El efecto Cortázar
La última vez que tuve un encuentro con uno de mis más amados autores acabé llorando como la Magdalena. Visité su tumba y al principio me reí un montón: en el lugar donde, se supone, se colocan flores que adornen el sepulcro, la gente se ha dedicado a dejarle breves misivas, agradecimientos, confesiones, poemitas garabateados… una de las reacciones más comunes del visitante es la de, obviamente, leer algunas de estas muestras de cariño en papel, hasta que se encuentran con el letrerito que aparece en la foto junto a mi guante de asesina cereal (que no “asesina serial”):

¿No alcanzan a leer? Dice:
¿Y vos por qué cuernos lees la correspondencia de Julio?
¡Jajajajajajaja!
Bueno, después de esos instantes de carcajada feliz, me vino un llanto incontenible. En parte porque era el último día del 2005, porque a ratos nevaba, porque me dio tristeza pensar en que ya nunca más escribiría algo para nosotros … Pero sobre todo porque Julio y sus Cronopios significaron toda una época de mi vida, una vida que en ese momento se despedía definitivamente, como el 2005, como la gente en el cementerio, como Cortázar.
Hoy me lo volví a topar, en clase. Al principio era Julito, pero después se fue convirtiendo poco a poco en recuerdos, en los fantasmas que más miedo me dan. Fue el pinche Capítulo 7 de Rayuela, fundamental en la vida de aquella que yo era hasta hace muy poco. Escucharlo sin ya ser ésa fue como perder el aire de golpe… no pude ni intentar disfrutarlo. Como cuando a un niño le gana la pipí en el salón, así me ganó el llanto a mí.
Lo bueno de todo esto es que sé que después de llorarle, vienen ojitos hinchados, sí, pero también un nuevo año, y nuevos intentos por leer Rayuela como si fuera la primera vez.
¡Quien quiera empezar mañana de nuevo un Año Nuevo, únase!
(¡Y quien quiera empezar a leer Rayuela, también!)

El deber de todo cronopio es leer la correspondencia ajena, especialmente si es amorosa.
(Y gracias: había leído en algún lugar que la tumba de Cortázar estaba en el abondono. Si hay guantes de una cereal cerca, no puede ser así.)
Comment by La Oruga Gritona — February 6, 2006 @ 1:43 am
No, todavía le caen flores, lagrimitas y cadáveres de frutilupis.
Ñam ñam…
Comment by Gabriela Damián — February 6, 2006 @ 5:21 pm
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana… ejem, perdón por la idiotez, pero no pude evitarlo. Hace mucho tiempo Rayuela también significó mucho para mi. Lo de la carta sólo puede haber sido escrita para alguien con guantes rosas y chamarra verde. Creo que leyendo tu blog comienzo a sospechar de las conspiraciones cósmicas así que me iré con cuidado, pero seguro que regresaré.
Comment by Ya Vax — April 26, 2006 @ 1:10 pm
Ya vax:
Eso espero (Es sabio tomar distancia ante las fuerzas cósmicas). ¡Nos topamos por estos aquíes!
Comment by Gabriela Damián — April 27, 2006 @ 6:18 am
Cortazar
Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914. Sus padres eran argentinos y volvieron al país cuando este tenía cuatro años de edad. Toda su infancia transcurrió en Banfield, ubicado en la provincia de Buenos Aires.
En 1932 obt…
Trackback by BlogLibros — June 24, 2008 @ 10:42 pm