Insomnio Regresivo

September 1, 2006

Cuando no puedo dormir me siento exactamente igual que cuando tenía siete años. Me desespero, me tallo los ojos con el dorso de la mano, trato de respirar normalmente, de ignorar las arañas gigantes fosforescentes que seguro me miran desde el techo. Voy al cuarto grande y enciendo la Betamax (¡Au!). Trato de no despertarlos y le bajo casi todo a la tele. Me enrosco como un gato en sus pies, y trato de arrullarme con Mazinger Z. Me despierta más, soy muy fan… Ellos se despiertan. Lo intentamos con Bugs Bunny y Ventolín. Toda chapeada, me despierto y ya no es hora de ir a la escuela.

Pero aquí no hay Beta, y tengo ya veinte años más. Estoy en Vilobí -gracias a una generosa invitación-, en una masía refrescada por nuevas generaciones. Es una construcción increíble, laberíntica, en medio de verdor y olor a rocío. El cielo aquí parpadea constantemente, lo cruzan estrellas fugaces. Montserrat se adivina en el horizonte somnoliento. Hay un perrito viejo que se llama Dos y un queso que lo sube a uno en una nube. Después de un día delicioso y una noche chistosísima, todos duermen. Menos yo.

La casa del asmático es la casa del insomnio. No nos queda más remedio que deambular entre sillas, espejos y otros seres inmóviles. Las casas adquieren un aspecto muy distinto a la luz de las sombras, en la penumbra, en el azulvioleta de la madrugada crisálida, que lentamente se convierte en mañana.

Antes que despunte el día, se puede notar la bella tapicería de un asiento viejo que se esconde bajo capas de polvo, sobresaltarse porque hay sillas con un respaldo tan torneado como un perfecto busto humano (acto seguido: tropezarse, golpearse la espinilla o el dedo chiquito del pie). También es posible descubrir por el balcón a aquellos que salen o entran de casa furtivamente. Imaginar sus vidas, sus motivos, sus recompensas. Y el insomnio se prolonga, pero es más salado, más interesante. Menos penoso.

Deambular por una casa antes del amanecer es arriesgarse a descubrir la verdadera identidad de una mesa, un armario, una cortina de baño.

Los únicos acompañantes en esta aventura siempre son los perros, los gatos, un libro. Un reproductor de música al que se le acaba la pila. Un libro. Éste nos hace compañía de una manera más correcta y gentil. Nos habla entre las gotas que salen del grifo de la cocina y los crujidos de la madera reacomodándose en su sueño. Y también un poco en silencio, la cola, las patas, los grñurrgh de un perro son suaves y reconfortantes palabras. El ronroneo de un gato. La complicidad de una ventana.

Ya amanece. Mi respiración se serena despacio. El sol, que odia los secretos, anula poco a poco el encantamiento. Las fronteras se convierten en puertas, los pasos de un fantasma en la cortina rozando el suelo; esos rostros pálidos, cejones de la pared, se convierten de nuevo en relojes. El trinar de los pájaros es la estocada final a la fantasía. Vuelvo a tener veintisiete.

Vilobí, Vilafranca del Penedès.

2 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://naipesdeopalo.blogsome.com/2006/09/01/insomnio-regresivo/trackback/

  1. Insomnio… por estos rumbos aún sigo sufriéndolo también, y ahora de regreso en la escuela, lo siento más. De cualquier forma, es maravilloso todo lo que puede ocurrir en esas horas… un perfecto tiempo como para ayudar a la feliz Gaby a hacer cualquier página web que necesite. Así que usted nadamás diga y yo con gusto le asistiré.

    ¡Saludos! Vts

    Comment by Venjamín — September 2, 2006 @ 2:59 am

  2. ¡Eeehh!
    ¡Gracias! Le contaré en un mail escrito, seguramente, a las tres de la mañana…
    ¡Besos!

    Comment by Gabriela Damián — September 2, 2006 @ 4:56 pm

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>