Me siento mal porque maté a una cucaracha
No, no es el título de una novela “progre”, ni de una canción wannabe-punkie, es real: acabo de matar a una pobre cucaracha que, por desgracia, entró a curiosear a mi cuarto.
Desde hace ya muchos años tengo un decálogo personal un tanto absurdo (por poner un par de ejemplos: ser amable por sobre todas las cosas, no escuchar nunca, por más de cinco segundos, una canción de Paulina Rubio; leer un libro por semana, no comer betabel ni hígado, no matar a ningún pobre bichito sólo porque me ocasione temor o repugnancia). Absurdo, sí, pero al fin y al cabo un decálogo, lo que me hace sentir una persona con eso que los sociólogos llaman sistema de valores (digo, en este mundo bombardeado es necesario tener, al menos, unas cuantas certezas ético-domésticas). Y lo acabo de romper. Así que me he puesto un poco triste.
Como la pecadora cristiana taaan siglo diecinueve que acude al padrecito para confesar que le dijo tres veces “mensa” a su hermana, le dio un beso de piquito al muchacho de las telas y tiró un bordado a la basura porque no le gustó cómo iba quedando, así acudo ahora yo a este espacio público para evidenciar mi falta y sentir la redención de la vergüenza pública. A manera de justificación, tengo que decir que el cuasi insoportable calor mediterráneo de esta ciudad ha hecho que las cucarachitas hayan decidido pasear de vez en cuando por este piso, sobre todo si el holandesito de la habitación contigua decide traerse la cena a su camita mientras ve telenovelas en “dutch” por internet.
Tenía tanto sueño que la idea de apagar la luz mientras la criatura explorara mis zapatos, mis aretes, mis libros y ¡aaarrrgghh! mis sábanas, no me parecía nada conveniente. Traté de arrinconarla para que se saliera, no se dejó. Le dije “en verdad lo siento” antes de convertirla en una mancha más del suelo. Mi código ético me atormenta y me digo “no es una mancha, es un cadáver”. ¿Quién nos asegura que las cucarachas no tienen un objetivo vital, gustos, planes, deseos? ¿No seremos nosotros, acaso, las cucarachas de la cocina del universo?
En fin, perdonen queridos lectores, pero es que en el mundo aún habemos personas que, literalmente, no mataríamos ni a una mosca.
