Veracruz, aterrizaje forzoso

January 30, 2006

Llegué hace poco más de una semana a la Ciudad de México. Me lo dijo el piloto del avión, por un altavoz. Me lo dijeron la voz de mis tres sobrinos, mis lágrimas y las de mi papá, la hermosa sonrisa roja de mi mamá, y el abrazo fuerte fuerte fuerte (un alivio) de mi hermana. También los rostros, bellos, de mis amigos. Me lo dijo la risa y el “gracias” y el “¡órale!”que inunda las calles. Los chingados tacotes al pastor con Boing! de mango que me eché hora y media después de aterrizar.

Sin embargo, todos ellos habían estado tan cerca, ¡siempre! Me sentí caminando en el reverso de las mismas calles: Ronda Guinardó es la cara de Churubusco, que es cruz, Centenario se cruza con Verdi, y a mi cuarto entran como sombras Taka, y Ale, y Niels, y Claudia… Es como si ambos lugares tuvieran los armarios conectados, o las cocinas, o las escaleras y semáforos. No sé cómo hacíamos, pero entrábamos y salíamos, y estábamos tan cerca…

Sin embargo, Tony me invitó a comenzar El Viaje Prometido. Sí, ése en el que cada uno de los integrantes de esta minipelícula nos prometimos ir a visitar el hogar de los otros. Así, de pronto me encontré en Veracruz, la tierra de las historias de mi mamá, de mi abuelita, de mi abuelito, de los Miravete. La tierra, mía de puros cuentos, que yo cantaba y añoraba desde el otro lado del mar. Desde el Mediterráneo, que es la cruz del mar del puerto jarocho, que es cara…

Llegamos a Córdoba, la Córdoba de Tony. Y familia, y picardías, y cariño, y comida, y risas y más risas, y cervezas, y brujas y brujos, y árboles y noche, y cuentos, y hablar de lo importante como si no lo fuera, y sentir ganas de llorar de puro contento nomás por morder un elote con mayonesa y chile, por sentir que la magia y los chaneques nos rodean en el interior de un túnel que parecía cerrarse con el crepúsculo, por sentir miedo y gracia de respirar porvenires en los sueños… todo eso me ha hecho decir hoy, con un gato lamiendo estas teclas, con mi cuarto lleno de maletas sin deshacer: “Ya llegué”. De vuelta en el DeFectuoso, mi casa parece más mi casa.

Ya estoy aquí, y no sé qué tengo que hacer para merecerme esta tierra. La tierra de las historias de mi mamá y de mis abuelos, mía de puros cuentos, a la que yo cantaba y añoraba desde el otro lado del mar.

Gracias, Tony (Ale), amiga, por prestarme tu pista para este aterrizaje.

Barcelona

January 27, 2006

Cuando llegué a esta ciudad hace cuatro estaciones, me cobijaron los calurosos brazos de mis amigas. Una y otra vez me había preparado para este viaje, una y otra vez el plan infinito me había llevado hasta la Ciudad Condal, pero en esta ocasión sería diferente. Barcelona se dejó acariciar y, además, fue generosa, discretamente generosa. Me dio una lengua más, un nuevo repertorio de palabras para ser yo misma con otra voz, me dio ideas diferentes e ideas iguales, me dio aprendizajes a palos, decepciones, el placer de las sorpresas, ojos sonrientes y abrazos de amigos entrañables. Me dejó sentir a Europa, querer a Latinoamérica, llorar y desear, morir y renacer, paisajes y besos de cuento. Sí, eso: a veces me sentí dentro de un cuento. y en él, los pavorreales vivían dentro de casonas plagadas de valses, la lluvia hacía brotar mariposas del asfalto, diminutos augurios blancos flotaban en el aire anunciando la primavera. El Cuento se escribió en trenes y buses, en ventanas y parques. La ciudad entera es un libro ahora que narra montones de historias, y una de ésas es mi cuentecito.

Me regaló una postal de mí misma en el preciso paisaje del preciso presente, me obsequió la revelación de que no estoy sola, de mi doble, del amor de los perros por ladrarle a las olas, y el amor de las olas, que responden y curan con su voz de espuma.

En una de esas veces que compartimos archivos, el buen Alfonso dejó esta imagen en mi manzanita. Ignoro de qué lugar se trata, pero ahora que Barcelona se aleja de mí, caminando despacito hacia atrás, puedo decir que podría ser cualquiera de sus esquinas.

Creo que sus habitantes no tienen idea de lo hermosa que es la luz de Barcelona. Quiza la misión de los que viajamos a ella sea decirles, “¡mira!” y lograr que la vean a través de nuestros ojos asombrados. Y que ellos también, los nacidos, los de paso, los que la desean, se vean a sí mismos. Como si fuéramos, cada uno, un minúsculo e infinito espejo. Y allí dentro, abrazarnos. Entender que el Cuento existe, y que la entrada está en los ojos de los otros.

Pongo aquí las letras con las que se escriben las historias, con las que también se escriben nuestros nombres. Con ellas, cada uno puede construir el suyo. Aquí estás tú, y ella, y él, y Barcelona. Un espejo fundido con el calor de las palabras. Gracias, y Gràcies. A todos. A tothom.

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Cumpleaños perseguidor

January 9, 2006

Nieve y yo

Ahí viene, detrás de mí, como los malos de las películas, lento pero seguro, sobrenatural e inevitable. Ahí viene, chan, chan, chan, chan… ¡CHAN!

Así llegó también el Año Nuevo, sólo que lo estaba esperando distraída (como siempre cuando espero) y no me di cuenta cuando llegó. Como yo no reparaba en él, y seguía en lo mío, me dio un zape para que ya no lo ignorara.

El cumpleaños ya llegó. De puntillas, está a mis espaldas. Con dulzura, mira cómo leo. Despacito, me hace “pssst!” tocando con su fino índice mi hombro izquierdo. Yo me doy la vuelta, y ahí está. Es un espejo y un milagro. En sus ojos están todos los que quiero, todos, incluso los que me han olvidado.

Siento por breves momentos que La Vida me observa. Le sotengo la mirada. Somos cómplices, como aquellos que se quieren aun con la certeza de que nunca se confesarán sus secretos. La Vida, hermosa, vieja, me mira. Y entiendo que ella y El Tiempo algún día tendrán nostalgia de mí, de este cuarto, de mi pijama, de mis ojalás. Un día, quizá, para ellos signifique algo que yo haya existido.

Como mi mamá cuando me ayudó a salir de la nada para estar en el mundo:

tengo 27 años.

(Gracias a Claudia por la foto nevada. Cuando caen copos de nieve, seguimos siendo niños)