iPod guardapelo

August 27, 2006

María llegó de México cansada de portarse bien. Su característico desparpajo gallegofeminista se desparramó en cuanto nos abrazamos en la puerta de llegadas del Aeropuerto de El Prat. "¡Qué país!" dijo con una de sus expresivas caritas, y yo aún no sé qué quiso decir con eso. Veracruz le fascinó, pero la Gran Tenochtitlan la aterró.

Llegó cargada de presentes para nosotras: a Claudia, la familia la llenó de dulces y ¡albricias! un TVyNovelas, que ocupa el número 1 de los más leídos en esta casa, incluida la misma María. A mí me llegó un maravilloso librito con dedicatoria de Alfonso, chocolates Carlos V; un cd grabado por Amélie; sorpresivamente, un iPod (esta gente no sabe lo que ha hecho); y una carta de mamá. En ésta venía dentro una foto de ella (glamour total) y Carlitos, el próximo millonario erótico (a decir suyo) que justo ayer cumplió doce años. Y traía consigo una noticia, también: mi hermana no anda muy bien de salud.

No sé muy bien qué hacer en esta ocasión. En realidad, no sé muy bien qué hacer en muchas ocasiones, y el amor que siento por mi hermana me paraliza aún más el sentido común. Ayer que la escuché al teléfono, me tranquilizó, como siempre, como la hermana mayor que le toca ser. Me dijo "no es nada, habrá que ver qué dicen los estudios" risueña, con esa voz que es también la mía, algo así como una música idéntica que decidió ser nuestro único parecido. Hicimos las bromas macabras de toda la vida y nos dijimos lo mucho que nos queremos. Le supliqué que se cuidara y ella prometió que lo haría -sé que no me hará mucho caso-. Pero eso no es suficiente. Yo quiero hacerme corazón y latirle como un reloj perfecto en el pecho.

Es increíble cómo los humanos nos encargamos de hacer una herramienta para los sentimientos hasta de las cosas más ajenas a la carne y las lágrimas. Cuando estoy triste, se me ocurre escribir aquí, en mi propio periódico inexistente, intocable, hecho de ilusiones electrónicas. Y iPodcito (claro, ya lo bauticé) es un sucedáneo de ese instrumento del siglo pasado, el guardapelo colgante del cuello. En él, también inasibles, inodoras, guardo minifotografías que me suben el ánimo. Pero sobre todo, llevo a mi hermana y a sus canciones, esperando que con su ritmo se sincronicen nuestros pulsos, como cuando yo tenía diez años y ella diecisiete, y se abrazaba a mí porque le daba miedo la obscuridad.

¿Sueñan los bebés con mensajes electrónicos?

August 24, 2006

Hace poco menos de un año, sentada en uno de los bancos del metro Alfons X, recibí uno de esos golpes de conciencia, un impacto en el que se unen el asombro y la vaga sensación de estar frente a la revelación de un secreto de proporciones inimaginables. Y todo esto, frente a una pantalla de televisión. El Canal Metro transmitía entre sus noticias "curiosas" un hallazgo polémico: los niños sueñan desde que se mecen en el vientre materno, antes de nacer. En vano traté de "cazar" de nuevo la noticia, pues fue sustituida por datos inútiles (para mí, naturalmente) como el lanzamiento del nuevo cd de Marc Anthony o la subasta de algún vestido de la Reina de Blablabla… y sin embargo, no me abandonó nunca esa nueva certeza, y adoré vivir en un mundo en el que los bebés sueñan flotando en agua tibia.

¿Qué soñarán? ¿Imaginarán este mundo? ¿Verde pasto moviéndose con el viento antes de la lluvia, el siseo salado de las olas en la noche? ¿Formarán a su antojo los rostros de aquellos que les hablan? ¿Van dibujando el mapa de su vida con lo que el arcángel Gabriel les cuenta? Tal vez sus sueños huelen, o se escuchan. Quizá son destellos escurridizos como peces con los que juegan en esa pequeña laguna que es su madre. O construyen historias con el eco inconfundible de las palabras de papá. A lo mejor se regodean en cosas que ella ha visto, y que se las transmiten por las venas , viajando como diapositivas transparentes, diminutas, en la sangre: una cuchara disolviendo azúcar en un vaso cristalino; la luz de sol atravesando el agua, removiendo la arena; el olor de un arcoiris que se refleja en una calle recién mojada (imagino que éstos podrían ser sueños quizá porque yo misma lo soñé. Lo recuerdo, por lo menos. Pero no sé si por haberlo vivido).

Este lunes recibí otro golpe de conciencia. Debería decir dos. El primero llegó al teléfono, después de que mi amigo más mío me indicara amablemente que tomara asiento e inhalara y exhalara dos veces: espera un bebé que llegará con la primavera. No puedo describir lo que siento cuando te imagino, Ekar, sé que serás el mejor papá del mundo.

El segundo golpe llegó por Internet, precisamente aquí, a este blog. Ese mismo día, en una excursión nocturna de emergencia para revisar nuestro correo electrónico (pues no teníamos servicio hasta este bendito puto día), leí el mensaje de Anabell, mi amiga de la infancia, o mejor dicho, amigas del pasado, el presente y el futuro. Sentada en la silla de una oficina en Barcelona, a miles de años luz de esa tarde que entré por la puerta de la cocina de su casa para hacer la tarea y jugar Nintendo, sentí su pancita latiendo en la plateada Argentina que ahora tiene la suerte de arrullarla por las noches. Y tampoco me alcanzan las letras para celebrarte, Annita, y sé que tu bebé estará pleno de dicha porque siempre has sabido dar y darte por completo, iluminar todas las estancias que habitas con tu cariño y tu risa.

Conclusión primera: a las revelaciones cósmicas les gustan los medios electrónicos para manifestarse.

Conclusión segunda: Sé que estas dos pequeñas personitas sueñan con algo que, pese a todos los pronósticos, es posible: que el amor les rodeará siempre. (Besos llorones de Gaby, que los quiere.)

Luna llena

August 10, 2006

Hoy hay luna llena. Como hace un mes. Caminamos rumbo al nuevo piso. Ilumina como una de las farolas del Passeig de Sant Joan. Imagino que el mar debe estar mareado de tanta y tan bien dotada luna. La gente se detiene “¡Mira!” y le toma fotos. Aún nos detenemos a observar las cosas, rodeados de semáforos y cemento, pero nos detenemos. Yo también me mareo.

María está en México, así que por ahora sólo los perros habitamos este piso. Niels, con todo y sus telenovelas chafas, su voz diez decibeles por encima de lo aceptable (hasta hace un mes descubrí que casi no escucha con el oído izquierdo) y sus comentarios misóginos… hace falta. Roberto está a doce cuadras, pero lo extraño, extraño su caminar de vela encendida, sereno y alto, por la casa. Alejandra deja un hueco inmenso, aunque ayer tuvimos toda una tarde juntas. Despedimos a una amiga suya que regresa a México. “¡No puedo creer lo rápido que pasó el tiempo” decía, frente a nuestras miradas entre envidiosas y compasivas. Martin, el alemán rampante, dijo que se quedaría en Barcelona “por tiempo indefinido”. Pienso que de alguna manera, estando aquí o en otro lugar, todos nos encontramos en Barcelona por tiempo indefinido.

Hay una frase que me gusta tanto como me entristece “La vida es una larga fila de personas diciendo adiós”. Para muchos, Barcelona es un no-lugar, una estación de tránsito. “No te enamores en Barcelona” “Es un lugar de paso” “Nadie se toma en serio ni trabajos ni afectos en Barcelona”. Yo no sé, lo veo de manera distinta. Aquí se echan raíces a las que les crecen alas que vuelan por otras latitudes. O quizá es como la luna, que viene y va. Todo viene y va, la misma gente viene y va.

Desde la habitación de Claudia se tiene una vista espléndida del cielo. A veces me siento como este puntito, que “tirita azul, a lo lejos”. Un ínfimo latido enamorado de la luna, que de cuando en espía por una ventana con cortinas rojas.

¿Quién es la luna, qué lugar, la ventana?

Habrá que cambiar la orientación de la cama de Claudia para que pueda ver, recostada desde sus sueños, la luna llena.