Fotos

June 12, 2006

Olvidé el cargador de las pilas de mi cámara en el cajón del buró azul en el que hace ya algunos años un señor -que asumía fervorosamente que mi nombre era Grabiela- tallaba un cometa rodeado de estrellas, allá en Tzin tzun tzan.

Así que echaré mano de las técnicas del siglo pasado (o tal vez, del antepasado) para compartir con ustedes algunas de las imágenes que mi retina ha logrado capturar en esta primera semana barcelonosa. Ahí les van.

EL MAR Y EL AVIÓN

Aquí tienen al mar visto desde la ventanilla que empaño con el aliento. Son casi las nueve de la mañana. El sol, blanco, blanco, hace del agua leche plateada. Las olas son piquitos chiquititos, como cuando un hombre tiene el cabello corto y tímidamente rizado. El avión hace el aire visible. Por debajo del ala veo cómo va dejando esa estela de listones blancos que generalmente vemos embelesados desde abajo. Hay una pista de aterrizaje llena de arena que se hunde, de pronto, en el mar turquesa, y luego sale para construir tierra firme, el fin de un viaje, el inicio de otro.

NUBECITAS

Éstas son las nubes rojas del atradecer. Pero ¿por qué las nubes rojas rojas siempre dan una luz azul rey? Los edificios con nombres de grandes corporaciones desconocidas (pero que seguro influyen en nuestra vida más pavorosamente de lo que imaginamos) son cortesía de El Sistema. Por ahí se coló una gaviota gritona. A espaldas nuestras, el mar y su brisa salada.

EL HOYO Y EL SUEÑO

Aquí está un graaaan hoyo en la calle de Bolivia, que es en la que se convierte Castillejos cuando baja hasta el mar. Enooorme boquete de tierra color canela en el que construirán algo igual de inmenso, supongo. Hay un señor con un casco naranja sentado haciendo cuentas en un cuaderno; otro, sin camisa, camina distraído comiéndose un bocadillo de queso y tomate medio envuelto en papel aluminio. En medio de dos altísimas grúas amarillas, una chica perdida, con el cabello negro revuelto por el aire, los observa. Si hubiera caminado un poco más, habría caído en las fauces del precipicio. Días más tarde, lo soñará.

CHAVELA EN EL PALAU

En esta foto se alcanza a ver, aunque borroso, ese gesto que hace Chavela Vargas cuando susurra cantando La Llorona. Su jorongo rojo y negro y sus cabellos blancos resplandecen delante de las luces cambiantes del escenario. En el Palau de la Música Catalana, el sol abandonaba poco a poco los vitrales, casi causando un inusitado silencio que permitía la total brillantez de la guitarra quieta, respetuosa ante la frase: ¡Si ya te he dado la vida, Llorona, ¿qué más quieres? ¿Quieres más?! Hasta arriba, en el segundo piso, hay unos amigos que comparten la piel chinita de la emoción. Dos duranguenses, un catalán, una gallega y dos mexicanas. El catalán después nos increpó “A ver, a ver, ¿quién lloró?”. Resulta que casi todos. La de la izquierda, la mexicana, la que sueña con que se cae en el boquete de tierra color canela, comenzó cuando Chavela cantó en un lamento Tu boca… bendición de guanábana madura…

ALE IMITANDO AL GOLDEN BOY

Aquí está Alejandrita imitando a Niels. Niels es holandés y es el más joven de nuestro piso. Cada vez que damos una fiesta, hay que lidiar con algún vecino al que ya tenemos hasta la madre con la gente que se carcajea en el balcón, o con mis taconazos, o con la música a la que el rubio de dos metros insiste en subirle. O Claudia o yo abrimos la puerta con la cabeza baja para soportar el regaño y decir “no lo volvemos a hacer”. Bueno, pues ahora Niels fue quien salió a enfrentar al vecino. Abrió la puerta y le dijo bailando Do you wanna dance with me? Estamos estudiantes y somos dando un fiesta, la música es bien, no vamos a bajar el volumen, se puede, ¿no?. Y he aquí la foto: Alecita apoya un brazo en el refrigerador, pone mirada seductora y dice Do you wanna dance with me? sin dejar de llevar el ritmo que seguramente enfureció a nuestro pobre señor del quinto… aunque bueno, el holandés dice lo contrario. Dice que, en sus vagos recuerdos etílicos, está el del vecino que se aleja hacia el elevador, riéndose.