¡Manzanita out!

September 2, 2006

He caído en una depresión total. Ni la fabada de María, ni los chocolates, ni un libro de Ciencia Ficció, ni mis botas de precio ridículo de las rebajas pueden sacarme del hoyo. Mi fiel compañera, la Manzanita (unaiBookG4ornamentadaconestampitasdeheladosgalletasymalteadas) sufrió un colapso más o menos inexplicable.

Barcelona es una ciudad fantasmagórica en agosto (hasta Dios está vacaciones), y septiembre inició fin de semana (sagrado para el descanso catalán, así que ninguna sala de emergencias puede atender a mi amiguita, que luce más pálida que de costumbre.

Estuvo advirtiéndome en varias ocasiones que tenía que liberarle un poco la memoria, y justo cuando comencé a hacerle caso, se negó a seguir trabajando. Estoy que me muero de miedo. Como la persona-mediatizada-promedio que soy, tengo la mitad de mi vida dentro de ella; y claro, como persona-descuidada-promedio que soy, no tengo respaldo de la mayoría de las cosas. Estoy que me muero de miedo porque si mi trabajo literario de tres meses se va al cementerio de los Kilobytes, mi vida dejaría de tener sentido.

Pero aún albergo esperanzas. El lunes correré al servicio informático y enfrentaré a la fatalidad, o no. Mientras, escribo en tres libretas distintas con una pluma fuente que me deja el dedo cordial lleno de una necia tinta negra, y me consuela un poco pensar en que así se veían los dedos de Virginia Woolf (me vuelvo a deprimir cuando recuerdo que estoy a centurias luz de Virginia Woolf). Escribo un relato lleno de tachones, borrones, palabras al margen, flechas y asteriscos, anclada en medio del mar del siglo pasado.

Estoy que me muero de miedo.