Cuenta regresiva

May 3, 2006

¿Quién tiene la culpa?
La tiene el que puso el Wild Mood Swings de The Cure el jueves pasado en el Taller donde nos reunimos los Sogem después de nuestra última clase de la semana. La tienen Belle & Sebastian, Björk, Radiohead -como siempre-, CocoRosie, Claudia y sus Counting Crows.

La tienen y no. Más acertadamente, la culpa la tengo yo por no hacerle caso a Platón cuando decía que la música era peligrosa, cuando incluso reclamaba que el Estado tendría que regular su poderosa influencia. La culpa la tengo yo por ¡al fin! decidir un camino claro, distante, definitivo, aunque temporal.

Anoche no pude dormir, y supe por qué hasta que me cansé de ver la pared detrás del mosquitero: cuenta regresiva. En un mes exactamente, estaré volando a Catalunya de nuevo, y dejaré por un buen rato esa enorme columna de afectos que me sostiene y me reconstruye cada día. Allá voy de nuevo, con la conciencia más clara que he tenido en mi vida, con la convicción más profunda que se me ha metido entre la carne y el manicure francés, con las mariposas en el estómago más revoloteadoras que hayan podido crecer dentro de mi pechito.

Allá lejos, el año pasado, la Monedita de la Suerte me dijo una vez “Yo siento que ahorita sólo estás preparando tu bibliografía”. Y tenía toda la razón.

Voy a escribir, jóvenes, a escribir en serio, y no es que Chilangolandia no sea un gran lugar para hacerlo (lo es, y es mi casa, y es la casa de los que amo), sino que, como toda heroína neófita, como toda Incipiente Iniciada, debo realizar un Viaje, un Trayecto. Debo ir al Desierto una vez que aquí Gaby La De Antes y Yo hicimos las paces y cerramos la ventana por la que aún entraba aire de antier.

Estoy hablando con la gente y abrazándola y anhelándola como si fuera a morirme. Y es que en realidad así será. Ésta que soy tiene los días contados, va a convertirse de Aspirina a CafiAspirina, de Beta a VHS, de Cajita Feliz a Paquete con papas grandes. O al menos eso espero.

Tengo miedo. Soy una oruga que siente la necesidad de tejer su capullo. (me acuerdo de la película de Katy la Oruga, ¡ojalá y se me transformara también esa sombra pachoncita!). Tengo miedo.

Sin embargo, no hay por qué tenerlo. Un perro caminando junto al otro, la doble y su doble en una de tantas noches que no es como ninguna otra, en Ramblas, pasadizos y caminos de arena.

El mundo no es un pañuelo, es demasiado grande y yo demasiado pequeña para ir, a saltos, de mis padres a Gràcia, de Claudia a mis sobrinos, de Llucmajor a mi hermana y a Doña Paulina. Y el mundo se va haciendo enorme cuando a éstas fotos de familia agrego sus nombres, amigos, para quienes tengo palabras y reverencias escondidas más grandes y hermosas que mi propia garganta, que es bastante torpe para decir “gracias” y “te quiero”.