Ne pas déranger Do not disturb No molestar

February 4, 2010


Imagen de Laura Park

Tiene unas cuantas semanas que los pichoncillos se fueron a vivir su vida de palomos. Pensé que algo pasaría conmigo cuando se fueran, y en realidad no pasó nada.

Ahora han venido otras palomas que hacen ruidos casi siniestros afuera de la ventana donde escribo. Poe se ha puesto muy nervioso porque son invisibles. Desde esta habitación sólo pueden oírse sus arrullos y aleteos, pero no podemos verles porque la ventana está tapiada. Han venido a refugiarse de la lluvia.

Hubo una época de mi vida en que escribía todos los domingos, de nueve a doce del día, cuentitos. Escribía a la luz del sol cuernavacoso, sobre una sillita mínima, incómoda, encima de un escritorio que no era escritorio y con un gato rondándome los pies. Eran cuentos para niños, llenos de chiclosos, globos, paisajes imposibles y abuelos felices. Aún faltaba penar por muchos dolores que luego vendrían, por lo que yo era inocente y confiada de tantas cosas. Lo sigo siendo, pero no como entonces. Extraño poder escribir cuentos sobre refris o el recreo. Hay una gravedad y una intensidad extraña en las cosas que pienso y hasta en lo que escribo. Soy, según ustedes, queridos lectores, una chica agradable, pero a veces me pesa mi propia compañía.

No sé si es la pinchura (sí, de pinche) del día lluvioso, o el viento demente, o que febrero y su anuncio lento de marzo me ponen siempre así, pero ahora todo me parece tan difícil, tan frío, tan tonto, que me siento incapaz para ciertos aspectos de la vida de este mundo. Tengo ideas geniales que dan subidones en mi torrente sanguíneo como una borrachera de azúcar, y con la misma intensidad bajan hasta convertirse en reproches que me lanzo a mí misma sin piedad alguna. “Pero ¿cómo se te ocurre?”, me digo. Pues no lo sé.

Cuelgo el letrero de esta frase amablemente hostil en la puerta de mi pecho angosto: Favor de no molestar. Recuerdo que en casa de mis abuelos era un letrero que a la vez eran muchos, placas de madera con la inscripción en distintos idiomas. Oh, hasta en ruso, cómo me gustaría hablarme a mí misma en ruso.

Los que se quedan fuera de aquella puerta de frontera solicitada piensan siempre que dentro ocurre algo interesante. La verdad es que lo me ocurre tiene pinta de ser una babosada de estertores invernales nada interesantes para nadie. Así que sigan, que yo estoy detrás de la neblina. Con la esperanza (ah, sí: muere al último, dicen) de que disipe, para ver los colores en las burbujas de jabón.

Sí, ya sé, ya sé.

Nostalgia por las mujeres que no fui

January 9, 2010

(…”Ni seré”, como dijo Don Teofilito)

El de arriba fue el título de un post que comencé a escribir hace justo un año, cuando cumplí 30, y que comenzaba así:


Hoy es mi cumpleaños. Nací hace tres décadas. Treinta años. No lo puedo creer. Todavía el lunes me desvelé esperando a los Santosreyes. Me hacen llorar los días soleados, los globos de colores en el cielo, la risa de algunas personas. Sufro de melancolía. No estoy hecha para soportar todo lo que el mundo ofrece. De haber nacido en el siglo XIX, ya estaría muerta largo tiempo ha. Habría muerto de niña, por jugar con la nieve. O a los veintiuno, por vivir la bohême. O a los veintisiete, de parto.Y sí, estoy en el umbral de la treintena y no soy nada de lo que creí cuando era niña. Pensé que sería científica, millonaria y guapísssima.

Después continúa con una serie de asuntos que no estaban tan padres. Pero la idea era buena. El borrador termina con el propósito de hacer un pequeño réquiem por todas aquellas mujeres que probablemente estaba destinada a ser y que, bueno, nunca cuajaron (imagino versiones de mí misma en arcilla, maíz o porcelana, rotas, derretidas o con ojos bizcos, como aquella leyenda del origen de la humanidad). Así que ahora, un año después, lo completo con harto gusto:

Claro que quise ser rubia. Sucedió cuando tenía 9 años y leí -por morbosa- la biografía de Marilyn Monroe en un libro enorme y lleno de fotografías que era de mi mamá. Pero esa rubia: la ingenua, dulce y trágica. La de sonrisa indeterminada y medio triste a pesar de sus muchos vestidos de sirena. Nunca más ninguna otra.

Claro que quise ser la buena chica. La que usa ropa perfectamente planchada y anota todos sus gastos, la que hace todo a su hora, en el momento adecuado, la que no se equivoca. La que se lava los dientes en el baño de la oficina después de cada comida.

Por supuesto que quise ser la suicida en vestido vaporoso. Es tan siglo XIX…

Pude haber sido la que se quedó felizmente en Barcelona.

Pude haber sido la que se casó con el equivocado y tuvo el bebé correcto. Una madre preocupona y chillosa que le pondría suavizante de más a la ropa.

Pude haber sido la tremenda equivocación de alguien. O lo fui, quizá.

Nunca, sin embargo, pensé en ser la poeta-cool-flaca-Anaïsninsesca. Preferiría, en todo caso y por mucho, ser feminista gorda y peluda.

Un día pensé en ser monja. No: mística.

Aún me gustaría ser una femme fatale, pero ya quedamos en que me da mucha risa la mera idea de intentarlo.

Me habría gustado ser, sobre todo, una buena hija. Una buena hermana.

Y siempre quise ser la que escribe. Amar y procurar a la gente que oh, fortuna, me ama también. Siempre ser la que aún de lejos se ve infinitamente agradecida con esto que es tiempo y pasa y se respira, siempre quise ser la que soy. Ésa es, supongo, una de las cosas que se descubren a los 31 años. Con mucha suerte y buena compañía, como la he tenido yo.

No tengo más que gratitud para con los años y con ustedes, que no me dejaron ser ningún incierto ensayo. Ustedes, que moldearon mi corazón con sus dedos, y me hacen ser ésta que los ama.

(Gracias a Elssie por la foto. Y a la Cerve, claro)

Invierno

December 22, 2009

Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.

Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.

Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.

La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.

Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.

-Pablo Neruda, Jardín de Invierno.

La verdad es que yo no lo digo mejor. No digo mejor que el frío se cuela hasta en las horas más felices, que la certeza de la muerte es blanca, que el único calor posible en el invierno es el que nos obsequia el otro y su mirada, que el secreto del viento helado es que tiene la cola repleta de flores amarillas. No sé decir mejor, apenas estoy aprendiendo a decir. Supongo que es parte del sueño del invierno, esa bendita muerte bordada en nieve que me llena de esperanza.

Un nacimiento sin borregos

December 8, 2009

Resulta que se turnan. Que el padre llega haciendo ¡KRÚU! para relevar a la madre, que fueron veinte días de temer a Poe, de esponjarse por el frío, de mirarnos de ladito. Y ya nacieron. No hacen ruido, y ese ente unidiviso que para mí son sus padres, me miran ahora de forma distinta, como en la foto.

En treinta días estarán completamente emplumados, en unos cuarenta empezarán a volar y regresarán de cuando en cuando al lugar en que nacieron, porque nuestro balcón será su referencia para no perderse en este mundo.

Reina dijo “Cómo es la vida. Los animales nacen solitos”. La vida se abre camino pese a que hay espinas, apuestas imbéciles, balas que matan a Johnnes Lennons.

Para mí el corte en el aire de las alas, el espacio lleno de sus hilajos blancos, sus insistentes arrullos, son un nacimiento vivo, sagrado, sin virgen despanzonada y niñodiós rubio. Para mí esa es la fe, y no jaladas.

El día que los pichones vieron la luz de nuestros focos, mi cabeza volvió a proyectarme películas mientras dormí, mis dedos se desengarrotaron y han vuelto a salirme cuentos de las uñas y las fosas nasales. Cuentos emplumados y friolentos, indefensos, como sus hermanos de pico y alas que, espero, sean bienvenidos en el cielo de esta ciudad. Crecerán juntos, o al menos, eso intentaré.

Buena suerte, y sean dichosos, pequeñitos.

Cucu-tú

November 18, 2009

Pasé un par de días sola en la casa, sin la indiferencia cariñosa de Poe ni los pasos imparables de Doña Laura. Sí, Poe estaba de vacaciones en Cuernavaca, y allá fui a alcanzarlo, y dejamos sola esta casita que con el casinvierno se pone tiesa y fría como un refrigerador de madera. No hubo silencio, sin embargo. Esos días me acompañaba el intenso arrullo de las palomas.

Generalmente huyen del gato que gobierna esta casa, o de los vecinos que planean envenenarlas so imbécil pretexto de que sus cacas dañan la pintura de los coches (”¡las ratas del aire!”, diría El Gañán), pero ahora se apostaron en nuestro balcón. Eran dos, las estuve viendo. Se arrullaban la una a la otra, esponjaban sus plumas y se sentaban al borde viendo pasar a los coches con esa calma nerviosa de los pájaros. Una de ellas me miró varias veces con su ojo único, que da igual si es el izquierdo o el derecho. Imagino que en ese momento simplemente supo que yo no les haría nada.

Volvimos, volvió Poe, hicimos bromas sobre la toma del balcón por El Imperio de las Palomas, el gato bostezó frente al ventanal, dormimos.

Por la mañana, mientras yo me dedicaba a ignorar al mundo frente a la pantalla, Poe a olisquear el agua congelada de su trasto, y mi madre a recriminarme que ignorara al mundo frente a una pantalla, Reina (ya le dedicaré a Reina un largo post, porque se lo merece) entró felizmente del balcón hacia la sala sosteniendo un huevo pequeño y perlado como un dulce. Un huevo de paloma.

No sé bien cómo estuvo, algo dijeron de los cocolitos y los gusanos, un par de risas, el sonido del teléfono, el ruido de la bolsa de basura en la que Reina ya estaba depositando eso que no era nuestro, sino de dos desconocidos que miran y que vuelan.

(En Cuernavaca, hace un par de meses, unos pajaritos empezaron a hacer su nido en nuestro balcón, pero después de dejar un reguero de ramitas y el recuerdo de sus charlas, se arrepintieron. Poe los esperaba cada tarde con temor, era temor y dulzura, podría jurarlo).

Pues eso, no sé bien cómo estuvo, pero enloquecí. Dije no, no, no, mil veces, Reina se encogió de hombros y me dio el huevo, advirtiéndome que aquello no era conveniente, que yo debía tirarlo por tal y tal y tal… Seguí diciendo no, ella señaló el lugar exacto del nido (un pedazo de tierra en nuestra jardinera, entre horribles cactus que yo no planté, casi todos muertos), y mis dedos fríos lo pusieron en su sitio, y Poe, subido ya en la jardinera, entendiendo cada una de las cosas que pasaban, también me miró, y bajó la cabeza, y volvió al interior de la casa como aquel que sufre ante las causas perdidas.

Esos dos pájaros en un cielo lleno de pestilencia y cables mortíferos, acunando el huevo entre espinas, me pareció un maldito milagro. Yo no voy a negárselos.

(Encontré la imagen aquí)

Gracias a todos

November 17, 2009

Muchas gracias, a todos y cada uno, por sus cielos. Ha sido muy muy bonito recibirlos, de veras de veritas.

Estoy (todavía) ideando cómo organizar las aportaciones que ustedes, queridos Ene (n) lectores (felizmente suelen ser más de los que pensaba), tuvieron a bien postear aquí o en Facebook, pero soy lenta lenta, eso ya se sabe. De cualquier forma, es una promesa, y aquí queda.

Mientras tanto, les dejo el equivalente de la NASA al tradicional cuento para cada día: The Astronomy Picture of the day.

Describa el cielo

October 19, 2009

El Perrito, que (no me canso de decirlo), tiene olfato para hallar bellezas, me mandó este tesoro de blog, dedicado a reunir cartas, sólo cartas, tinta estampada en papel por el golpe de una máquina, o trazada por una mano que deseaba alcanzar a otro, lejano, inasible. Una de esas cartas propone algo que me parece muy lindo:

La traducción es, más o menos, la siguiente (respetando la ausencia de mayúsculas):

buenos días

usted está invitado cordialmente a participar de el correo del cielo (primer evento). el correo del cielo es un evento artístico en el que selectos artistas de diferentes campos han sido invitados a describir el cielo.

apreciaría enormemente si usted se tomara el tiempo para llenar la tarjeta adjunta y dejarla en algún buzón de correos (el envío ha sido prepagado).

actualmente estoy en la búsqueda de un lugar apropiado para llevar a cabo el evento. usted será informado de la fecha y el lugar de la exhibición.

muchas gracias.

disfrute el cielo.

j c jaymes
coordinador: correo del cielo (primer evento)

El proyecto circuló en aire, mar y tierra más o menos entre 1974 y 1978. Recibió muchas respuestas, algunas de ellas de personajes como Isaac Asimov o John Cage (pueden verlas aquí).

Encontrarme con esto fue una de esas epifanías, o acuerdos, o puntualidades encantadoras del azar, pues resulta que llevo varios días mirando hacia arriba (los ojos entrecerrados, la boca abierta) tratando de descubrir un par de líneas que dibujen al cielo tan claramente como los personajes blancos y mullidos que desfilan por él en la desgajada forma de las nubes: cangrejos sonrientes, mariposas gigantescas, máscaras de conejo. Y luego digo al teléfono “Estoy viendo una nube que tiene forma de cangrejo”, y eso es todo. Es mi torpe intento de condensar la maravilla, de enviar una postal contestando la amable solicitud: “Describa el cielo”.

La verdad es que los días de aislamiento forzoso (este cuerpo traicionero, estos bonsáis que se hinchan en mis pulmones) me han puesto nostálgica respecto al aire, el firmamento, el vuelo de los pájaros. Así que me gustaría invitarlos a ustedes, cuatro (4) queridos lectores, a que hicieran lo mismo en el espacio para comentar que ofrece este castillito. No se preocupen ni por la forma ni la extensión, todo será bienvenido en estas paredes translúcidas, desde las que podemos ver el motivo de nuestra intriga. Dejen sus propuestas (o si hacen dibujitos u otras monadas envíenlas a lachicadelsiglopasado@yahoo.com.mx) y ayúdenme a reconstruirlo aquí dentro. ¿Sí?

Porque estoy segura de que mi sola palabra no vale. De que ese misterio último, esas gotas mínimas suspendidas en un negro encaje, este manso monstruo azulado que nos guarda, se teje, de alba a crepúsculo, con el tibio vapor de nuestros alientos.

Los espero.

Feliz cumpleaños, castillito de naipes

September 30, 2009

Una gota de ópalo por encima de la oreja fotografiado en la mejor de las circunstancias: mientras me quieren. La guirnalda, la foto, la mañana, todo tejido entre la mirada de Ale y las manos de Elssie disparando al objetivo.

A través de estas paredes translúcidas se me han obsequiado cosas grandes y poderosas por las que estamos (sí, las paredes y yo) conmovidas y agradecidas.
Quiero seguir mereciendo el amor que parece tenerme el correr de los días, pero ¿cómo?

Supongo que escribiendo, como cada año pasado, entre muchas otros méritos que ya iré descubriendo cómo atrapar.

Y pues eso, acá siguen los valses al revés, el salón de espejos, la lavadora que viaja en el tiempo y el jardín de las estaciones simultáneas. Gracias por visitar y llenar de cariño este lugar, que a veces puede ser un buen lugar.

(Y gracias, mis hermosas chicas raras de la escuela)

Noche autumnal (Equinoccio de otoño)

September 22, 2009

Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.

No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.

Día de otoño, Rainer María Rilke.

Cuestionario Proust

Tenía como ocho borradores de ocho Cuestionarios Proust distintos (esa clase de test decimonónico que nomás no pasa de moda), pero como rito de paso de la treintena (y de los cuatro años que a punto está de cumplir este castillito de naipes) creo que está bueno decidirme por un par de respuestas (no puedo contestar con la unicidad que se pide, lo siento…). Disculpen también lo largo que me quedó, pero hice un ejercicio de síntesis entre las muchas versiones que circulan por ahí, pues se supone que Marcel Proust lo contestó y divulgó varias veces a lo largo de su vida, como un buen ejercicio de autoconocimiento. Lo bonito de esto es que sin querer uno va dando sus propias respuestas mientras lee el de los otros. Así que convidados quedan a re-conocerse también. Pasen el chismógrafo, y envíenlo de vuelta.

¿El rasgo principal de su carácter?
“Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”.

¿Un defecto que no puede dominar?
La falta de atención y preocupación para ciertas cosas.

¿Se considera buena persona?
Sí. Las hay mucho mejores, claro.

¿Por quién se cambiaría?
Ay, por naiden.

¿Ocupación favorita?
Leer, conversar, escribir. Comer.

¿Cuál es su precio?
Exijo ser tratada con la misma cortesía con que trato a los demás.

¿Con qué error humano se muestra más indulgente?
Con la pereza tipo “cobijita”, o la ingenuidad que raya en la tontería (será que adolezco de ambas).

¿Ante qué es intolerante?
Ante la petulancia y la crueldad.

¿Qué despierta su ira?
El cinismo.

¿De quién siente envidia?
Quizá de todo ser vivo que traga sabrosamente sin engordar o que no tiene problemas respiratorios.

¿Por qué sería capaz de matar?
Por evitarle cualquier clase de dolor a Los Seres Queridos.

¿Qué cualidad prefiere en los seres humanos?
La bondad, el sentido del humor. La sensibilidad.

¿Cuál es su palabra favorita?
Relicario. Acuerdo. Mar. Es que hay tantas…

¿Alguna obra de arte le parece insuperable?
¿Por qué tiene que ser una competencia? En todo caso, creo que sí las hay incomparables. E irrepetibles, como los valses de Chopin.

¿Cuál es su máxima en el trabajo?
Si no te apasiona, nunca estará bien hecho. Pero eso es porque considero a la escritura mi trabajo.

¿Qué cree aportar profesionalmente?
No lo sé. Una visión más del mundo, supongo.

¿Qué obra de arte le ha impresionado?
*CLICHÉ ALERT* Una lagrimita se me salió cuando vi la escultura del David. Es un hechizo. Hay una pintura que se llama En écoutant de Schumann. El Homme gros, que me sorpendió en una esquina. Invariablemente lloro con Beethoven, y con muchas películas.

¿Conoce algún diseño perfecto?
Sí: los gatos.

¿Dónde le gustaría vivir?
En una casa con muchos fantasmas buena onda.

¿Música favorita?
Cambia constantemente. Ahorita me encantan Little Dragon, Harry Belafonte y Grizzly Bear. Pero hay algunos que nunca me abandonan, como los Beatles, Björk o Ravel.

Un color:
El color inconstante del ópalo, hecho de muchos otros.

Un poeta:
Idea Vilariño.

Flor favorita:
Para ver, la del cerezo o el durazno. Para oler, las rosas y el hueledenoche.

Algo hermoso:
La neblina. Un vestido bordado.

Un héroe:
Heroína: Hypatia de Alejandría, cuyo nombre debería repetirse una y otra vez hasta iluminar su horrorosa muerte.

¿Cuál es su asignatura pendiente?
¿Asignatura académica? Acabar mi fodongo francés :S
Asignatura vital: Ordenar mis estados de cuenta y mis papeles -salvajes-.

¿Cree en la eternidad del alma?
Me gustaría mucho poder hacerlo, pero aún no estoy segura. Creo en la eternidad de la vida, en que si me entierran bajo un árbol, me fundiré con él, y con todo lo demás.

¿Cómo le gustaría morir?
Si no se me concede morir dormida, entonces me gustaría poder decidir el cuándo y el cómo.

Estado actual de su espíritu:
A decir de Don Pedro Vargas, “muy agradecido, muy agradecido”.

¿Cuál es su idea de la felicidad?
Un día estaba en la terraza del centro de esta ciudad comiendo un puré de papa delicioso y viendo el cielo. En eso tembló, y sentí muy cercana la felicidad perfecta. Pero ahora mi idea ha cambiado: tendría que añadir la compañía y el bienestar de Los Seres Queridos.

¿Cuál es su miedo más grande?
La muerte o el dolor de la gente que amo. La pérdida. Un ataque de asma fatal y definitivo, la caída de las facultades. Que cualquiera de estas cosas nos suceda antes de tiempo.

¿Cuál es el rasgo que más deplora de usted mismo?
Hay varios, pero detesto la parte que es capaz de hacerle daño a los otros. Y ésa que me empobrece constantemente.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?
Creer que puedo (muchas cosas contenidas dentro de ese “puedo”).

¿Cuál considera que es actualmente la virtud más sobrevalorada?
Ser súper exitoso, güey.

¿Qué es lo que más le disgusta de su apariencia?
Su repentina volubilidad. Nunca soy la misma, como los perros que ve Funes el Memorioso.

¿Cuáles son las palabras que más usa?
Las expresiones “¡Oh, qué bonito!”, “úchalas”, “me asombra…”

¿Qué es de lo que más se arrepiente?
De todo lo que no hice.

¿Cuál considera que es su estado actual de ánimo?
Pues nublado pero bochornoso.

¿Cuál es su posesión más preciada?
Libros, música, fotografías, libretas de apuntes. Algunas de ellas fueron robadas, pero dulcemente repuestas con lo que va llegando. Y un alhajero, hecho por mi abuelita, y cuyo perfume permanente es un misterio.

¿Cuál considera que es la peor miseria?
Saber de la miseria del otro, no hacer nada y regodearse en ella.

¿Con qué personaje histórico se identifica?
Siento una debilidad particular por los personajes anónimos, en especial, las mujeres del siglo XIX que se fueron a explorar el África o que escribían a escondidas.

¿Cuál es la cualidad que más le gusta de una mujer?
La complicidad, la ternura, la inteligencia.

¿Y en un hombre?
La complicidad, la ternura, la inteligencia :D .

¿Quién es su héroe de ficción?
Hay tantos… Pero anda entre Bastián Baltasar Bux, Johnathan Strange o Fújur, el dragón de la suerte.

¿Qué apodos ha tenido?
Nessie, Perrito, Cerve, Guack, Godzilla, Sayaka, OBJ, Gaborín.

¿Cuál es el rasgo de personalidad que menos le gusta de un hombre?El chantaje, la imposición, la hipocresía.

¿Y de una mujer?
Ídem. Y la pugna con las demás: su machismo invisible.

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?
El y Los Seres Queridos, que se saben muy bien queridos.

¿Cuándo miente?
Cuando hay que soportar a alguien muy pesado y darle el avión. No sé por qué esa clase de personajes me dan mucha lástima, a costa mía.

¿Qué no perdonaría?
*CLICHÉ ALERT* La traición. Eso y que se acaben algo delicioso sin darme a probar.

¿Cuál es su idea de la fidelidad?
Más que una idea, es como una sensación. Puede existir o no, y la sensación puede estar completamente alejada de la realidad. Pero de ella depende la fortaleza de un vínculo, así que…

¿Para usted qué es un buen insulto?
Una verdad dolorosa dicha a la cara, bien merecida de escuchar.

¿Qué le hace reír?
Yo misma, para empezar. Y digamos que infinidad de cosas, excepto lo evidentemente cruel.

¿Qué te hace llorar?
Casi todo, mirado bajo la luz adecuada.

¿Cuál es su idea de la muerte?
Wolf Erlbruch escribió en La gran Pregunta (¿por qué estamos aquí?) que la Muerte responde diciendo: “Estás aquí para disfrutar la vida”. Me gusta pensar que su inminencia le da sentido a todo.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?
Haber hecho que Doña Paulina se la pasara bien los últimos años de su vida. Lograr que mis niñas del taller lean.

¿Dónde y cuándo es feliz?
Creo que en todo momento. Y cuando siento que no es así, me gusta pensar que alguna tarde, cuando recuerde ese instante, me diré “ahí también fui feliz”.