Estrellas sin contar
Hay alguien que me reconforta. Nos conocimos hace tiempo. Con sorpresa, descubrimos que a pesar de nuestras evidentes diferencias teníamos mucho en común, y como desenrollando un ovillo nos hicimos divertidos cómplices silenciosos. Esa amistad que fue un intercambio de visiones y entenderes, me llevó casi de la mano y con los ojos vendados al precipicio de la escritura. Me desató delicadamente esa cinta negra para que viera, en toda su inmensidad, el profundo océano de mi destino de palabras. Como nos agrada no coincidir, esto ocurrió cuando dormía y soñaba, mientras yo, unas pocas montañas de por medio, yacía despierta con los ojos muy abiertos.
Poco sabe de lo que ese intercambio provocó en mi ánimo de escribir, de no detenerme, de decidir de una vez y para siempre llenar páginas en blanco con fantasías y tormentas. Sin su extraordinaria amabilidad creo que yo habría seguido de largo, pero no me dejó. “Escribe”, me pidió casi como un favor, y yo no pude negarme, porque independientemente de la simpatía literaria, me sorprende cómo se conduce incluso en circunstancias que a otros pudieran parecerles insignificantes.
Hace poco le vi de nuevo, y fue una sincera alegría la de estrecharnos en ese saludo improbable, pues nuestro lazo siempre fue una cadena de palabras discreta y sensata, sin embargo llena de un afecto transparente y firme. El cielo, cuando obscurece, posee una franja de color impreciso, como una frontera entre la luz y la noche.
Creo que hay cariños similares.
A veces no debemos quedarnos fuera observando los anocheceres. A veces, debemos ser prudentes e imaginar desde dentro ese cielo aterciopelándose, iluminándose por quién sabe cuántos astros que nunca visitaremos.
Y en estos días, en perversa insistencia, la casualidad me regaló otro encuentro. Lo vi de lejos, en su vida, sumergido en el propio río de una existencia que imagino plena, apacible, peces y manzanas. Y yo en la mía, comprendiendo a tropezones algunas sustancias, espuma y tinta derramada. Ahí está su hombro si estiro el brazo. Le distraeré de los granos de azúcar que recoge con los dedos, le distraería de muchas otras cosas. Pero no lo haré. Así, a lo lejos, su presencia me reconforta, es una absurda, feliz e irreverente confianza en la vida, un firmamento abigarrado de quién sabe cuántas estrellas que jamás contaré.

No entendí mucho el texto porque aparecieron caractéres extraños…. pero no importa, quise aprovechar para felicitar el primer año de este blog que me hace sentirme un poco cerca de ti y aunque no nos escribamos directamente, si puedo saber qué sucede en con tu vida. Te quiero.
Comment by Ranita — October 2, 2006 @ 6:39 pm
Sí, la vida sigue y nosotros con ella. Adelante con estos remos, con nuestros dolores y con nuestros sueños a cuestas. Se le quiere, se le extraña y se le espera una vez más a esa sirena, sí, a esa sirena renovada.
Comment by Antonia — October 8, 2006 @ 5:42 am
Llegué a tu blog buscando posts sobre las estrellas y me encantó la sensibilidad con la que tu metáfora encierra en belleza la distancia y la renuncia, que son todo menos bellas.
Hace poco escribí en otro post: “… Por eso la belleza es como las estrellas: todos podemos contemplarla. Para algunos, de pronto alguna estrella es más brillante que las demás. Y por instantes, esa estrella puede ser aún más bella, si cabe, pero es entonces cuando te das cuenta que es una estrella y tú un bardo. La estrella seguirá ahí y eso es lo que le da al bardo la ilusión de la permanencia…”
Saludos Centrífugos!
Comment by Centrífugo — October 11, 2006 @ 12:38 am
Ranitita:
Gracias por ésta y todas las otras cosas que compartimos. Sabes que, de lejitos y con horas de por medio, te extraño (¡Carmelaaa!). Dentro de poco, volveremos a echarnos un coctel de camarones en el Mercado de San Pedro de los Pinos, ¡yei!
Tonysirena:
¡Renovada y con piernas, cómo ño! Le debo mucho pero mucho a usted. Me urge ver cómo la encuentro, ahora. Ya nos narraremos. Un abrazo fuerte fuerte(cuidado con los remos).
Centrífugo:
Centrípetamente le agradezco la visita. Las estrellas, pues, crueles y bonitas. Pero sobre todo, necesarias. ¿Qué sería de nosotros, los que miramos para arriba, sin esos puntitos esperanzadores? Un beso, nos encontramos por este laberinto
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Comment by Gabriela Damián — October 11, 2006 @ 10:19 am
Cervezaaa!!! Dónde estáaaaas!!! Espero que no te hayas perdido en el universo del potcats… Escribe, escribe, que tus letras son para nosotros como estrellas para los marineros en altamar… No nos dejes desamparados…
Comment by laCheve-Cheve — October 19, 2006 @ 4:40 pm
Chevecheve:
¡He vuelto!
¡Ese mundo de exceso y depravación de los potcatsss no logró devorarme! ¡Escribiré! ¡LOA A LA PALABRA! ¡ABAJO AL RSS Y LOS ARCHIVOS MP3! ¡NO A DOVER ELECTRO SIN ÁLVARO!
Comment by Gabriela Damián — October 20, 2006 @ 1:47 am