¿Sueñan los bebés con mensajes electrónicos?
Hace poco menos de un año, sentada en uno de los bancos del metro Alfons X, recibí uno de esos golpes de conciencia, un impacto en el que se unen el asombro y la vaga sensación de estar frente a la revelación de un secreto de proporciones inimaginables. Y todo esto, frente a una pantalla de televisión. El Canal Metro transmitía entre sus noticias "curiosas" un hallazgo polémico: los niños sueñan desde que se mecen en el vientre materno, antes de nacer. En vano traté de "cazar" de nuevo la noticia, pues fue sustituida por datos inútiles (para mí, naturalmente) como el lanzamiento del nuevo cd de Marc Anthony o la subasta de algún vestido de la Reina de Blablabla… y sin embargo, no me abandonó nunca esa nueva certeza, y adoré vivir en un mundo en el que los bebés sueñan flotando en agua tibia.
¿Qué soñarán? ¿Imaginarán este mundo? ¿Verde pasto moviéndose con el viento antes de la lluvia, el siseo salado de las olas en la noche? ¿Formarán a su antojo los rostros de aquellos que les hablan? ¿Van dibujando el mapa de su vida con lo que el arcángel Gabriel les cuenta? Tal vez sus sueños huelen, o se escuchan. Quizá son destellos escurridizos como peces con los que juegan en esa pequeña laguna que es su madre. O construyen historias con el eco inconfundible de las palabras de papá. A lo mejor se regodean en cosas que ella ha visto, y que se las transmiten por las venas , viajando como diapositivas transparentes, diminutas, en la sangre: una cuchara disolviendo azúcar en un vaso cristalino; la luz de sol atravesando el agua, removiendo la arena; el olor de un arcoiris que se refleja en una calle recién mojada (imagino que éstos podrían ser sueños quizá porque yo misma lo soñé. Lo recuerdo, por lo menos. Pero no sé si por haberlo vivido).
Este lunes recibí otro golpe de conciencia. Debería decir dos. El primero llegó al teléfono, después de que mi amigo más mío me indicara amablemente que tomara asiento e inhalara y exhalara dos veces: espera un bebé que llegará con la primavera. No puedo describir lo que siento cuando te imagino, Ekar, sé que serás el mejor papá del mundo.
El segundo golpe llegó por Internet, precisamente aquí, a este blog. Ese mismo día, en una excursión nocturna de emergencia para revisar nuestro correo electrónico (pues no teníamos servicio hasta este bendito puto día), leí el mensaje de Anabell, mi amiga de la infancia, o mejor dicho, amigas del pasado, el presente y el futuro. Sentada en la silla de una oficina en Barcelona, a miles de años luz de esa tarde que entré por la puerta de la cocina de su casa para hacer la tarea y jugar Nintendo, sentí su pancita latiendo en la plateada Argentina que ahora tiene la suerte de arrullarla por las noches. Y tampoco me alcanzan las letras para celebrarte, Annita, y sé que tu bebé estará pleno de dicha porque siempre has sabido dar y darte por completo, iluminar todas las estancias que habitas con tu cariño y tu risa.
Conclusión primera: a las revelaciones cósmicas les gustan los medios electrónicos para manifestarse.
Conclusión segunda: Sé que estas dos pequeñas personitas sueñan con algo que, pese a todos los pronósticos, es posible: que el amor les rodeará siempre. (Besos llorones de Gaby, que los quiere.)
