Concurso de Poesía

February 14, 2006

El ambiente está plagado de voces escuinclas, de “¡ssshhsss!” y “Rafael y Mariana, guarden ya silencio, ¿sí? POR FAVOR”. Hay sólo unos cuantos padres despistados sentados detrás de 5oA , 5oB y 6oA y 6oB. Detrás, a la izquierda, hay una abuela glamour de roja cabellera, una hermosa mamá pecosa sosteniendo a una pispereta de dos años, un papá localizando el mejor ángulo y bueno… una tía nerviosa, nerviosísima, tomando fotos tan, pero tan malas como ésta.

Después de que la coordinadora-directora-o-no-sé-qué fregados presenta con poca simpatía y elocuencia a miss Pili, Lucy, Pepi, (o las chicas del montón…), suplica a los asistentes a no reírse, burlarse, gritar o exclamar de forma alguna a partir de ese momento. Y luego dijo “Daremos inicio al Concurso de Poesía” (los inicios se dan, ya desde ahí empezaba lo poético, sin duda..)

Y comenzó.

La primera participación fue de una niña que, en realidad, no declamó un poema… sino una imaginaria tragedia nuclear en México, narrada con sollozos, gritos que exclamaban “¡¡SE ME CAE EL PELOOO!! ¡¡AYÚDENMEEE!! ¡¡ME MUEROOO!!” El público se deshacía en aplausos. La tía sólo pensaba “inche tramposa…” A ésta le siguieron muchas y variadas participaciones, iban y venían los chamacos de quinto, y luego de sexto, recitando poemas de Amado Nervo, Rubén Darío, Fulano de tal, Mengana de Cual, unos graciosos, otros melosos hasta el hartazgo, otros más chantajistas (”Poema al maestro, dedicado a todas mis maestras presentes a las que quiero mucho con todo mi corazón”), en fin…

Y en eso, ta táann… La mujer de jerarquía indefinida dice con solemnidad al micrófono:

“Carlos Salas Damián, representando a 6o A, participará con la poesía titulada “Miradas”, del autor… Carlos Salas Damián”.

Un murmullo llenó la sala, oh, sí. Era el único participante con poema propio.

La tía hacía pendejadas con la cámara y aplaudía al mismo tiempo. El sobrino subió nervioso, pero seguro, al escenario. Y comenzó a hablar con voz amable, aquella voz de quien nos viene a dar algo sólo si lo queremos. Sus once años traviesos, gandallas, tiernos, brillantes, estaban parados ahí, frente a todos nuestros años. No exageraba, porque no había un fantasma Amadonervoso ni Daríoesco moviéndole los brazos. A veces se alejaba del micrófono porque enfatizaba sus palabras con la mirada. Nos contaba algo que había bordado con sus propias palabras.

La tía, de por sí pendeja, prefirió ver al sobrino en vivo que por la pantallita minúscula de la cámara. Cuando acabó, la tía aplaudió, y gritó, y sonreía y sonreía y no podía dejar de sonreír, como si se hubiera puesto en la cara “Cosméticos Guasón”. La tía sonreía tanto, que tenía los ojos como vasos con agua.

Pausa. La tía y la mamá pecosa comentan, emocionadas, La mamá, humilde, orgullosa, dice “él no quiso participar con la poesía de nadie, él solito la escribió. Yo nada más le sugería…” La pildorita de dos años corre en círculos, ajena al estrés certamental. El papá corre detrás. La abuela glamour espera con un gesto sereno que sólo su corazón sabe completo.

La coordinadora-directora-jefa anuncia el primer lugar. Es para Jazmín no sé qué. La tía bloquea su sentido auditivo para preparar la cámara. Sabe que el siguiente nombre es el de su sobrino. Simplemente lo sabe, instinto de tía. Y así es, y la tía grita (prohibido), brinca (prohibido), aplaude (permitido), sale corriendo (prohibido) y trata de tomarle foto al Carlitos. El sobrino la mira, contento, contento. Y ella se dijo “Así que esto significa sentirse orgullosa…”

Premio (dulcecitos y una libretita… ¿rosa? ¡¿de Winnie Poo?!), brevísimo encuentro familiar, salida de la sala. Garabateó la tía una carta para el sobrino. Se escapó para ir a dársela a su salón. El sobrino, amante de las transgresiones, agarró la nota y abrazó fuerte a la tía. Despedida familiar, qué chido, qué bueno, felicidades, nos vemos luego, adiós Paulinita preshiosha, bye.

La abuela glamour y la tía comentan lo orgullosas que están del Carlitos (ahora ambas lo saben). La tía dice que el segundo lugar fue glorioso, que incluso merecía el primero. La abuela le dice, extrañada “…Pero si fue el primero. Empató con la otra niña”.

La tía dice “…”

Llamada telefónica coche a coche, tía a mamá “Oye, Tita… ¿que el Carlitos empató en el primer lugar?”
“Pues sí, cómo no sabías, ¡hasta pensé que por eso habías brincado y gritado y todo eso!”

La tía, ya lo sabemos todos, está pendeja. Pero su sobrino no. Carlos le habla al mundo con voz propia, imaginando, inventando, corriendo atrás de lo bonito: es un poeta. Y yo soy su tía. No tienen idea de lo que para mí significa…

Te quiero mucho, mi Carlitos. Tenemos un librín pendiente (y también unas cuantas diabluras…)

El efecto Cortázar

February 2, 2006

La última vez que tuve un encuentro con uno de mis más amados autores acabé llorando como la Magdalena. Visité su tumba y al principio me reí un montón: en el lugar donde, se supone, se colocan flores que adornen el sepulcro, la gente se ha dedicado a dejarle breves misivas, agradecimientos, confesiones, poemitas garabateados… una de las reacciones más comunes del visitante es la de, obviamente, leer algunas de estas muestras de cariño en papel, hasta que se encuentran con el letrerito que aparece en la foto junto a mi guante de asesina cereal (que no “asesina serial”):

¿No alcanzan a leer? Dice:

¿Y vos por qué cuernos lees la correspondencia de Julio?

¡Jajajajajajaja!

Bueno, después de esos instantes de carcajada feliz, me vino un llanto incontenible. En parte porque era el último día del 2005, porque a ratos nevaba, porque me dio tristeza pensar en que ya nunca más escribiría algo para nosotros … Pero sobre todo porque Julio y sus Cronopios significaron toda una época de mi vida, una vida que en ese momento se despedía definitivamente, como el 2005, como la gente en el cementerio, como Cortázar.

Hoy me lo volví a topar, en clase. Al principio era Julito, pero después se fue convirtiendo poco a poco en recuerdos, en los fantasmas que más miedo me dan. Fue el pinche Capítulo 7 de Rayuela, fundamental en la vida de aquella que yo era hasta hace muy poco. Escucharlo sin ya ser ésa fue como perder el aire de golpe… no pude ni intentar disfrutarlo. Como cuando a un niño le gana la pipí en el salón, así me ganó el llanto a mí.

Lo bueno de todo esto es que sé que después de llorarle, vienen ojitos hinchados, sí, pero también un nuevo año, y nuevos intentos por leer Rayuela como si fuera la primera vez.

¡Quien quiera empezar mañana de nuevo un Año Nuevo, únase!

(¡Y quien quiera empezar a leer Rayuela, también!)

Cuco, escritor

February 1, 2006

Me levanté un momento de mi puesto delante de la pantalla cuando, al volver, me quedé petrificada en la puerta porque me topé con el siguiente cuadro:

El muy cínico me miraba con las patotas en el teclado. A pesar de todo, conserva un poco la buena educación que esta familia le ha impartido, y se apartó para dejarme leer lo que había hecho. Es esto:

Yyyyyy77uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
uuuuuuuuuuuuuuuuuuuu666666677777777777

Seguro, seguro que es algo trascendente que no alcanzo a comprender. Si alguno de ustedes que ha leído “el mensaje de Cuco, el escritor” puede descifrarlo, le estaré tan agradecida que le permitiré dormir seis (o siete) noches junto a tan brillante y obeso ejemplar gatuno.
Ahora ronronea junto a mí, pero eso sí sé qué significa (y me hace muy feliz)…