Barcelona

Cuando llegué a esta ciudad hace cuatro estaciones, me cobijaron los calurosos brazos de mis amigas. Una y otra vez me había preparado para este viaje, una y otra vez el plan infinito me había llevado hasta la Ciudad Condal, pero en esta ocasión sería diferente. Barcelona se dejó acariciar y, además, fue generosa, discretamente generosa. Me dio una lengua más, un nuevo repertorio de palabras para ser yo misma con otra voz, me dio ideas diferentes e ideas iguales, me dio aprendizajes a palos, decepciones, el placer de las sorpresas, ojos sonrientes y abrazos de amigos entrañables. Me dejó sentir a Europa, querer a Latinoamérica, llorar y desear, morir y renacer, paisajes y besos de cuento. Sí, eso: a veces me sentí dentro de un cuento. y en él, los pavorreales vivían dentro de casonas plagadas de valses, la lluvia hacía brotar mariposas del asfalto, diminutos augurios blancos flotaban en el aire anunciando la primavera. El Cuento se escribió en trenes y buses, en ventanas y parques. La ciudad entera es un libro ahora que narra montones de historias, y una de ésas es mi cuentecito.
Me regaló una postal de mí misma en el preciso paisaje del preciso presente, me obsequió la revelación de que no estoy sola, de mi doble, del amor de los perros por ladrarle a las olas, y el amor de las olas, que responden y curan con su voz de espuma.

En una de esas veces que compartimos archivos, el buen Alfonso dejó esta imagen en mi manzanita. Ignoro de qué lugar se trata, pero ahora que Barcelona se aleja de mí, caminando despacito hacia atrás, puedo decir que podría ser cualquiera de sus esquinas.
Creo que sus habitantes no tienen idea de lo hermosa que es la luz de Barcelona. Quiza la misión de los que viajamos a ella sea decirles, “¡mira!” y lograr que la vean a través de nuestros ojos asombrados. Y que ellos también, los nacidos, los de paso, los que la desean, se vean a sí mismos. Como si fuéramos, cada uno, un minúsculo e infinito espejo. Y allí dentro, abrazarnos. Entender que el Cuento existe, y que la entrada está en los ojos de los otros.
Pongo aquí las letras con las que se escriben las historias, con las que también se escriben nuestros nombres. Con ellas, cada uno puede construir el suyo. Aquí estás tú, y ella, y él, y Barcelona. Un espejo fundido con el calor de las palabras. Gracias, y Gràcies. A todos. A tothom.
A B C Ç D E F G H I J K L M N Ñ O P Q R S T U V W X Y Z

Cau aigua neu! Però no quallarà perquè el sòl està mullat. Va regressar el fred amb força. Com en una pel·lícula blanc i negre, la neu líquida li dóna encara més llum a aquesta ciutat que et plora i que no s’acostuma a la teva absència. És una celebració més! T’esperarem, la llum, el mar, i jo per a l’estiu. Llavors, l’aire tindrà sabor a sal.
T’estimo molt
Comment by PERRO CON NARIZ FRÍA — January 27, 2006 @ 12:13 pm
I jo acudiré puntual a la nostra cita…Tant de bo y poguessim fer correr al temps, al mar, i a les nostres gosses més ràpid que l´hivern, i que el printemps, i que els primers alens de l´estiu. Traurem la llengua per atrapar la sal que flotarà en el nostre aire!
I jo a ti.
Comment by Perro con nariz húmeda — January 28, 2006 @ 4:41 am
Gracias, muchas gracias Barcelona, por haber querido, cuidado, protegido y tantos importantes sentimientos y sobre todo aprendizajes de vida que le diste a mi princesita. Yo creo que muy pronto tendrás que hacer lo mismo, pero en esta ocasión para más personas que tenemos la ilusión de conocer, sentir y sobre todo, estar contigo.
Gracias de todo corazón.
Comment by Carlos Damián. — January 28, 2006 @ 10:22 pm
En Barcelona vi nevar sobre el mar, los agujeros dobles que en el concreto del umbral de un hotel al final de la Rambla habían dejados los tacones de las prostitutas a las espera, vi la Sagrada Familia cubierta de fuego y las calles rectas rectas hasta el mar.
Barcelona nunca te deja; tú, a ella, tampoco.
Comment by La Oruga Gritona — January 30, 2006 @ 2:33 am
Gracias a ti, papá, por hacer con hecho y palabra, cada día, tres peldaños para que los suba. Son los peldaños de la escalera de un castillo, el castillo donde habita esta familia y esta escuincla que te ama porque juntos confiamos en las cosas buenas. Como en la secundaria, en esas cartas antes de entrar a los exámenes: “te quiero como no tienes idea”.
Comment by Gabriela Damián — January 30, 2006 @ 2:38 am
Gracias, Oruguita. Espero que también mis tacones, menos valientes y afilados, dejen un eco que suene al crujir de la nieve y al respirar del mar. Y aquí (que es allá) espero seguirte leyendo como allá (que es aquí), allí, en ese lugar donde la gente pasa y saluda en el collage de calles revueltas que pueblan nuestra memoria.
Comment by Gabriela Damián — January 30, 2006 @ 3:10 am
Las coordenadas las decidió el destino, Barcelona nos recibió con los brazos abiertos y nos puso en el camino… nosotras simplemente coincidimos e hicimos que esto creciera, amiga se te extraña por acá, un beso enorme
Comment by josefina — January 31, 2006 @ 9:41 am
¡¡La Jose!!
¿Cómo van caminando esos tres meses? ¿Qué tal mi Cibernàrium? ¿Los italianos que caminan por las Ramblas? ¿la mancuerna Dulce-Josefina? ¿Y el hogar de Anita la Huerfanita? Blanca, la Ceci… tú?
Extraño mucho tu permanente sonrisa, tu mano amable tocando mi hombro, tus sabios consejos, y tus dudas inteligentes de buena persona.
Te quiero mucho, te añoro y te deseo una feliz Barcelona. El Metro Chabacano podrá esperar…
Comment by Gabriela Damián — February 1, 2006 @ 8:08 am
admiro, en serio, la forma en que quieres todo lo que te rodea. Ojalá pudiera yo también sentirme así todo el tiempo. Barcelona siempre se ma ha figurado a esas tarjetas de Kukuxumusu que me mandabas, siempre fue un suelo blando para mi, pero es mejor no tener una mala idea y que estes tu para corregir
Comment by Isobel — February 10, 2006 @ 10:38 pm