¡Al diablo!
Hay tres cosas de las que me disgusta hablar: cosas que salen del cuerpo (pipipopocaca y anexos), de dinero, y de política. Esto último no por otra razón más que por mi inseguridad: me siento muy tonta hablando de política. Por supuesto que tengo una postura, por supuesto que me siento responsable y comprometida con causas e ideas, pero los nombres se me olvidan, se me voltean los hechos en el tiempo, confundo caras de señores barbones con otros, en fin. Mi rechazo está marcado sólo por mi propia torpeza.
Pero ahora sí hice el esfuerzo. María, con su acento de gallega indignada, trajo El País hoy y nos dijo “¡Lean esto!”.
Y yo también invito a los seis (6) lectores de este blog a que lean esto.
¿Ya?
Bueno, ahora pueden leer lo que sigue. Como respuesta, queda esta carta redactada entre queso con miel, secadora del cabello y tortilla de patata.
Hemos leído con atención la editorial titulada “El Exceso de Obrador” en la edición del pasado domingo 3 de septiembre. Nos dio la impresión de estar frente a un escrito proveniente de un lugar indeterminado, elaborado quizá en una habitación muy alejada de la realidad política y social de nuestro país, México. Desde su ventana no pueden apreciarse ni siquiera rasgos evidentes, luego entonces, mucho menos los detalles.
España cuenta con la suerte de poseer instituciones soberanas que no pueden, de ninguna forma, ser comparadas con las mexicanas. En el “México Moderno” éstas obedecen aún a los intereses de la política corrupta y los grandes empresarios, no a nuestro pueblo. Una y otra vez se han encargado de demostrar su incapacidad de atender a las necesidades más urgentes de los mexicanos. Nos encontramos a merced de éstas. El gobierno actual utilizó a todas las instituciones para impedir precisamente que seamos un país soberano. Desde la ventana de esa habitación lejana, los medios de comunicación representan una realidad descaradamente falsa, una burla para México. No es serio que El País construya sus editoriales desde representaciones trucadas, retocadas, de la realidad.
Quien afirma que López Obrador es el único que mueve los hilos, el único que impidió que se diera el último informe de Fox, el único que levantó campamentos de miles de personas, el único responsable de las marchas pacíficas de mexicanos en toda Europa, está ciego del ojo izquierdo, el de la Historia. Detrás de un candidato que perdió por un porcentaje irrisorio, está la voluntad de cambio, el hartazgo, la dignidad de todo un pueblo. Así que al diablo con las instituciones, al diablo con la modernidad, al diablo con la democracia, si ésta no incluye a los más desfavorecidos.
¡Al diablo con Claudia, María y Gaby si se aburrieron un rato en este castillito!
