Ya van varias…
…mujeres brillantes, hermosas, plenas, a las que veo llorar porque les duele un hueco. El hueco es enorme y parece que la cura es llenarlo con lágrimas, o con tristeza, o con eternas tardes de sueño cálido.
Mujeres enteras, independientes, fuertotas, con el futuro trazado en los pies. Y aún así, son como niñas que siguen creyendo en la posibilidad de un cuento, en la irresistible fábula del amor. Princesas guerreras, que salvan sus propios reinos y a las que, además, les sobra tiempo para ayudar a su amado a ponerse la armadura y despedirle con un beso de cuento para adultos. El inquieto caballero, por alguna cruel, sobrenatural, inexplicable razón, se aburre. Prefiere la compañía más simple de las princesas-ornato, que calladitas están más bonitas (pues la mayoría no sabe ni siquiera qué significa la palabra ornato). Le dicen a nuestra protagonista “pues fíjate que siempre no”, y se sienten mucho más seguros si la chica posterior no los supera ni tantito.
¿Qué (chingaos) pasa? ¿Por qué cada vez es más frecuente este tipo de hombre-pesadilla? O, peor aún, ¿por qué las mujeres, como comiendo dulces a escondidas, seguimos albergando la esperanza de que esos sueñitos se hagan realidad? En fin… chale. ¿Ustedes qué piensan? ¿algún hombre que defienda a su género… por favor?
Un abrazo para todas aquellas princesas. Porque esa parte de la historia sí que es cierta: somos hermosas, princesas.
(Recomendación musical para este tema: 5 years), de Björk.)

¿Qué pasa con las princesas?, preguntas. Pues creo que lo que pasa es que no acaban de creerse que lo son, a pesar de lo que digan familiares y amigos. Creen necesitar al caballero para que la condición de princesa se valide, pues en los cuentos no hay princesa que no necesite rescates y palacios compartidos.
Entonces, llega el buhonero charlatán, se echa encima un par de triques oxidados, se presenta como el caballero capaz de acompañar a la princesa en sus andanzas y de seguirle el paso en sus aventuras; y resulta que no puede, que no tiene el temple para recorrer los caminos espinosos en los que suele meterse, y que prefiere vulgarizarla antes que volverse un caballero real.
¿qué sigue en la historia? pues pueden pasar los múltiples matices de dos opciones diferentes: o la princesa se deja cortar las alas y abandona los castillos en el aire, o, con todo el dolor que causa una equivocación, se aleja, levanta la mirada y comienza a reunir de nuevo las nubes necesarias para ampliar el ala oeste del castillo a medio terminar. Veo que esa última ha sido tu elección, y por eso celebro tu existencia con un brindis de ambrosías vaporosas.
Comment by LaCervezaClara — October 30, 2005 @ 12:50 am
Ornato: un adorno, atavío o aparato. Un accesorio que nos deja fuera a quienes, sin ser físicamentes bellas, damos todo por ellos…
Comment by Afet — November 14, 2005 @ 2:18 pm
¡¿”sin ser físicamente bellas” ?! No… quizá hay que tener los ojos buenos para no ir detrás de los ornatos cual cuervos, y ver todo lo otro que (físico, o no)no es oro chillón que ostenta, sino finas piedras preciosas que brillan bajo la luz adecuada. Yo admiro cómo brillas tú.
Comment by Gabriela Damián — November 25, 2005 @ 9:29 am