Las Historias

December 23, 2005

Para aquellos que siguieron la recomendación de salir corriendo de esta bitácora para que leyeran la del gran escritor mexicano Alberto Chimal (en lugar de mis dramas baratones -término empleado por el joven Venjamín-), ya habrán notado que en Ánima Dispersa hay un cartelito tipo tienda de la Narvarte: “¡Nos cambiamos aquí, a dos cuadras! Le seguimos atendiendo“.

Ahora, la fiesta cambia de casa y de mood. Los invito, nuevamente, a que abandonen inmediatamente el castillito de naipes y corran a Las Historias, la bitácora en la que Chimal ha decidido hacernos sentar, ávidos, alrededor del fuego, sin importar el crujir de hojas secas ni el ulular misterioso del bosque nocturno. Vayan y devoren historias, por su bien.

Perros

December 22, 2005

Para Perrito

timbre perrito

Esta maravillosa imagen ilustra aquella canción de Cri Cri que decía
Al perrito le duele la muela (a modo de coro, aullidos de fondo)
le dolió por morder la cazuela (¡más aullidos!)…

Si usted que lee nunca ha compartido techo con un perro, permítame decirle que se está perdiendo de LA experiencia. Uno vive momentos de extrema e irremediable hilaridad, extrema e irremediable sensación de lo sublime, y extrema e irremedable tristeza.

Yo a veces sueño con Odie. Me la trajeron los Reyes Magos cuando tenía ocho años y leía como loca cómics de Garfield. Vivimos juntas durante quince inviernos, en los que descubrí cómo el silencio, las patas y la mirada de un perro son sagrados. Sueño que viene y me lame las manos, me despierta. Veo su carita canosa, agarro sus patas y las beso. Siento su pelo y escucho su cariño. Sueño que dormimos juntas, como cuando ella era un cachorro, y yo también.

A Claudia se le van los ojos cuando por la calle camina un pelaje negro y brillante sobre cuatro patas, o un travieso labrador del color de la leche con azúcar. Extraña a las niñas, a Gala y a Musa. Se intenta distraer para que el aire le seque las pestañas.

Ahora vivo con un perro. Y el perro vive conmigo, su perro. Ambas nos consolamos rascándonos por detrás de las orejas. Inventamos todos los días maneras perrunas para la otra. Nos saludamos “¡Hola, perro!”, “¿qué onda perrín?” . Todo mundo nos pregunta a Claudia y a mí la razón de tan “agresivo” apodo ¡si son tan amigas! Y nosotras, con paciencia canina, les respondemos que es una de las mejores cosas que se le pueden decir a una persona, sí: perro.

Y como perros, nos tenemos la una a la otra, para siempre. Y nos iremos a buscar con la cola en alto, sonrisa permanente. Y esperaremos a la otra en la puerta. Y cuando estemos juntas, brincaremos, brincaremos. Y haremos como que soñamos. Nosotras nada sabemos de kilómetros u horas. Nomás de querer, y estar.

¿Verdad, perrito?

¡A…TCHÚUU! Cof cof cof…

December 19, 2005


“La literatura es el reflejo, la parte no heroica de la humanidad. Las personas con salud de roble no piensan en escribir, hacen deporte, son actores de cine o ejecutivos muy prósperos. Para quienes en la economía de sus vidas vivir o sobrevivir es fundamental, para los enfermos, lo único posible es el pensamiento, la reflexión”.

Cierto, cierto, cierto. Cuando uno no hace más que ver a los otros niños jugar de lejitos porque los bronquios no le dan pa más, pues no queda más remedio que pensar, ensoñando. Celebro brevemente, en ese sentido, mi asmática existencia.

Hoy estoy muy enferma, muuuuy. Barcelona está cada vez más gandalla con el frío, y la verdad es que mi cuerpecito se rinde poco a poco. Mi voz gangosa y aguardientosa es lo único gracioso de la situación. Y bueno, también cierta contusión cráneoencefálica producida en circunstancias amistosas con cierto perro llamado Claudia y otros personajes secundarios; decía yo, cierta contusión en la cabezota me ha producido tal gama onírica tan fascinante de temas, colores y sonidos, que no les extrañe que los próximos mensajes de esta bitácora sean por el estilo. Ya lo veo venir…

Y bueno, junto a mis kleenex usados y mi azuloso ánimo yacen las sabias palabras al principio de esta nota… son del escritor jarocho (como el ratón Crispín) Sergio Pitol. Este maravilloso señor, ex-niño enfermizo, ganó el Premio Cervantes y el Instituto Nacional de Bellas Artes le ha hecho un homenaje en esta página. Paséense por ahí, que es un deleite.

Poeta V

December 11, 2005


… y es el quinto porque cumple cinco años de garabatearse electrónicamente (la imagen, por supuesto, pertenece a esa celebración que ha hecho su autor).

Como si de un mosaico para armar se tratara, como nuestro reflejo en un espejo en la noche, el poeta narra sus azules y sus largas caminatas. A veces se cruzan con las nuestras, y no hay nada como leernos en las generosas letras ajenas. Reconocernos en una voz extraña, pero cómplice.

Yo le leo desde que era otra, y aquí sigo, visitando el espejo y percibiendo que también refleja distinto. Les regalo también a Francesc Picas, para que caminen, se azuleen y se trocen en mosaicos benditos.

Que siguin molts anys més, Francesc! i que, tant de bo -ojalá- , mirall i reflex continuïn creixent, i malgrat això, continuïn reconeixent-se en detalls i memòries. Abraçades entranyables…

Poeta IV

El génesis de este deseo de convertirme en “escritora” está en, lo sé (y lo saben Freud y sus paranoicos colegas), en mis siete inocentes años. Acababan de comprarme toooodo el paquete escolar para iniciar las clases, y yo sólo pensaba en que quería y necesitaba un diario para escribir “mis cosas”. Extrañamente, mi petición fue tomada un poco a la ligera, o tal vez la expresé mientras todos estaban haciendo otra cosa, o no sé, pero no me hicieron caso. Ante tal situación, hice lo lógico: tomé uno de los cuadernos destinados a la escuela, lo hice más mío con calcomanías metálicas que brillaban como el arcoiris (¡vivan los años ochenta!), afilé la punta de un lápiz que escribiera fuerte fuerte, y comencé a garabatear la fecha de aquel día junto a mi nombre tembloroso y manchado de grafito.

Cuando en la escuela notaron que me faltaba un cuaderno, mis papás se enteraron. Entonces me compraron un hermoso diario en Plaza Galerías, un diario dorado con una geisha caminando sobre un puente, con páginas que describían la personalidad humana según la posición de las estrellas en el cielo el día de su nacimiento. Así empezaron mis dos ocupaciones fundamentales: narrar, comofuese, loquefuese, y leer sobre las cosas que parece que no existen, pero se sienten. Me convertí en una pequeña pesadilla: una niña que se enamoraba sin remedio -y para siempre, para siempre en silencio-, aficionada a los libros -sobre todo de ocultismo- y adicta al walkman. Los intrumentos han cambiado: un weblog, el tarot y un reproductor MP3, pero yo sigo siendo esencialmente la misma personita.

Recuerdo, sin embargo, un momento preciso en el que cambié el oficio de escritora por el de poeta. Tuve una maestra de Español hermosa, alta, ya madura, brillante, justo en esa época en la que es inevitable suspirar por absolutamente todo. Era tal la admiración que despertaba en toda la escuela que se corría el rumor de que en su juventud había sido Miss México. Un inolvidable día, respondiendo a quién sabe qué petición, se levantó resuelta de su asiento y nos dijo que guardáramos silencio con una voz distinta, como de suave súplica. Sus hermosos ojos verdes resplandecían como el agua al sol, las mejillas se le encendieron, y su serena voz adquirió una sonoridad inusitada y tonos tan variados como los de una canción desoladora. Todo sucedió mientras recitaba este poema de Rafael de León. Cuando terminó, limpió sus lágrimas perfectas y trató de seguir normalmente la clase sobre poesía. No fue la única. Yo limpié mis lágrimas imperfectas y me juré que no podía morirme sin antes haberme dolido tanto un recuerdo. Abracé a Charles Baudelaire con todas mis fuerzas, y me enamoré de Borges, Alfonsina y Kavafis antes de que mi bella profesora me los presentara. Cuando acabó el curso, me acarició el cabello como si éste fuera su esperanza.

Y ahora, Claudia me devolvió a Benedetti, María me llevó hasta Idea Vilariño, y mi vida se rodea de versos que sé leer en la boca de los perros, y todos los de junto. Ahora me duelen tanto los recuerdos y gozo tantísimo los nuevos días que siento que voy perfeccionando las lágrimas.

Éste es mi humilde intento de ser poeta. Y como ellos, les regalo mi sangre-tinta a ustedes que leen, personas-libro, amigos-verso, gente-pergamino. Todo lo que me duele y todo lo que me sonríe.

Poeta III

December 9, 2005

La Misión del Poeta.

Un Recuerdo que dejo

¿Sólo así he de irme?
¿Nada dejaré sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso venimos en vano a vivir,
a brotar sobre la tierra?
¡Dejemos al menos flores!
¡Dejemos al menos cantos!

Nezahualcóyotl, el Rey Poeta. Palabras que han viajado por la estela de viento que ha dejado el tiempo. El buen Neza, que dejó flores y dejó cantos en la tierra en la que nació mi abuelita.

El Poeta II


Los aztecas, esos bárbaros que sacaban corazones con cuchillos de obsidiana y se comían a sus enemigos, declaraban “libres del pago de pecho y tributo” a los tlacuilos, los escritores de entonces, “porque son escribanos de todo lo que ha pasado y lo que pasa, y dan a entender todo, son estimados porque componen y cantan todo lo pasado y lo que pasa y lo que creen, y saben sus historias y todo lo de sus creencias y son sabios en esto y muy tenidos…”

Manifiesto de los creadores, en Sogemitas, la web de los estudiantes de la Sociedad General de Escritores de México.

Poeta I

Ésta es la firma de uno de los cientos de artistas que colaboraron en la creación de los maravillosos templos de Al-Andalus. Detrás de cada uno de los bloques de yeso que componen la finísima decoración, se encuentra una especie de humilde tributo a aquellos que con las manos del cuerpo y las del alma, fabricaron suspiros en el futuro. Del siglo nueve al siglo veintiuno, en las trastiendas del tiempo y los paréntesis de las geografías, los poetas hacen puentes que se cruzan sin esfuerzo.

Alhambra

Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros
grata la música del zéjel
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un dios que está solo
grato el jazmín

Vano el alfarije ante las largas lanzas de los muchos
vano ser el mejor
grato sentir o presentir rey doliente
que tus dulzuras son adioses
que te será negada la llave
que la cruz del infiel borrará la luna
que la tarde que miras es la última

Jorge Luis Borges, Granada, 1976.

En Granada uno, de tanta poesía, se vuelve poeta. En el camino que lleva al palacio rojo los árboles han decidido resplandecer como oro, miel, luz. Los árboles bailan una canción bella y triste que les arranca pequeñas gotas como flechas. “Están lloviendo hojas”, dijo la musa Claudia. Ambas esperábamos pacientemente a que cada una de esas lágrimas nos rozara el hombro, el cabello, ese corazón que vive en los labios.

Y allá arriba, sin saber a dónde mirar, hipnotizadas por el sol que nunca derrite los blancos helados de la Sierra Nevada (”¡los volcanes!” se oyó exclamar en nuestras cabezas), en la fortaleza que habría de imponer a los infieles (infieles, infieles, infieles que osaron representarlo a Él con sus mismos rostros, infieles que conviertieron tantos sueños en piedra); ahí en la filigrana de las habitaciones encantadas sentimos aquella reverencia infinita por lo que somos capaces de crear en nombre de la reverencia misma…

Alhambra, sublime encaje bordado alrededor del nombre de Aquél, con el hilo de su dulce aliento, con la fragilidad de su fría, hermosa, inexplicable voluntad.

Se dice que es uno de los libros más grandes que se han escrito. En sus paredes puede leerse, y sentirse, la reverencia escrita en múltiples frases, poesías y alabanzas. Si quieren beberlos como leche y miel, aquí podrán encontrar algunos.

Tortillas

December 2, 2005

Ayer en la noche celebramos el cumpleaños de nuestro maravilloso amigo Alfonso. Como la ocasión lo ameritaba, preparamos pollo con mole y arroz rojo. Todo, claro, elaborado con los prácticos ingredientes contenidos en tetra bricks, bolsitas y latas que viajaron desde México hasta Barcelonita… no crean que nos pusimos a moler chiles, chocolate y demás…
De lo que sí nunca, nunca podemos escaparnos es de la labor de hacer tortillas. Las nuestras, las de maíz, las de los taquitos, tienen que nacer de una mezcla preciosa entre harina, agua tibia y buena mano pa revolver. Eso fue lo que a mí me tocó hacer ayer.

Mientras amasaba platicábamos en la cocina de todo y nada, yendo y viniendo del refri al sartén, de la despensa a la mesa. Allí, en ese pequeño mundo paralelo, se cuece siempre mucho más que guisos. Cuando comencé a preparar las bolitas de masa que después, al aplastarse, madurarán en señoras tortillas, me di cuenta de una cosa tremenda. Las líneas de la mano quedan grabadas en esa esferita de maíz. Yo estaba imprimiendo mi sinuoso destino en cada una de las tortillas que Alfonso, Claudia, María, Ale y Taka se comerían esa noche. Es más: yo misma me iba a echar una deliciosa mordida de mi propio futuro. Me pregunto qué significa llevar el mapa de la vida de otros en las células (porque allá se irá el maíz, a nutrir el cuerpecín).

Las tortillas se inflaron cuando comenzamos a calentarlas. Buena señal… Me gustó imaginar que se inflarían y saldrían volando a hacer como que son lunitas.

Y pues así fue: las líneas, aplastadas, se expanden e inundan toda la tortilla. Luego todos, salivando, nos hicimos taquitos de mole con pollo, mordimos sabrosamente ese alimento que parece luna hecha rollito, y nos la pasamos muy bien. Allá, en ellos, va una esperanza mía: mi futuro.

(¡Y si me comí la tortilla que hizo María, aquí traigo la suya!)