Sobre un Olallo, una radio Radioactiva y la libertad de expresión…

November 22, 2005

Quienes allá por los 1996-2004 escucharon Radioactivo (uno de los mejores proyectos radiofónicos en la historia de México) seguro recuerdan a Olallo Rubio. Si usted que lee no es mexicano y no tiene ni idea de quién diablos es este personaje, fabríquese un rato amable y conózcalo. Si hacen clic aquí, entrarán a la página desde la que pueden escuchar su Podcast.
Y si usted, además, perdido por los avatares tecnológicos, se pregunta ¡¿y qué chingados es un Podcast?! Bueno, aquí le va la definición de la Wikipedia:


Un podcast es un archivo de audio digital, normalmente en el popular formato mp3, que se coloca en internet para que otras personas tengan la posibilidad de bajar ese archivo y escuchar su contenido; o bien, es un “programa de radio sin radio”, algunos la llaman “la radio de la nueva era”, “la radio de la era digital”. Hay podcasts sobre diversos temas, sobre todo tecnológicos. Alguna gente prefiere usar un guión y otros hablan a capella y de forma improvisada. Algunos parecen un programa de radio, intercalando música, mientras que otros hacen podcasts más cortos y exclusivamente con voz.

Si no es suficiente y quiere saber más, pus dé clic aquí y entérese

¡Buena escucha!

Espero que me cuenten qué tal les parece la disertación olallesca sobre los medios de comunicación…

Con dedicatoria

Inspirada por varias luminosas reflexiones y respuestas de las hermosas mujeres que han expresado lo que piensan respecto al post Ya van varias…, podría decir “¡qué pinche mala suerte! me tengo que conformar con que a algún fulano le satisfagan mis caderotas y mi cara cachetona, sin importar todo lo maravillosa, brillante, sensible, etcétera, que pueda ser… ¡el mundo es un ASCO!”

Ejem, bueno, en lugar de eso (que bueno, no lo dije en realidad) cito un maravilloso fragmento del libro Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés:

El cuerpo es como la tierra. Es una tierra en sí mismo.
El pecho en todas sus formas desarrolla la función de sentir y alimentar. ¿Alimenta? ¿Siente? Entonces es un buen pecho.
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una satinada cuna de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son batangas para el cuerpo superior y el inferior, son pórticos, son un mullido cojín, asideros del amor, un lugar detrás del cual se pueden esconder los niños. Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos; son las poleas que nos ayudan a elevarnos, son un anillo para rodear al amante. No pueden ser demasiado esto o demasiado lo otro. Son lo que son.
En los cuerpos no hay ningún “tiene que ser”. Lo importante no es el tamaño, la forma o los años y ni siquiera el hecho de tener un par de cada cosa, pues algunos no lo tienen. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma, con lo salvaje. ¿Es feliz y está alegre? ¿Puede moverse a su manera, bailar, menearse, oscilar, empujar? Es lo único que importa.

eso es lo que tengo…
poemas
grandes muslos
pequeñas tetas
y

muchísimo amor.

Yo siento, y pienso, y vuelvo a sentir, que si yo fuera un chico (o una chica con buenos gustos), estaría encantado de sumergirme en una Karla, una Claudia, una Alejandra, una Anabell, una Amelia, una María… Porque sean muchos o discretos los pechos, abundantes piernotas o vientres curveados, cada una es como un templo en el que adorar a la vida en jardines, manantiales, salones llenos de manjares y melodías.

Así es: brindo, desde aquí, por la belleza de mis amigas (ustedes perdonarán que brinde con gaseosa, ustedes alcen sus copas con lo que más les guste).

¡Salud!