 @ 11:08 pm
Carlitos querido, estrellita en la frente para usted por ser así y dársenos a los demás. Lo estimo (catalan way) harrrto y lo añoraré igual. Siga escribiendo, que yo acá, a su salud, me echaré en su honor cantidad de tamalitos de frijol. ¡Besos y abrazos sin aposcahuamiento alguno!
Comment by Gabriela Damián — December 11, 2006 @ 8:51 pm
miss you
castizamente: que bien escribes jodida!!!
Comment by feiranta — January 3, 2007 @ 5:34 pm
Feirantita:
Yo también te extraño horrores. Desde tus ensaladas hasta tus cariños castizos. Pero te llevo aquí, colgada de mi pelo, y en mi mismo esqueleto te tengo tatuada, en honor, por supuesto, de la mujer esqueleto…
¡Te quiero!
Comment by Gabriela Damián — January 8, 2007 @ 1:52 am