¡Feliz Cumpleaños, Castillito!
Hace un año, escribí en un cuaderno unas cuantas líneas de resurrección, pues mi vida había dado la vuelta como un cochecito de juego de feria hasta quedar de cabeza. Con los lentes limpiecitos, la lengüita de fuera y las puntas de las uñas bien afiladas para deletrear con precisión en el teclado, convertí esas letras en impulsos electrónicos. Aquí, en esta gigantesca y cristalina telaraña, están atrapados mis pequeños naipes, las opalescentes paredes de mi castillito imaginario.
Comencé a preparar una sorpresa de aniversario para mis diecisiete (17) lectores -el número aumentó cuando recibí protestas del tipo quenocomentenosignificaquenoleatublog- en este primer aniversario de los Pequeños Naipes de Ópalo. Sin embargo, la Manzanita yace en un hospital semidormida y con sueros y cables conectados a sus frágiles enchufitos, por lo que los regalos están en calidad de secreto de confesión en su memoria. Espero poder obsequiarles algo pronto, cuando mi fiel escudera vuelva de su gigaventura.
Mientras tanto, queden aquí unas Mañanitas con voz de campana, y un profundo agradecimiento a todos los que han pasado por aquí a echarse una siesta en los sofás, a bailar valses al revés en el salón, a escudriñar álbumes de fotos llenos de polvo, a tomar en el sol en el jardín y té en la biblioteca. Gracias por llenar esta casa de ecos y espejos, por compartirse anónimamente conmigo. Los imagino escuchándome con el oído pegado a la almohada, ese rumor puro y crepitante como el lento estirarse del tallo de una planta.
Desde aquí, desde mi vida, les envío un fuerte abrazo que huela, que sepa a tarta de queso, que tenga ese inmenso poder de las cosas que no caben en los vestidos con botones de letras. Desde aquí, el castillito de naipes se enrosca en una reverencia como una nube, en honor de ustedes, los que hacen las historias posibles: los protagonistas, los lectores.
Per Molts Anys!
Gracias y ¡salud! (¿qué les ofrezco: gaseosa, absenta o leche?)
