Perros
Para Perrito
Esta maravillosa imagen ilustra aquella canción de Cri Cri que decía
Al perrito le duele la muela (a modo de coro, aullidos de fondo)
le dolió por morder la cazuela (¡más aullidos!)…
Si usted que lee nunca ha compartido techo con un perro, permítame decirle que se está perdiendo de LA experiencia. Uno vive momentos de extrema e irremediable hilaridad, extrema e irremediable sensación de lo sublime, y extrema e irremedable tristeza.
Yo a veces sueño con Odie. Me la trajeron los Reyes Magos cuando tenía ocho años y leía como loca cómics de Garfield. Vivimos juntas durante quince inviernos, en los que descubrí cómo el silencio, las patas y la mirada de un perro son sagrados. Sueño que viene y me lame las manos, me despierta. Veo su carita canosa, agarro sus patas y las beso. Siento su pelo y escucho su cariño. Sueño que dormimos juntas, como cuando ella era un cachorro, y yo también.
A Claudia se le van los ojos cuando por la calle camina un pelaje negro y brillante sobre cuatro patas, o un travieso labrador del color de la leche con azúcar. Extraña a las niñas, a Gala y a Musa. Se intenta distraer para que el aire le seque las pestañas.
Ahora vivo con un perro. Y el perro vive conmigo, su perro. Ambas nos consolamos rascándonos por detrás de las orejas. Inventamos todos los días maneras perrunas para la otra. Nos saludamos “¡Hola, perro!”, “¿qué onda perrín?” . Todo mundo nos pregunta a Claudia y a mí la razón de tan “agresivo” apodo ¡si son tan amigas! Y nosotras, con paciencia canina, les respondemos que es una de las mejores cosas que se le pueden decir a una persona, sí: perro.
Y como perros, nos tenemos la una a la otra, para siempre. Y nos iremos a buscar con la cola en alto, sonrisa permanente. Y esperaremos a la otra en la puerta. Y cuando estemos juntas, brincaremos, brincaremos. Y haremos como que soñamos. Nosotras nada sabemos de kilómetros u horas. Nomás de querer, y estar.
¿Verdad, perrito?

Estoy frente a la ventana esperando a oir que tu llave abra la puerta. Me guías hacia el cielo como buen perro. Pues invidente yo, eres el lazarillo de pelo azulado que me comparte sus ojos. Bendita generosidad.
Ahora, nada me duele más que la próxima espera en vano. Tenemos, bien sé las otras ventanas, las mediadas. Moveré la cola, las patas y todo mi carnoso cuerpo (al estilo Gala) cada que toques a mi puerta virtual. Nos reiremos de las “coincidencias”, de las telepatías y tristuras que nos hacen llorar a carcajadas. Encara que un a Mèxic i l’ altre a Catalunya, bordarem junts i seguirem fent de la lleialtat, el més deliciós de les nostres xocolates.
Te adoro, perro mío.
Comment by El perro — December 26, 2005 @ 8:07 pm
Lo que quiero compartir con ese par de perros que se encuentran tan lejos de esta Ciudad de México, son mis lágrrimas de una mamá extrañando a su hija y que se complace en saber que cuenta con una amiga tan cálida y amorosa como lo son los perritos.
Comment by Guillermina Solís — December 29, 2005 @ 4:30 am
Caray hijita, me quedo con la boca abierta y siento una emoción tan grande que ya sabes lo ridículo que soy o mas bien sensible o yo no se que es, pero me haces llorar y mis lagrimas son de las que se siente bonito. Te felicito, siempre sabes dar sorpresas muy agradables y estas es una más. Te quiero muchísimo.
Comment by Carlos G. Damiàn D. — January 3, 2006 @ 4:48 am
A mi perro:
Hhh, hhh, hhhh.
Arrrrrr, arrrrrr…
hh, hh. War, mmmmiiijjjj.
Comment by Gabriela Damián — January 9, 2006 @ 7:44 am