Diez días
No sé a qué hora seis meses se convirtieron en diez días, y creo que esa ignorancia es una fortuna: México D.F., ahí te voy de nuevo.
Hoy, 20 de noviembre, a 96 años de la Revolución Mexicana, unos cuantos muchos mexicanos nos reunimos para reflexionar y pachanguear. En la Universitat Autónoma de Barcelona se oyeron sones jarochos y muy buenas ideas expuestas por gratas amistades en una mesa redonda mientras al otro lado de la pared, en la Sala de Cinema, proyectaban la película Crash. Luego nos fuimos a comer a la cafetería de Letras, había alubias y/o lentejas, pescado (”sabe a refri”, dijo Carlos), y una especie de embutidos delgados, como con forma de dedo (y eran como cinco). Así que yo comí un bocadillo de queso con tomate.
Después me entró una de esas tristezas inevitables de trancazo. Tomé el Ferrocarril y justo a las cinco de la tarde, la hora de la salida de las escuelas, los vagones se inundaron de chavitos y chavitas alegres, risueños, gritones. “Qué jóvenes”, me dije con gusto y en suspiro. Hacía mucho que la anciana de mis ojos no hablaba en voz alta. Pasé por una boutique chocolatera glamour y mi tristeza se asomó por mi lengua y me obligó a comprar una enorme palanqueta de chocolate con leche y almendras a manera de medicina. Oh, el Eixample al atardecer, oh, el chocolate con leche, oh, almendras en mis muelas.
Llegando a casa, Claudia, María y yo nos pusimos a trabajar en la Ofrenda Para las Mujeres que Cayeron en la Trampa, un gran altar de día de muertos dedicado a esas maravillosas féminas que nos infunden esperanza y a la vez miedo por su trágica vida interior (Elena Garro, Simone de Beauvoir, Virginia Woolf) que presentaremos con RadioPaca en el Centre D´Art Santa Mònica la próxima semana. Después, una mujer vino a sentarse en nuestro sofá porque quiere colaborar en la radio. En catañol nos contó que estuvo quince años deprimida. Pero ahora está contenta.
A las ocho, en la Plaça del Diamant, en el barrio de Gràcia, mexicanos y variopintas nacionalidades nos reunimos para seguir festejando el 20 de noviembre. Se proyectaron algunos videos sobre el conflicto en Oaxaca, incluso se estableció una conexión telefónica con algunas personas del estado. Decían que la PFP estaba enfrentándose con civiles en el zócalo, que las cosas no estaban tan padres. Y el corazón se nos hizo chiquito cuando nuestros cuates, con hermosos trajes jarochos, bailaron La bruja. “La brisa que levantan sus faldas blancas hacen bailar a las hojas secas de los árboles”, observó el Perrito, poético, como siempre.
Cenamos en un libanés comida que es imposible que no sea deliciosa, aunque una mujer me regañó por una broma mensa que dije en voz alta y que no entendió. El humor mexicano y el árabe son un tanto incompatibles, ay de mí que de forma diluida tengo los dos peleándose en mis venas. Y después el Perrito y yo nos fuimos al Antikaraoke del Sidecar, un bar que está en la Plaça Reial. Es Antikaraoke porque es puro desmadre rockero, nada de cantar a Bisbal o Alejandro Sanz: ¡Green Day y Guns n´Roses son las estrellas! Platicamos con tres chicos de una de las cercanías de Barcelona. Y al despedirnos, uno de ellos me dijo una de esas cosas bonitas que ya no se dicen (y menos con tanta inocencia): Por favor, no cambies nunca tu perfume.
Lo mismo le diría yo a los arbustos de esta tierra que en la noche encienden el aire hasta casi entibiarlo con su aroma.

Oh, el Sidecar, obligada visita después de un programa de trasnoche en el Verdi.
No cambies, desde luego.
Comment by La Oruga — November 23, 2006 @ 12:56 pm
¡Oh, el Verdi y su calle llena se Shawarmas, helados y delicias varias! ¡Las palomitas de 1.50 y las películas EN VERSIÓN ORIGINAL!
Gracias, Oruguita
Comment by lachicadelsiglopasado — December 5, 2006 @ 9:15 pm